Día 1.480 de eRepublik
Por fin tengo la completa seguridad de que esta crónica que
escribo llegará a su destino, y es que ya estoy en tierra firme, en Canarias,
donde se habla español, aunque muy raro, entre italiano y froidiano
egocéntrico… un acento indescriptible, un hablar lleno de aforismos
psiquiátricos combinados con rudimentos de psicoanálisis, términos
futbolísticos y altibajos itálicos en la entonación, algo muy extraño que
parece que incluso origina que el preguntar por una calle sea motivo de un
discurso centrado en el preguntado más que en la respuesta en sí… ¡Joder! ¡Estamos rodeados de
argentinos! ¿No estamos en Canarias entonces?
¿Estamos
en Canarias? ¿Tan cambiado está el conejo al salmorejo, el mojo picón y
Timanfaya que parecen parrilladas, salsa chimichurri y La Pampa?
Me estoy
adelantando, comencemos por el principio, desde el momento en que Lantanique y
este servidor de ustedes y Johnny Walker decidieron que era el momento de
plantearse seriamente el volver a la civilización, de escapar de la isla a la
que habíamos llegado tras ser derribados en nuestra huida de eBrasil (os
recomiendo leer mis anteriores crónicas, quedaréis plenamente desinformados con
total subjetividad).
La firme
decisión de hacernos a la mar como pudiésemos era la única opción lógica que
nos quedaba, todo nos había llevado a ese callejón sin salida. Repasemos. Los
convoyes de suministros y tropas argentinas en dirección a eEspaña no paraban
de naufragar debido al desmesurado peso de su carga de E.G.O. (Explosivos
Geoestratégicos anti Orto), con el peligro que conllevaba encontrar las cajas
de E.G.O. en la playa a punto de estallar, que sembrarían nuestras cabezas de
diatribas y discursos hasta rompernos ciertos esfínteres tras horas de
autocomplacientes argumentos sobre superioridad y otras leches.
Barco
argentino abocado al naufragio debido al desmesurado peso del E.G.O que
trasporta (Explosivo Geoestratégico anti Orto, es muy pesado, 1 gramo de este
explosivo equivale aproximadamente a 1,5
Toneladas de otro normal).
Los
plátanos que a la deriva habían llegado a la isla, es decir, la munición
brasileña que habían perdido en su retirada de Canarias ya se había agotado,
habían sido casi nuestro único alimento, y ahora sólo nos quedaba la pesca, que
yo probaba con desigual fortuna pues mi técnica a botellazos es aún un arte
semidesconocido que no domino. Lantanique se daba mejores trazas pescando, pues
su empeño de fabricarse una caña, ponerle un hilo de liana, una especie de
gancho afilado hecho a partir de una horquilla y clavar un bicho en él daba
asombrosos buenos resultados. Pero hasta esto se acabó, pues las sucesivas
explosiones de cajas de E.G.O. a la deriva dejaron los alrededores de la isla
sin pez alguno que se atreviese a vivir por allí.
Estragos
de la guerra, delito medioambiental argentino por el descontrol de su propio
E.G.O. (Explosivo Geoestratégico anti Orto, no lo olvidemos), que afecta tanto
a humanos, a vida animal e incluso a argentinos.
Tan
hambrientos estábamos que llegué incluso a pensar en devorar a Lantanique de un
modo diferente a como pensaba hacerlo hasta ese momento, y eso me deprimió, ya
que mi madre siempre me decía que no jugase con la comida y el recuerdo me hizo
sentir añoranza por eEspaña.
Mis nulos conocimientos
sobre diseño naval y el que Lantanique me ignorase casi más que al principio,
que es mucho decir, originó que me pusiese al mando del proyecto “Vamonos pa
casa, que es tarde, tengo hambre y no voy a mojar”, que también me hizo echar
mucho de menos el suelo patrio… sobre todo los sábados de desenfreno nocturno.
Manos a la
obra, viendo el incesante flujo de basura que llegaba a la playa con tanto
naufragio argentino, me propuse diseñar un barco con aquellos materiales, un
barco seguro, muy marinero y que nos pudiese llevar con todas las comodidades
hasta eEspaña, por lo que con un palito y esa gran pizarra que es la playa me
puse a hacer cálculos y a dibujar los planos de mi obra maestra náutica.
Proyecto VPCQETTHYNVAM
(Vamonos Pa Casa Que Es Tarde,
Tengo Hambre Y No Voy A Mojar), consistente en construir un barco con las
botellas de plástico y demás basuras que el mar dejaba en la playa.
