lunes, 19 de marzo de 2012

Crónica sobre Pagafantismo Empresarial y eDios


Día 1.578 de eRepublik



Hoy es un día agridulce para este Corresponsal, y no me refiero a otra detención y chocopunto, que ya caerá en cuanto respire un poco fuerte o estornude a destiempo,  sino que lo digo por lo que uno es capaz de hacer por atender las quejas  de sus más bajos instintos… los comprendidos entre las rodillas y el ombligo principalmente, pero afortunadamente eR no es un eMundo sin eDios. ¿Que qué es lo que digo? Dadme un poco de tiempo y os lo explico.


Tras la quema de mi periódico por parte del nuevo departamento de BomberosAdmins de Hans y compañía no estaba yo para muchas gaitas (leed mis Crónicas anteriores y sabréis a lo que tristemente me refiero). Para rematar el día me encontré con que Lantanique estaba empeñada en reconvertir caprichosamente el lucrativo negocio de la producción de Fanta para incautos pagafantas y volver otra vez a la industria armamentística… pero a su manera ¿y quién soy yo para decirle que no a semejante conjunto de voluptuosidad repartido en turgente anatomía par, andar felino, escotados argumentos y miradas que sólo prometen pecado? Pues eso mismo, soy un imbécil, pero un imbécil que puede hacer hervir el agua cuando se da duchas frías tras una reunión de nuevos proyectos lantánicos y verla ir y venir emocionada por la sala de reuniones. Lo cierto es que ella misma había diseñado una nueva línea primavera-verano de armas la mar de practicas para toda ocasión y combate… todo carísimo y con una promoción que ella misma iba a llevar a cabo de feria en feria armamentística, por lo que tenía que renovar vestuario, zapatos, bolsos y qué se yo… así que me fui a El Bar a ver si me dejaban fiadas las próximas 25 cervezas, porque lo que era dinero no creo que me quedase a esas alturas.


Arma Q1, que en I+D me había costado mi masculinidad izquierda y parte de la otra (la yema en concreto) diseñada por Lantanique para estar siempre en contacto con las amigas… no sé aún si usarla para llamar al eJuez y leerle mi nota de suicidio antes de pegarme un tiro con la misma.


Tanque Q5 de innovador camuflaje diseñado también por mi DVNP (Directora Voluptuosa de Nuevos Proyectos)… tras esto me fui a El Bar.


Por suerte El Bar, mi oficina como Corresponsal de Guerra, el lugar donde la inspiración me llega cuando tengo que escribir, el lugar en donde acuden las musas en mi ayuda creativa, el lugar donde a veces las invito a varias copas por si aparte de inspiración consigo otros objetivos más promiscuos, había sido reabierto para mi consuelo empresarial ya al borde de la ruina.


Sentado en un taburete de la barra, contemplando ensimismado la pata de jamón, un jamón que sólo podría volver a probar si conseguía nuevas tretas para dejar a deber en aquel lugar que tan bien me conocía, volví a la realidad cuando un extraño individuo se dirigió a mí con un extraño acento, más propio de las inmediaciones de la Base de Rota o de una visita apostólica de una pareja de mormones de Utah.


-Buonos díos, my amigo- me dijo a modo de saludo un trajeado individuo rubio, con un corte de pelo casi militar, de gafas oscuras y maletín negro.

-No moleste mormonazo, que no estoy de humor- le espeté antes de beberme una cerveza entera de un solo trago para impedir que se pudiese calentar- le advierto que soy católico practicante, nunca jamás he dejado de ir a la iglesia cuando soy invitado a bautizos, bodas y comuniones y sólo estoy en el bar de enfrente un 60% del tiempo de la ceremonia, por lo que mi fe es inquebrantable- le expliqué para que me dejase en paz con mi siguiente cerveza.

-Yo no entender- me contestó el pseudomormón- yo solo querer preguntar a usted por horario de rendiciones de lugar de enfrente- me explicó señalando la Sede Gubernamental Toyotera que estaba donde antes radicaba la Central Ferretera.


