Día 1.563 de eRepublik
Soy Corresponsal de Guerra, no lo dudéis, además soy de los
pocos que saben valorar en su justa
medida su oficio, de los que saben que salvaguardar la propia integridad física
es lo principal para con sus lectores. Soy responsable, nunca me veréis corriendo
hacia el peligro, normalmente veréis lo contrario, ya que sé que el arriesgarme
en el frente de batalla o simplemente estar a menos de una decena de kilómetros
de donde suenan los tiros es un riesgo innecesario, me debo a quienes leen mis
Crónicas, no puedo permitirme el lujo de resultar herido o incluso de
resfriarme, por lo que es raro que me ponga en riesgo por mí mismo o incluso
que me guste pasear por donde haya muchas armas… que otros no tengan la misma
consideración conmigo es otro cantar, que de ebrasileños y Admins de la
GestapoeRepublik está el eMundo lleno.
Mi aspecto habitual cuando me visto para informar (en el
momento de ser fotografiado sólo llevaba la ropa interior, la protección en sí
aún no me la había puesto).
¿Por qué esta introducción? ¿Acaso no es evidente a estas
alturas que en donde haya peligro, batallas, conflictos y platanazos no me vais
a ver el pelo o, en su defecto, sólo vais a ver una mancha borrosa corriendo en
dirección contraria? Pues porque tengo visto y comprobado que, por mucho que me
esfuerce en rehuir todo lo que me pueda ser dañino, siempre el peligro viene
hacia mí, así que creo que de ahora en adelante me quedaré quieto, oteando el
metafórico horizonte, y cuando vea algo sospechosamente peligroso, ya sean
golondrinas con el intestino flojo, amenaza de lluvia, niños jugando a la
pelota o ancianas de mirada aviesa, pienso echar a correr como nunca, hasta que
se me acabe el mapa conocido y caiga en la parte gris… pero tarde he llegado a
esta conclusión, justo después de haber escapado por los pelos de la
GestapoeRepublik, que de nuevo me achaca y culpa de lo que otros hacen,
dándoles igual que yo me limite tan sólo a informar y no haya participado en
cosa alguna. Pero empecemos por el principio.
Tras volver a mi fábrica y encontrármela lantánicamente
transformada en un centro productor de Fanta en cantidades que harían
palidecer incluso a un señor de color
(de color negro, que lo políticamente correcto suele ser impreciso y ñoño), me
habían asaltado múltiples dudas que me atormentaban, porque ¿de dónde había
sacado mi empleada el capital para tanta reconversión? ¿Cómo había conseguido
que mi fábrica fuese tan próspera en un país arruinado e invadido como mi
querida eEspaña? ¿Por qué había un retrato del AdminFuhrer Halesius de tamaño
natural en el despacho? ¿Había hecho un pacto con el eDiablo para estar aún más
buena? ¿La gravedad no existía entorno a su perímetro pectoral? ¿Su secretaria
era tan fea para compensar? ¿Por qué los
donut tienen agujero?
Donut sin agujero ¿Error de eDios? ¿Engendro de la
Naturaleza? ¿A dónde ha huido el agujero? ¿Hasta las respuestas a mis preguntas
metafísicas acaban en otras preguntas?
Con mi mente en plena ebullición, en un callejón sin salida
intelectual, salí a pasear a la calle, a que me diera el fresco, a intentar
llegar a conclusiones que no implicasen colaboracionismo o la mano de la
GestapoeRepublik en todo esto, y de vuelta a buscar un bar, porque quienes me
hayan leído en otras Crónicas ya estarán al corriente de que El Bar, con tanta
guerra y tantas leches, estaba pendiente de ser reaprovisionado, encontrándose
cerrado (nunca os perdonaré por esto, malditos brasileños).
A los pocos minutos de estar en la calle pude percatarme de
primera mano del ambiente de desesperanza y desilusión que reinaba por doquier,
con eciudadanos vagando sin rumbo fijo, sin nadie que les dirigiese, escupiendo
al pasar frente a las ferreterías que exhibían carteles de “Cerrado, he
salido a por tabaco, ahora gobierna el gato”, y con miradas de emigrar en
cualquier momento o de acurrucarse entre los cascotes a dejarse morir.
Patrullas simiescas mantenían el orden en las calles, pasé a prudente distancia
de Admins enfundados en sus abrigos de cuero negro a la caza de inocentes
patriotas, puestos de plátanos pregonaban su mercancía, grandes retratos de
Halesius colgaban de las fachadas… daban ganas de salir corriendo, y de hecho
mis piernas, mucho más inteligentes que yo mismo, ya estaban espasmódicas, como
para salir disparadas.
Puesto de plátanos callejero ¿Hasta cuando ver mis calles
mancilladas por costumbres foráneas? ¿Dónde está el asfalto? ¿De dónde ha
salido esa selva? Ya no reconozco a mi Andalucía
Un corro entorno a algo en el suelo me llamó la atención. Mi
vena periodística y la ausencia de tiros me hizo querer curiosear, quizás
incluso informar, por lo que clavé unos cuantos codos, pisé algunos pies y me
situé en primera fila para descubrir que era un cadáver lo que había en el
suelo. Un médico lo examinaba. Le tomó el pulso, lo auscultó (no lo metió en
ningún sitio para esconderlo, lector fruto de un sistema educativo deficiente),
le gritó varias veces para que dijese 33 sin obtener resultados, le dio un par
de patadas en los riñones y proclamó: “Está muerto, se ha suicidado con
varias puñaladas en la espalda de aburrimiento y tedio”. Como si esto fuese
el pistoletazo de salida de una macabra carrera, todos los curiosos se
transformaron en buitres y al grito de “mariquita el último” comenzaron
a registrar el cadáver, en busca de títulos de propiedad de fábricas, de
cuentas secretas de oro, siendo algunos más prácticos y limitándose a llevarse
el reloj y los zapatos. Avergonzado, les recriminé la actitud a todos ellos,
consiguiendo que la marabunta parase, que cerrasen los ojos y guardaran un
minuto de silencio, momento en el que aproveché para robarle la cartera y
desaparecer. Ya lejos comprobé que mi maniobra había tenido éxito, que en la
cartera del difunto, un tal Jefox, aún había 5.000 ESP. Bendito sea.
