Día 1.487 de eRepublik
Poco a
poco lo estamos consiguiendo ¿el qué?
preguntaréis, pues volver a territorio español, que en buena hora me dio por
cubrir la “conquista” de Norte de eBrasil durante las Guerras Marmotas. Como ya
sabréis los que leéis estas mierdas de artículos que hago para vivir… esto… los
que leéis mis arriesgadas Crónicas desde el frente, que hago por amor al arte y
afán periodístico, Lantanique y un servidor hemos conseguido llegar a las
Canarias, pero a las Canarias ocupadas, que nuestros invasores argentos están
intentando convertir en una prolongación de su eArgentina natal, porque mucha
intención de irse no se les ve.
”Retoño
de Aconcagua”, nuevo nombre del Teide… son unos tocapelotas, y no me refiero al
fútbol.
Pero no
mucho turismo pudimos hacer porque, al parecer, éramos buscados desde nuestra
huida de eBrasil, y los argentos siempre han sido muy solícitos a los deseos de
sus amos-aliados. Así que durante un tiempo, gracias a la habilidad
lantánica-capitalista de mi compañera de fatigas para ser invitada a Fantas y
luego revenderlas a los mismos pagafantas que la invitaban (un círculo en
extremo perverso pero útil en nuestras circunstancias), conseguimos algunos
ingresos para alojarnos en un modesto hotel en el que ni pedían documentación
ni hacían muchas preguntas ni iban al oculista, porque llegaron a creerse que
la indumentaria de Lantanique, con sus dos medios cocos cardiacos y su escasa
falda de ramajos, así como mi aspecto de náufrago esparcidor de masculinidad
mediante efluvios sudorosos y barba de un mes, eran el resultado de un
seminario que impartíamos sobre Hawái y sus circunstancias.
Lo cierto
es que muy seguros no nos encontrábamos en Canarias, debíamos ir a territorio
no ocupado, aunque la verdad es que yo me sentía más que cómodo ocupando una
única habitación con Lantanique, principalmente porque se le habían agotado los
objetos para arrojarme y allí no había cocos como en la isla. Eso sí, era
curioso el ver como se le arrugaba la nariz a mi heroica y voluptuosa compañera
cada vez que movía mis brazos y quedaban al descubierto mis pobladas axilas,
aunque a decir verdad también ponía cara rara cuando corría algo de aire desde
mi masculino cuerpo hasta ella.
Lantanique
intentándome explicar no sé qué cosa sobre una ducha o de darse una ducha o que
le diese una ducha o que me la diese yo… yo que sé… con la mascara antigás que
se ponía cuando estaba yo cerca no había quien la entendiese.
Con el
miedo a ser descubiertos por las fuerzas de ocupación argentinas y con el temor
a que cualquier día tuviese que perder mi sexapil con una ducha (“sex appeal”
para los bárbaros) salí a la calle en busca de la forma de llegar hasta la
Península, tarea nada fácil ya que todos los aeropuertos y puertos estaban
férreamente vigilados por argentos asesorados por Admins de la
GestapoeRepublik.
Lo cierto
es que la cantidad de Admins por metro cuadrado era increíble, no parecía
normal, era como si supiesen que un español desesperado, aparte de muchos
güevos (sí, cuando son por valentía se escribe así), tiene tendencia a
convertir el ingenio en disparate con inciertos resultados, así que estaban con
los hierros de marcar chocopuntos siempre listos, al rojo vivo, a la espera de
cualquier oportunidad para deleitarse en nuestro dolor.
Hierros
de marcar chocopuntos siempre listos. Lo peor es cuando los Admins de la
GestapoeRepublik se vuelven creativos a la hora de elegir el sitio donde
marcarte… te puedes llevar varias semanas sin poderte sentar.
Dando
vueltas de aquí para allá me topé con un control argento de documentación.
Teniendo como tenía menos papeles que una liebre, entré en el primer local que
había sin mirar ni donde me metía… y el surrealismo me hizo sentir mareo:
Cincuenta persona ataviadas de rocieros (entiéndase, sombrero de ala ancha,
chaquetilla entallada, botos, mujeres vestidas de flamenca….) me apuntaban a la
cabeza con armas q1, q2 y varios bazucas.
-¡Viva la
Blanca Paloma!- acerté a decir mientras con los ojos cerrados esperaba un
primer disparo de aquellos talibanes católicos de la Peregrinación al Rocío.