Sede-Concesionario Gubernamental Toyotera cerrada de 14:00 horas a 17:00 horas, justamente entre mi cerveza decimonovena y la trigésimo octava, en las que aún suelo estar lúcido.


-¿Cómo dice? ¿horario de rendiciones?- le pregunté con mi curiosidad despertando de su letargo etílico.

-Yes, yo ser representante  of eUnited States y venir para cerrar trato con Mr. Superi, yo traer papeles para firmar y usted traer el gold para rendición- me explicó. 

-Se confunde usted, amigo- le repliqué de forma casi instintiva como suele ocurrirme en estos casos- mientras usted venía para acá llamó su Presidente y las condiciones han cambiado.

-¿Cómo decir tú?

-Lo que oyes, apreciado guiri, tu Presidente dice que ha consultado con sus asesores… un tal Lloni y un tal Llors- improvisé- y dicen que es mejor que lo hagamos al revés.

-Pero… no es posible… tendré que llamar a White House para confirmar- comenzó a balbucear completamente desorientado.

-Tú verás, pero ya sabes que con el cambio horario y eso los vas a despertar… yo de ti iría a un cajero automático a sacar el gold. No te preocupes, yo te firmo lo que sea, que de diplomáticos que han despertado a sus superiores por falta de iniciativa están llenas las embajadas de la parte gris del mapa de eRepublik.

-Espere aquí- me contestó aún aturdido por el cambio de guión.


Diez largos minutos estuve en la barra del bar sin saber si el guiri estaría llamando a los suyos o creyéndose un hábil negociador con iniciativa, pero cuando ya creía que no había nada que hacer apareció con el mismo maletín, cogido con ambas manos y no poco esfuerzo, que puso sobre la barra y abrió con una sonrisa satisfecha.


Maletín que el confiado usano abrió sobre la barra en señal de buena voluntad… Criatura.


-Cierre eso, insensato- dije entre dientes al tiempo que de un manotazo le cerraba el maletín casi amputándole un par de dedos- que esto no es Guachintón, aquí los tratos los hacemos con más discreción ¿Qué me decía de una rendición? ¿Se quieren ustedes rendir?- interrogué hábilmente para ver por dónde podía sacar tajada de aquello.

-Yo no entender muy bien lo que usted preguntar- me contestó algo confuso- quienes rendir son ustedes, nosotros pagar y ustedes dejar de dar lata ¿no era eso lo que me dijo que era ahora?

-Por supuesto, por supuesto- respondí en uno de mis habituales alardes de reflejos económicos- sólo lo ponía a prueba, no nos podemos fiar de nadie- continué bajando la voz con complicidad- en verdad lo esperaba para firmar la paz que tanto ansían nuestros pueblos.

-Ok, vayamos enfrente para firmar y yo dar gold.

-Eso es lo que querrían nuestros enemigos- dije sujetando por el brazo al guiri para que no se me escapase- pasemos a mi oficina secreta, Superi me indicó que lo hiciésemos así en su nombre- añadí mientras conducía al usano al callejón que hay junto a El Bar.


Con la promesa de una rendición incondicional a partir de las 00:00 horas (en horario oficial de Cuenca) le firmé todo lo que me puso por delante con mi firma habitual para desfalcos y otras tropelías (Fdo: Big Gil, Provocador a su servicio) y emprendí una de mis más felices huidas hacia la seguridad económica, no sin parar a encenderle un centenar de velas a San Judas Tadeo y a eDios en general.


Aún sin creérselo se despide este alegre Corresponsal de Guerra, a la espera de Lantanique y sus Ferias de Armamento, con la esperanza de que mi fortuna y su felicidad como diseñadora bélica puedan entroncar repetidas veces en forma horizontal o contra la pared.  


