viernes, 2 de marzo de 2012

Crónica bélica-esperpéntica para no dormir (no la leais, niños)


Día 1.521 de eRepublik
Borrado por racismo



Ser Corresponsal de Guerra implica una gran dosis de entereza ante el horror, de templanza de nervios ante lo espeluznante y, sobre todo, de coraje para no apartar la vista y así poderlo contar luego al eMundo. De nuevo divago, pero la eEspaña invadida y borrada ha dado para mucho desde que fui acosado por la GestapoeRepublik y tuve que huir a buena velocidad para mantener sin dilatar el lugar donde la espalda pierde su digno nombre… bueno, empezaré por el principio.


El recuerdo de Hans, el Admin de la GestapoeRepublik que con tan buenos ojos me miraba y desnudaba con la vista, me hizo batir varios records de velocidad en mi huida desde Andalucía.


Mis primeras impresiones sobre la eEspaña apunto de ser borrada fueron fugaces y borrosas, ya que poco se puede fijar la vista cuando mi velocidad media al huir no suele ser inferior a la de un capitán de crucero italiano gritando “il capitano primeri” al hundírsele el barco. Cuando por fin paré, más por no quemarme la planta de los pies por la fricción de las suelas que por otra cosa, el esperpento llegó sin previo aviso, el horror hizo acto de presencia consiguiendo que nunca jamás pueda mirar a los ojos a algunos en los gritos (feeds para quienes gustan de barbarismos). Al parecer, la aún Presidente Ienne había decretado una huelga-alto el fuego-lúdica festiva pro borrado cafetero y, como siempre en casos extremos, había Unidades Militares que demostraban educadamente su descontento y no pensaban dejar de combatir… pero todo tiene un límite, coño, que todavía me despierto en medio de la noche empapado en sudor frío cuando lo recuerdo entre pesadillas.


Miembros de la Unidad Militar DA demostrándole a la Presidente Ienne su punto de vista sobre el Alto el Fuego en una parada camino del frente… eDios y su extraño sentido del humor me hizo estar en el lugar y el momento que no debía y lo vi todo, todo… arrrg… todo.


Con las suelas de los zapatos al rojo vivo aún, sin dejarlos enfriar para no tener que contemplar aquello más de lo debido, recordé con aquella visión infernal a Hans y de lo que huía, emprendiendo de nuevo mi demencial carrera. Varios cientos de kilómetros después, una media hora de correr cuando soy perseguido o huyo en general, paré en un paso a nivel cerrado por el discurrir de un tren. Aproveché para descansar, que una cosa es tener instinto de supervivencia y otra cosa que cuando la adrenalina disminuye no sea de los que piensan que la inmovilidad acodada en una barra de bar tendría que ser deporte olímpico, porque sudar sólo debería ser propio del verano o del buen hacer de Lantanique colaborando en el menester horizontal que tanto y tan bien me niega.


Con tan encumbradas divagaciones estaba cuando de nuevo el horror me asaltó. A mi diestra, junto a unas vayas, miles de compatriotas saludaban al tren que pasaba, un tren que ahora me daba cuenta que no era cualquiera: era el tren presidencial. Según me dijeron, la Presidente Ienne acababa de ser destituida por una moción de censura y era enviada a estudiar a una facultad, al exilio, y sus antiguos votantes,  al unísono con sus opositores, se habían puesto de acuerdo por una vez para despedir como se merecía a tan inoperante ciudadana… con todas las consecuencias para mi ya maltrecho estómago.


Despedida multitudinaria de la ciudadanía a la Presidente Ienne… ¿ya nadie sabe expresarse con los pantalones puestos? Lo de borrarnos puede que haya sido cosa de eDios por estas cosas.


Calculando que la GestapoeRepublik apenas si habría salido de la provincia de Cádiz en mi persecución y que yo ya estaba en plena Castilla La Mancha, aflojé el paso y me decidí a entrar en algún lugar donde, al no conocerme, podría dejar una abultada cuenta pendiente al camarero. Entré en un tranquilo bar de pueblo, un lugar ajeno a todo,  como si la guerra hubiese pasado por allí de largo, y sin miramientos comencé a pedir cervezas por docenas, que huir da mucha sed, pedí tapas por orden alfabético para no olvidar ninguna, y comencé a ver la vida de otra forma, con más tranquilidad, como contagiado por el mar de sosegadas boinas que contemplaba desde la barra, en sus mesas, con sus conversaciones, sus barajas de cartas, y las sonoras colocaciones de fichas de dominó al cerrar una partida. Pero de nuevo el horror me invadió, ni aquello era ajeno a la guerra ni estaba seguro, porque cuando levanté la vista de tanta boina un cartel colgado en la pared me hizo recordar que eEspaña no existía y que ser reconocido en territorio de eBrasil podía ser tan peligroso o más que caer en manos de Hans… o no, que ser torturado y ajusticiado a veces es más rápido que la ignominia Admin de ser chocopunteado esfinterialmente.


Cartel propagandístico de las fuerzas de ocupación ebrasileñas sobre el final de los héroes de la Resistencia de eEspaña cuando caen en sus manos.


Salí del lugar sin llamar la atención, incluso pagando la cuenta, que más parecía un número de teléfono que otra cosa, y me dispuse a abandonar el pueblo, sin rumbo, tan sólo para poner tierra de por medio, pero ¿a dónde ir si eEspaña entera estaba así? ¿había llegado el final? ¿debía perder toda esperanza al igual que había perdido todo mi dinero en aquel bar haciendo uso del verbo pagar, tan extraño en mí? ¿quizás debía deshacer el camino, olvidar mis bajos instintos hacia Lantanique y sus encantadoras turgencias pares para convertirme en la odalisca de Hans?


Apunto estaba de tirar la toalla… y mis calzoncillos, pues sospechaba que poco iban a durar si mi escultural cuerpo se convertía en el juguete sexual de un Admin bujarrón al más puro y disciplinado modo teutónico, pero entonces el fragor de la batalla me despertó de mi ensimismamiento. Escalé como pude un montículo y, muy en mi línea, a prudente distancia y sin ganas de acercarme mucho más, contemplé como en Castilla León una dura batalla había comenzado por la liberación de eEspaña.  Me quedé allí, lejos de cualquier bala perdida, a esperar el triunfo, el resurgir de una nación y con lágrimas en los ojos agradecí a eDios que mi virtud posterior no tuviese que ser sacrificada por mi supervivencia.


Desde el frente,  tras la primera victoria, se despide este Corresponsal de Guerra que desea encontrar más que nunca a su esquiva Lantanique para celebrar su reafirmada heterosexualidad.


Espaugyl

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