-¡Viva!-
contestaron todos al unísono- Bajad las armas, es de los nuestros- oí a
continuación.
-Perdonad,
no quería interrumpir… lo que fuese que hacíais- dije dando unos prudentes
pasos en dirección a la puerta sin darles la espalda- no quería molestar-
añadí.
-No es
molestia- me contestó un afable español, de nombre Avutardo, que sonriente me
estrechó la mano al tiempo que me invitaba a quedarme, a lo que accedí cuando vi
que la invitación iba acompañada de buen jamón y unas copitas de fino.
-Has dado
con lo que queda de la Resistencia en Canarias- me explicó Avutardo- pero aquí
no tenemos nada que hacer, esto está lleno de traidores, incluso hay
oficialidad española que se ha cambiado de bando, los infames Durrti y Arcadia
por ejemplo.
-¡Gue
imfamhes, gue verguenfa!- añadí patriótico con la boca llena de jamón.
-Pues sí,
por eso estamos aquí, en la Hermandad del Rocío de Las Palmas de Gran Canarias,
el sitio más surrealista donde un argentino nos buscaría y en donde un espía
argento sería descubierto al instante, destacaría tanto o más que un Admin de
la GestapoeRepublik en la playa o celebrando el Día del Padre. Nuestro
siguiente paso es embarcar hacia Andalucía como si fuésemos a la Romería del
Rocío.
-Pero… pero
si falta más de medio año para el Rocío.
-Eso lo
sabemos tú, yo y muchos españoles pero ¿un argentino?
Ferry de
Canarias al que subiríamos gracias a la astucia de Avutardo y a que los
argentinos se creen en la posesión de la verdad… y en verdad no tienen ni
puñetera idea de cuando es el Rocío o lo que es… bendita ignorancia.
Con la
impresión de que con media docena de Avutardos eEspaña podría conquistar el
eMundo me fui en busca de Lantanique, con dos tupeerware de jamón hasta arriba,
que esas turgencias hay que mantenerlas, y una maleta con todo lo necesario par
el día siguiente.
Cuando
llegué al hotel donde me esperaba Lantanique mi alegría por lo sucedido me hizo
ser imprudente, y sin mayores explicaciones le pregunté sin darme cuenta de
cuan retorcida a mis sanas intenciones puede llegar a ser.
-¿Sabes
montar a caballo? Porque si no sabes te enseño, que te vas a tener que ir
acostumbrando, guapa.
Cuando
desperté junto a los restos de una botella rota, con un terrible dolor de
cabeza, aún estaba mi agresora dispuesta a hacerme dormir con otro botellazo,
pero me dio tiempo a contarle lo que me había ocurrido en la Hermandad del
Rocío mientras la apaciguaba con el jamón que llevaba. Entre loncha y loncha le
expliqué el plan de Avutardo a mi simpar, aguerrida y esquiva pareja de
aventuras y, según vi que los ojos se le ponían como platos con el disparate,
aproveché para insinuarle que podría ser nuestra última noche con vida en el
eMundo, que la horizontalidad en común era lo conveniente en estos casos… o la
verticalidad contra la pared, según gustos, a lo que me contestó sin palabras,
tan sólo poniendo sobre la mesa una reluciente pistola q1 que no había visto
hasta el momento que me hizo desistir… por el momento.
Al día
siguiente, según lo convenido, con el debido atuendo, nos unimos a la
Resistencia Española para embarcar rumbo a Andalucía, donde existían frecuentes
levantamientos contra el invasor y desde donde me resultaría más fácil llegar a
lugar seguro mientras se divertían luchando, que ya se me apetecía mi bar, mis
desayunos con mi rebanada tostada con aceite y ajo, mis partidas de siete y
media, y mis eternas discusiones con el camarero sobre la cuenta pendiente.
La
Operación Blanca Paloma en marcha. Observese a Avutardo, Lantanique y un
servidor pasando desapercibidos como rocieros de pro rumbo al Ferry que nos
llevará a Andalucía. Fue increíble como camuflamos tanques q5 en las carretas
sin que se dieran cuenta.
Desde el
Ferry de Canarias, rumbo a Cádiz, con jamón, vino y buena compañía, se despide
este corresponsal.
Espaugyl







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