Espaugyl


domingo, 11 de marzo de 2012

Crónica Griposa en el Nuevo Orden Toyotero


Día 1.571 de eRepublik



Este Corresponsal de Guerra a estas alturas, con todo lo que lleva huido y de calabozos, debería estar más que acostumbrado a tener una decente mala salud de hierro, pero a veces ni los principios medicinales más etílicos me libran de adquirir en mis correrías algún virus mutado que sobreviva en mi adulterado torrente sanguíneo o incluso en mi hombro, cual loro pirata. No sé si la biotecnología ha sido empleada por nuestros enemigos en tierras patrias, pero lo cierto es que tras unos días chocopunteado y en los calabozos, pues fui atrapado tras mi última Crónica, he trabado amistad a mi pesar con un “simpático” virus que me acompaña a todas partes y que, cuando se aburre, manipula mi termostato interno y me hace moquear y ver las estrellas cuando pasa el whisky por mi garganta.


Mi nueva mascota, un virus del tamaño de un pavo, de poca conversación y nula obediencia, y que no me lo puedo quitar de encima por mucho que le tiro un palo lejos y salgo corriendo en dirección contraria.


Mi excarcelación fue tan rápida como mi detención, sin explicaciones ni ganas de pedirlas, pero algo raro noté cuando vi que tras poner un pie en la calle cerraban a cal y canto el Cuartel General Admin y llegaban cuadrillas de  albañiles y pintores como moscas a lo que en verdad es aquel sitio. Por supuesto que ni se me ocurrió preguntar qué pasaba, de hecho puse pies en polvorosa, aunque no a mi habitual media supersónica de trote, ya que el virus-pavo y sus consecuencias me hacían ser renqueante y poco preciso en mi dirección, debiendo parar en numerosos bares hasta conseguir llegar a mi fábrica, donde esperaba ser mimado por mi voluptuosa empleada Lantanique y ser epicentro de otras horizontales atenciones, ya que no puse un sofá en mi despacho precisamente para estar sentado y a solas.


Por el camino de nuevo vi cambios, porque parece que todo el mundo espera a que yo no esté para redecorar el eMundo. Por lo pronto la gente ya no llevaba gorros de piel con estrellitas rojas, las modas son efímeras, y la amplia red de ferreterías había desaparecido, de hecho mucha era la gente que se alegraba al ver algún antiguo logotipo oxidado y tirado en los contenedores de basura, sin embargo, los antiguos locales ferreteros parecían estar ocupados: una red de concesionarios de automóviles había tomado el relevo.


Los toyota o toyoteros, según autor, habían tomado el relevo de los ferreteros. Ver para creer. (Modelo inicial del logotipo de la firma y posterior evolución).


No hace falta ser periodista para saber que las noticias vuelan, y en verdad eso había pasado, porque cuando llegué a mi fábrica en tan lamentable estado y con la mascota que me acompañaba, ya se habían tomado algunas precauciones y no recibí precisamente la sucesión de cuidados sudorosos que esperaba sobre y bajo mi persona.


Lantanique recibiéndome cautamente y sin quitar ojo al virus-pavo que me acompañaba.


Pero mi debilidad era grande y el peso del virus mayor aún, por lo que sin escuchar lo que Lantanique parecía decirme con gestos y un palo mientras intentaba desnudarme y abrazarla, me desmayé afiebrado. El tiempo que estuve así no lo sé a ciencia cierta, pero cuando desperté, me rasqué el papel de lija que antes había sido mi tersa y atractiva cara, noté que ya no estaba por allí el virus y que tenía la vejiga del tamaño de un balón de baloncesto, me di cuenta de que debían haber pasado un par de días y que tenía que ir al cuarto de baño raudamente y sin movimientos bruscos.


Mientras aliviaba sonoramente el exceso de aguas de mi cuerpo, sumido en ese relax onírico de cascadas y represas liberadas que suele dejar de forma colateral un rictus en la cara de estupidez y placer primario inconsciente, oí unas sirenas que me alarmaron. Salí del cuarto de baño del  despacho subiéndome apresuradamente la cremallera, me asomé por la ventana y vi que algo debía pasar en la calle. Mi instinto periodístico despertó y, no estando Lantanique a la vista para intentar convencerla de horizontalidad alguna, decidí bajar a averiguar prudentemente lo que ocurría.


