Día 1.449 de eRepublik
Vaya
semanita. Si es que estoy harto de decirlo, que la vida del Corresponsal de
Guerra es muy dura y nadie me hace ni caso. Lo peor es que hay quien piensa que
cuando digo en los jodíos gritos (feeds, para los que gustan de los
barbarismos) que “La Desinformación y la Subjetividad son mi Divisa” piensan
que hablo en broma, así que nadie pretenda ahora que informe con imparcialidad
ni leches, pero… ¿por qué digo esto y por qué no ha habido crónicas estos días?
Empecemos por el principio.
Me
encontraba en Andalucía, satisfecho, tranquilo, intentando recordar si en mi
periplo brasileño, acompañado por Lantanique,
había sido o no mancillado por
semejante hembra mientras estaba heroicamente inconsciente en el
camarote del barco que nos traía de vuelta a tierras patrias, cuando una
explosión cerca del bar (mi segunda oficina… mejor dicho, la única) me derramó
la cerveza por todo el pecho e hizo reventar el grifo de Cruzcampo provocando
un geiser de felicidad espumosa para los parroquianos y un servidor.
Un plátano
pasó cerca de mi oreja y ración y media de croquetas se estampó en el botellero
tras la barra: ¡otra vez éramos invadidos! ¡otra vez me interrumpían la
concentración en el bar! ¡y esta vez era aún peor que otras, porque mi media
ración de jamón aún no me la habían servido y ya la había pagado!
eBrasil
atacó Andalucía, la Historia se repite ¡que alguien le dé a pause!
Agachado,
con una cerveza en cada mano, salvadas con gran habilidad del geiser que las
condenaba a ser meros charcos en el suelo, conseguí ponerme a salvo al otro
lado de la calle junto a un pelotón de bisoños reclutas que miraban admirados
mi destreza para esquivar plátanos, corriendo como un loco con dos vasos de
tubo sin derramar ni una sola gota de espumoso líquido dorado.
El ataque
era feroz. Los nuestros disparaban a todo lo que se movía (pobre gato, no debió
cruzar la calle en ese momento, pero eso también es selección natural) y yo,
como corresponsal de guerra de gran veteranía, contemplaba impávido el combate
dando buena cuenta de las cervezas antes de que se calentaran… pero entonces lo
ví… no podía ser, estaba allí solo, acosado, indefenso, a punto de ser
acribillado, lo habían dejado atrás en la retirada del bar.
-Reclutas-
grité con voz de mando- soy el Coronel estrellita estrellita Espaugyl (vaya
mierda de graduaciones hay en eRepublik, qué le vamos a hacer) y tomo el mando
de este pelotón.
-¡A sus
órdenes!- gritaron todos al unísono mientras se cuadraban ante mí.
-¡Reclutas,
estamos siendo invadidos salvajemente! ¡En las guerras siempre hay objetivos
claros y evidentes, pero otros no lo parecen y las razones sólo conciernen a
los mandos, que comprenden la estrategia global! ¿Comprendéis?
-¡Sí,
Señor!- contestaron marcialmente las criaturas.
-¡Veo que
lo tenéis claro, así que tú y tú abríos camino hasta el bar y traedme incólume
la pata de jamón que hay a medio cortar en la barra! ¡Y escuchadme con
atención, quiero que traigáis el pata negra, nada de mariconadas blancas o de
recebo!
Oleada tras
oleada fui mandando a aquellos bisoños a cumplir con tan gloriosa misión. Por
el camino algunos recibieron croquetas casi mortales, otros resbalaron en
plátanos despanzurrados, y otros yacen ahora en el panteón de los héroes para
toda la eternidad, pero finalmente un grupo se hizo con el jamón. Se preparaban
para volver a cubierto cuando lo inesperado ocurrió.
Objetivo
militar salvado de la vorágine de destrucción enemiga.
Una mano se
posó en mi hombro. Sobresaltado me volví y me encontré a unos taciturnos
individuos, vestidos con más cuero negro que en un pub de Chueca, que me
miraban inexpresivos, impasibles, erguidos en medio del fragor de la batalla
como si la cosa no fuese con ellos.
-¿Es usted
Herr Espaugyl?- me preguntó con un extraño acento.
