Día 1.521 de eRepublik
Borrado por racismo
Ser Corresponsal de Guerra implica una gran dosis de
entereza ante el horror, de templanza de nervios ante lo espeluznante y, sobre
todo, de coraje para no apartar la vista y así poderlo contar luego al eMundo.
De nuevo divago, pero la eEspaña invadida y borrada ha dado para mucho desde
que fui acosado por la GestapoeRepublik y tuve que huir a buena velocidad para
mantener sin dilatar el lugar donde la espalda pierde su digno nombre… bueno, empezaré
por el principio.
El recuerdo de Hans, el Admin de la GestapoeRepublik que
con tan buenos ojos me miraba y desnudaba con la vista, me hizo batir varios records
de velocidad en mi huida desde Andalucía.
Mis primeras impresiones sobre la eEspaña apunto de ser
borrada fueron fugaces y borrosas, ya que poco se puede fijar la vista cuando
mi velocidad media al huir no suele ser inferior a la de un capitán de crucero
italiano gritando “il capitano primeri” al hundírsele el barco. Cuando
por fin paré, más por no quemarme la planta de los pies por la fricción de las
suelas que por otra cosa, el esperpento llegó sin previo aviso, el horror hizo
acto de presencia consiguiendo que nunca jamás pueda mirar a los ojos a algunos
en los gritos (feeds para quienes gustan de barbarismos). Al parecer, la aún
Presidente Ienne había decretado una huelga-alto el fuego-lúdica festiva pro
borrado cafetero y, como siempre en casos extremos, había Unidades Militares
que demostraban educadamente su descontento y no pensaban dejar de combatir… pero
todo tiene un límite, coño, que todavía me despierto en medio de la noche
empapado en sudor frío cuando lo recuerdo entre pesadillas.
Miembros de la Unidad Militar DA demostrándole a la
Presidente Ienne su punto de vista sobre el Alto el Fuego en una parada camino
del frente… eDios y su extraño sentido del humor me hizo estar en el lugar y el
momento que no debía y lo vi todo, todo… arrrg… todo.
Con las suelas de los zapatos al rojo vivo aún, sin dejarlos
enfriar para no tener que contemplar aquello más de lo debido, recordé con
aquella visión infernal a Hans y de lo que huía, emprendiendo de nuevo mi demencial
carrera. Varios cientos de kilómetros después, una media hora de correr cuando
soy perseguido o huyo en general, paré en un paso a nivel cerrado por el
discurrir de un tren. Aproveché para descansar, que una cosa es tener instinto
de supervivencia y otra cosa que cuando la adrenalina disminuye no sea de los
que piensan que la inmovilidad acodada en una barra de bar tendría que ser
deporte olímpico, porque sudar sólo debería ser propio del verano o del buen
hacer de Lantanique colaborando en el menester horizontal que tanto y tan bien
me niega.
Con tan encumbradas divagaciones estaba cuando de nuevo el
horror me asaltó. A mi diestra, junto a unas vayas, miles de compatriotas
saludaban al tren que pasaba, un tren que ahora me daba cuenta que no era
cualquiera: era el tren presidencial. Según me dijeron, la Presidente Ienne
acababa de ser destituida por una moción de censura y era enviada a estudiar a
una facultad, al exilio, y sus antiguos votantes, al unísono con sus opositores, se habían
puesto de acuerdo por una vez para despedir como se merecía a tan inoperante
ciudadana… con todas las consecuencias para mi ya maltrecho estómago.
Despedida multitudinaria de la ciudadanía a la Presidente
Ienne… ¿ya nadie sabe expresarse con los pantalones puestos? Lo de borrarnos
puede que haya sido cosa de eDios por estas cosas.
Calculando que la GestapoeRepublik apenas si habría salido
de la provincia de Cádiz en mi persecución y que yo ya estaba en plena Castilla
La Mancha, aflojé el paso y me decidí a entrar en algún lugar donde, al no
conocerme, podría dejar una abultada cuenta pendiente al camarero. Entré en un tranquilo
bar de pueblo, un lugar ajeno a todo, como si la guerra hubiese pasado por allí de
largo, y sin miramientos comencé a pedir cervezas por docenas, que huir da
mucha sed, pedí tapas por orden alfabético para no olvidar ninguna, y comencé a
ver la vida de otra forma, con más tranquilidad, como contagiado por el mar de
sosegadas boinas que contemplaba desde la barra, en sus mesas, con sus conversaciones,
sus barajas de cartas, y las sonoras colocaciones de fichas de dominó al cerrar
una partida. Pero de nuevo el horror me invadió, ni aquello era ajeno a la
guerra ni estaba seguro, porque cuando levanté la vista de tanta boina un
cartel colgado en la pared me hizo recordar que eEspaña no existía y que ser
reconocido en territorio de eBrasil podía ser tan peligroso o más que caer en
manos de Hans… o no, que ser torturado y ajusticiado a veces es más rápido que
la ignominia Admin de ser chocopunteado esfinterialmente.
Cartel propagandístico de las fuerzas de ocupación
ebrasileñas sobre el final de los héroes de la Resistencia de eEspaña cuando
caen en sus manos.
Salí del lugar sin llamar la atención, incluso pagando la
cuenta, que más parecía un número de teléfono que otra cosa, y me dispuse a
abandonar el pueblo, sin rumbo, tan sólo para poner tierra de por medio, pero
¿a dónde ir si eEspaña entera estaba así? ¿había llegado el final? ¿debía
perder toda esperanza al igual que había perdido todo mi dinero en aquel bar
haciendo uso del verbo pagar, tan extraño en mí? ¿quizás debía deshacer el
camino, olvidar mis bajos instintos hacia Lantanique y sus encantadoras
turgencias pares para convertirme en la odalisca de Hans?
Apunto estaba de tirar la toalla… y mis calzoncillos, pues
sospechaba que poco iban a durar si mi escultural cuerpo se convertía en el
juguete sexual de un Admin bujarrón al más puro y disciplinado modo teutónico, pero
entonces el fragor de la batalla me despertó de mi ensimismamiento. Escalé como
pude un montículo y, muy en mi línea, a prudente distancia y sin ganas de
acercarme mucho más, contemplé como en Castilla León una dura batalla había
comenzado por la liberación de eEspaña.
Me quedé allí, lejos de cualquier bala perdida, a esperar el triunfo, el
resurgir de una nación y con lágrimas en los ojos agradecí a eDios que mi
virtud posterior no tuviese que ser sacrificada por mi supervivencia.
Desde el frente, tras
la primera victoria, se despide este Corresponsal de Guerra que desea encontrar
más que nunca a su esquiva Lantanique para celebrar su reafirmada
heterosexualidad.
Espaugyl






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