Como buenos españoles, la mera posibilidad de algo truculento o de que repartiesen algo gratis había hecho que una multitud se agolpase en la calle. Las sirenas cada vez se oían más cerca y parecía que habían parado en un edificio cercano, de hecho era en el edificio donde radicaban las imprentas de mi periódico.


Sospechosos bomberos llegando al lugar de los hechos… aunque no había ningún hecho o fuego siquiera en ese momento.


Me intrigó la llegada de aquellos bomberos de negro, tan conocidos y desconocidos al mismo tiempo. La verdad es que no se veía ni fuego ni humo y, de una extraña forma familiar, se abrieron paso con algo más de violencia de la necesaria. Cuando uno de ellos pasó a mi vera pareció reconocerme, me guiñó un ojo y… me pellizcó el culo.


No podía ser ¿era Hans ese bombero? ¿Eran realmente bomberos? ¿Eran imaginaciones mías o gritaban en alemán mientras echaban la puerta abajo con el hacha? Algo más que intrigado, en un impulso anormal en mí, más propio de un convaleciente aún afiebrado que de mi singular valentía o falta de ella, me adelanté al interior del edificio tras el supuesto Hans y sus intenciones.


En ordenada parsimonia y teutónica disciplina, Hans, pues cada vez estaba más convencido que era él, pareció ordenar que fuesen acumulando en medio de una sala los periódicos, archivos y libros que iban encontrando. Una montaña de antiguas Crónicas, de inéditas corresponsalías y libros aparentemente inocentes sobre la libertad de prensa fue formándose. En un momento dado Hans pareció verme, y sin apartar la vista de sus subordinados, que aún reunían papeles y periódicos, comenzó a hablarme.

-Herr Espaugyl, puede salirr de detrrás de la columna, no intente subirr por ella, no lleva a ninguna parrte, serría conveniente que se acerrcase y viese esto de cerrca, no tendrrá otrra oporrtunidad.

-No me escondía, practicaba el arte de la escalada estilo lagartija en columna, una nueva modalidad olímpica que conocería si fuese usted tan deportista como yo… Hans- intenté disimular sin estar muy seguro de si en realidad era el ambiguo Admin al que me recordaba.

-Sí, soy yo, ha habido algunos cambios en… el departamento, ahorra somos el Deparrtamento de Bomberros Admins. Nuevos uniforrmes, algo de cirrugía estética parra parrecerr diferrentes a gente menos observadorra que usted y funciones casi diferrentes.

-¿Hans? ¿Es usted?

-¿Lo duda aún Herr Espaugyl? Puedo nombrrarrle de memorria todos sus chocopuntos y los lugarres donde se los inflingí.- Me contestó con un extraño brillo en los ojos de insano placer.

-Pero… los bomberos ¿qué tienen que ver con su antiguo trabajo?- pregunté intrigado.

-Pues… viene a serr el mismo- me contestó al tiempo que tomaba lo que yo creía que era un extintor y lo usaba como el lanzallamas que era contra la pira de periódicos con mis Crónicas.


Hans ejerciendo de BomberoAdmin contra mis Crónicas… tan encantador como siempre el teutónico higo de fruta.


-Como puede verr hay nuevas forrmas de hacerr lo mismo- añadió sonriente con las llamas reflejadas en sus ojos de hielo.

-¿Qué mal le habían hecho esas Crónicas? ¿Mi trabajo reducido a cenizas y usted se ríe?- pregunté aún bajo la influencia de la fiebre dejando a la luz una imprudencia y valentía nada características en mí.

-Sus Crrónicas no tenían Fairr Play, ni si quierra una pizca, consulte con los Toyoteros y sus enemigos, ellos le explicarrán- me contestó con frialdad y brevedad como si yo entendiese su desviada terminología lasciva.

-¡Por supuesto que mis Crónicas no tienen Fair Play! ¿Por quién me toma? ¡Soy heterosexual y un caballero!- respondí airado.