-Se
equivoca- acerté a contestar cuando una instintiva y molesta alarma comenzó a
sonar en mi cabeza cual resaca dominguera.- Mi nombre es Big Gil, que rima pero
no es lo mismo- añadí con el más espantoso de los acentos brasileños.
Durante
unos segundos dudaron, pero con una rápida mirada a sus hombres y un gesto de
la cabeza hacia mí, se me abalanzaron aquellas bestias de aspecto teutónico. Me
revolví con valentía, intenté correr con escaso éxito cuando me llevaban en
volandas a un furgón y entonces comprendí a dónde me llevaban pero no porqué.
El
furgón de seguridad Admins de eRepublik, también llamado el furgón de “irás y
no volverás”.
El
estruendo de la sirena del vehículo abriéndose paso a toda velocidad entre los
combatientes no me dejaba pensar y cuando callaba siempre acudían a mi mente
las mismas preguntas ¿qué había hecho yo? ¿Quién me había denunciado a la
GestapoeRepublik? y lo más importante ¿conseguiría sobrevivir y recuperar el
jamón en el que ya debían salivar los reclutas? Con estas dudas llegamos a
nuestro destino. A empellones me obligaron a bajar y vi a dónde habíamos
llegado: estábamos en las oficinas centrales de eRepublik, el lugar más sombrío
del eMundo, el lugar donde se dice que Halesius tiene su despacho y contempla, acariciando
a su gato blanco, los interrogatorios de los eciudadanos detenidos con o sin
justificación.
Fui
conducido frente a un Admin, o al menos creo que ponía eso en la puerta ([i]Admintorturenfurer[/i]) y me
hicieron sentar en la semioscuridad.
Admintorturenfurer
preguntándome amablemente por ciertas dudas que tenía sobre mi persona.
-Nombre- me
ordenó más que preguntó.
-Romper,
por mi padre, me llamo Romper- contesté valientemente con una varonil lágrima
corriéndome por la mejilla.
-¿Es esto
suyo?- me preguntó ignorando mi respuesta y poniendo encima de mi mesa una
copia arrugada y manchada de sangre de mi última crónica enviada al periódico.
-Creo que
esto pertenece a un tal Espaugyl, un malvado agitador ¿por qué lo pregunta?
-Este
artículo que ha escrito es inadmisible, ha sido denunciado como racista y
también como pornográfico. Ha sido eliminado y su autor será castigado.
-¿Racista y
pornográfico? No me extraña- añadí en un alarde de reflejos- si es la crónica
que escribió ese indeseable en eBrasil con Lantanique seguro que es eso y más…
por lo que me han contado, porque si ha sido eliminado de los quioscos lo habrá
leído poca gente.
-Al menos
53, y en un segundo intento una cifra incluso superior, pero están siendo
vigilados… y usted también. ¡Hans! ¡Friedrich! ¡Traed el hierro al rojo de los
chocopuntos y marcadle dos donde más os divierta!
Han pasado
dos días, Andalucía se ganó, la resistencia en Canarias se perdió para poder
hacer un ataque como eDios manda y yo he recibido un premio periodístico
mientras aún no puedo sentarme. Lantanique no responde a mis llamadas, no sé si
aún asqueada por el incidente de su camarote (que ya nadie conocerá por la
censura) o asustada por las consecuencias de mi artículo, y al parecer ha sido
amonestada suavemente por Halesios en el
papel de Director de Internado, algo que sé que es su falso lado amable cual
pagafantas, pero me alegro por ella. Yo aún temo represalias y más desde que
observo desde la ventana a un extraño individuo que pasea arriba y abajo de la
calle, se para a hacer como el que lee un periódico del revés, y que me siguió
al bar cuando el primer día bajé a desayunar… ¡ah! ¡se me olvidaba! ¡Me he
quedado con vuestras caras! ¡Devolvedme el jamón, reclutas de mierda!
Sospechoso
agente de la GestapoeRepublik (sospechoso en el más amplio de los sentidos) que
me vigila día y noche y que cualquier día se me puede presentar con un ramo de
flores.
Desde
Andalucía, sin salir de casa y vigilado, se despide este corresponsal.
Espaugyl







No hay comentarios:
Publicar un comentario