Por
desgracia el refranero popular es sabio, y muy cierto es que “Del dicho al
hecho hay mucho trecho”, por lo que varios incesantes días de trabajo, con mi
torso desnudo y sudoroso cual Robinson Crusoe cargado de testosterona, en los
que Lantanique me observó con curiosidad pero nulo deseo, sólo me llevó a una
embarcación para dos personas y poco más, pero al menos flotaba.
Resultado
final del Proyecto VPCQETTHYNVAM, rebautizado como Proyecto LSMFQNV (Lantanique
Subete Mientras Flota Que Nos Vamos).
La travesía
prometía, pues al no haber mucho espacio Lantanique no tuvo más remedio que
estar cerca de mí, además los cocos que cargamos habían dejado de ser su
munición para alejarme de sus turgencias y ahora eran tan sólo provisiones, no
obstante hubo algún intento de hacerme dormir por las noches en el mar, pero
comprendió que si me ahogaba sería ella la única para remar, por lo que
finalmente se resignó a que mi varonil presencia estuviese cerca de ella incluso
cuando dormía y se sentía indefensa a mis encantos. Mi lívido en verdad no tuvo
mucho que hacer en los siguientes días, pues dormir atado imposibilita mucho
hacerse valer y los sucesivos acontecimientos no ayudaban mucho a concentrase
en instinto alguno diferente al de supervivencia.
Llevaríamos
una semana de navegación o así, el moreno de Lantanique le daba un resplandor
broncíneo a sus curvas que me hacían querer convertirme en sal para estar en
sus recovecos curviles, y su mirada de deseo camuflada en odio me hizo apartar
la vista de sus apéndices pares para casualmente ver algo que inequívocamente
no era bueno: un periscopio.
Por un
momento llegué a pensar que la legión habitual de pagafantas de Lantanique
había fletado un submarino y habían logrado encontrar a su eDiosa, pero luego
reflexioné y me di cuenta que mis deducciones tenían un par de inconsistencias:
La primera era que un pagafantas suele ser un ser pobre como una rata que todo
se lo gasta en Fanta, la segunda inconsistencia era aún más evidente que la
primera y era simplemente que llevábamos una semana a pleno sol y mi sesera
recocida no era de fiar.
Las dudas
sobre mi salud mental pronto tuvieron respuesta pues el submarino emergió casi
haciéndonos zozobrar, y no fue agradable lo que vi, pues no eran ni argentino
ni brasileños, era mucho peor: Eran Admins.
Submarino
de vigilancia admin de la GestapoeRepublik… y yo que creía que no se podían
mojar como los Gremlins y resulta que me los encuentro hasta en el Atlántico…
eDios me odia.
Con la
soberbia propia de esta gente, sin mediar aviso o instrucción alguna, nos
abordaron, registraron lo poco que había que registrar, que era básicamente a
Lantanique (que cerdos, que envidia) e informaron a su Admincapitán de que no
había ningún artículo que sancionar, que estábamos libres de prensa o de
cualquier posibilidad de chocopunteo. Con odio en sus ojos el Admincapitán me
miró, observó a Lantanique unos segundos más de lo debido, y ordenó con un
gesto que nos dejasen ir. Sin apenas tiempo para apartarnos de las turbulentas
aguas que dejaron en su marcha comenzamos a respirar tranquilos, y cuando me
disponía a proponer a mi compañera de fatigas que debíamos celebrar el estar
aún vivos con horizontalidad marítima, noté un extraño tirón que casi me hace
caer por la borda. Lantanique, agarrándome para no caer, miró asustada hacia el
submarino, que avanzaba sin sumergirse gracias a eDios, y que accidentalmente
se había enganchado a una de las lianas que mantenían unidas las botellas de la
embarcación. Durante horas rezamos para que no hubiese una inmersión que nos
arrastrase hasta los fondos oceánicos, pero por una vez la suerte nos sonrió y
el Admin U-boot siguió por superficie el rumbo hacia Canarias, desde donde
escribo.
Ahora
Lantanique y un servidor estamos en lo que era suelo patrio, rodeados de
argentinos y llamando un poco la atención por donde pasamos, ya que mis
efluvios masculinos de varias semanas sin contacto con el agua son apreciados,
aunque no como creía, y los dos medios cocos que forman la indumentaria del
torso de la simpar Lantanique también tienen su público.
Desde las
Canarias bonaerenses, intentando pasar desapercibido, se despide este
corresponsal.
Espaugyl








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