-¿El Corresponsal de Guerra Espaugyl?- me sobresaltó una voz
a mi espalda.
-La cartera siempre ha sido mía y mi nombre es Jefox desde
mi más tierna infancia- contesté en un acto reflejo.
-Soy un amigo-me tranquilizó- pertenezco a la Resistencia,
mi nombre es elMengu, sígame- me dijo mientras me adelantaba y seguía caminando
sin girar la cabeza.
Seguí a aquel individuo, de aspecto humano y español, que
con muchas precauciones, cambiando de dirección y rumbo varias veces para
comprobar que no éramos seguidos ni vigilados, me llevó hasta unas
instalaciones abandonadas de lo que había sido el zoológico de Jerez antes de
la guerra. Tras un intercambio de contraseñas a cada cual más absurda
(“Ferreteros al paredón” -“ tríncame un cojón”- “Bakunín ha ido a por
tabaco”-“pues cerraron el estanco”) un vigilante nos franqueó el paso.
-Bienvenido Espaugyl- me recibió un tal Cronos85 con
algarabía al tiempo que me presentaba a otros miembros de la resistencia, a
Danielcl y a VictorIV- nos alegra que haya aceptado la invitación de elMengu,
queremos que vea lo que hacemos aquí y lo difunda, puede que la guerra tome
otro rumbo si todo sale como esperamos.
-¿Tienen algún antídoto contra la desidia? ¿Han desarrollado
alguna nueva arma antiplatanera? ¿Destilan su propio whisky y quieren que les
de mi docta opinión como catador profesional?-pregunté curioso.
-Nada de eso- me contestó sonriente y orgulloso- nuestros
esfuerzos llevan otro camino. Acompáñeme, vea el partido que le estamos sacando
a tomar prisioneros en vez de masacrarlos sin piedad.
Prisioneros de guerra bajo custodia de la Resistencia
-Hemos descubierto que en algunos aspectos que estos
prisioneros y un español educado en la LOGSE no tienen tantas diferencias. Observe como se rascan el culo y luego se
huelen los dedos, como intentan dormir todo el día y le piden al de al lado que
le acerque un plátano para no tener que alargar el brazo, incluso hemos
comprobado que pueden retener conocimientos, básicos pero conocimientos al fin
y al cabo.
-¿Y cómo afecta esto al curso de la guerra?- pregunté un
tanto incrédulo.
-Intentamos reeducarlos- me contestó elMengu- quizás si
conseguimos que aprendan a escribir sin mayúsculas, que tengan sentido del
humor, que dejen de tirarnos sus propias heces cada vez que les decimos algo
gracioso, que aprendan a apreciar comidas diferentes al plátano, entonces quizás
hasta los humanicemos lo suficiente para que alguno de ellos se pase a nuestro
bando. Quizás podamos infiltrarles a su propia gente, que nos informen, que
saboteen, que crean que alguna vez puedan aspirar a ser como nosotros y
emularnos, igual conseguimos españolizarlos.
-Difícil lo veo, sinceramente.
-No se crea- intervino VictorIV- ya tenemos algunos notables
éxitos- añadió al tiempo que posaba su mirada soñadora en un corpulento
prisionero algo verdoso y al que llamaban HULK.
-¿Qué tiene de especial este?-pregunté escéptico.
-Pues véalo usted mismo- me contestó excitado mientras
arrimaba a HULK los utensilios probatorios.- Vea como ya dibuja, escribe cosas
en español e incluso nos imita con su propio sentido del humor.
-¡Asombroso!- exclamé tanto por ver que era cierto lo que
decía como por la mirada de arriba a abajo que le echaba VictorIV a HULK, como
deseando que usase jabón y que se le acabase de caer.
Demostración evidente de que no les faltaba razón a la
Resistencia, porque he visto cuadros modernos con menos arte colgados en
algunos museos.
Y en ese momento comencé a correr ¿Por qué? Pues no lo supe
racionalmente hasta dos kilómetros después, cuando mi cerebro reunió toda la
información que tan sabiamente mis piernas habían interpretado al instante. Los
gritos en alemán aún se escuchaban a mis espaldas, los Admins de la
GestapoeRepublik perseguían a los miembros de aquel campo de prisioneros, una
redada, pues eso era, estaba desmantelando a la Resistencia y se me heló la
sangre al oír como el Admin Hans, con un megáfono, gritaba mi nombre para que
saliese si estaba escondido.
Buscando una zapatería para poder seguir corriendo con
suelas nuevas, se despide este Corresponsal de Guerra, que aún aspira a poder
vivir tranquilo y perseguir a Lantanique en vez de ser perseguido por ambiguos
Admins y sus insanas intenciones.
Espaugyl







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