-Eso igual tiene solución, Herr Espaugyl- añadió Hans al tiempo que limpiaba de cenizas las gafas y me miraba soñador.

-Creo que no, Hans, su camino y el mío están condenados a cruzarse, pero recuerde que yo siempre estaré a dos kilómetros del cruce cuando usted llegue- dije retrocediendo hacia la puerta sin darle la espalda a tan cruel y enamoradizo bombero.


Cuando salí a la calle me mezclé entre la multitud, contemplé con horror como ardía mi periódico y vigilé la partida de aquellos bomberos sin comprender aún por qué los toyoteros hablaban de Fair Play, por qué mis enemigos y los Admins estaban de acuerdo  y qué coño era el Fair Play.


Hans marchándose de mi periódico en llamas, probablemente pensando en mí y a punto de tocarse el muy guarro.


De vuelta en mi fábrica, sin encontrar a Lantanique para que me consuele del susto, y sin encontrar tampoco un diccionario de guiri para averiguar qué no tenían mis Crónicas, se despide este Corresponsal.  


Espaugyl

viernes, 9 de marzo de 2012

La Arbitraiedad será la que acabe con el Módulo Periodístico



Día 1.565 de eRepublik


Lo siento mucho por quien esperase encontrar otra nueva desventura del Corresponsal de Guerra Espaugyl, porque este artículo hoy no tendrá ese enfoque distendido, entre desenfadado y crítico con el eMundo que es eRepublik. Este artículo versa hoy sobre lo difícil que se está haciendo escribir con humor en este juego, en lo frustrante que es ver como una tarde entera escribiendo y parte de un día buscando imágenes se va a tomar viento en los escasos segundos que un Admin tarda en borrar y sancionar sin haber leído, tan solo por la denuncia de algún “intocable”. No cabe duda que la arbitrariedad es la que acabará con el Módulo Periodístico.

Desde que comencé a escribir en mi propio periódico he publicado en veintitrés ocasiones sin contar esta, siempre con la línea argumental de un Corresponsal de Guerra algo torrentiano, que prefiere informar desde la barra de un bar y tiene un amor platónico, que quiere convertir en puramente carnal, en la forma de una exuberante Lantanique que no le hace ni caso. Con esto y algo de imaginación he aprovechado para contar o criticar batallas, estrategias, actitudes, partidos, gobiernos y a los sempiternos y arbitrarios Admins que tan mal ejercen su poder absoluto, mirando para otro lado cuando las infracciones son de jugadores de pago y descargando el peso de la “ley” sobre quienes tan sólo bordean esa misma ley y son denunciados por los primeros.

De mis veintitrés publicaciones sólo podréis acceder oficialmente a diecinueve, ya que cuatro han sido borradas y sancionadas. Lo increíble es que es evidente que pocos o, me voy a arriesgar, ningún Admin de los que me han sancionado saben español, de hecho en los tickets que me he cruzado con ellos el tener que hacerlo en inglés ha sido parte de la discusión (les dejé claro que era una pésima política de empresa utilizar tan sólo el inglés cuando eRepublik tiene capital español y además el nuestro es el segundo idioma materno más hablado del mundo). La prueba de que no entienden el contenido es, por ejemplo, haber sido sancionado por racismo y después por pornografía cuando lo volví a publicar suprimiendo la posible imagen racista: la cosa estaba en sancionar por el motivo por el que lo denunciaban, sin leerlo, comprenderlo o tomarse mayor interés.

Es cierto que en un buen número de artículos se hacía referencia al enemigo, ya fuesen franceses, portugueses, norteamericanos, argentinos, croatas o brasileños, dándoseles en ocasiones sus denominaciones o imágenes propias de la propaganda de guerra. Y este es el punto fundamental de la arbitrariedad junto con el hecho de que no leen lo que sancionan. Me explico.

Este juego presume de ser un segundo mundo, en el que las actitudes u objetivos del real se pueden llevar a cabo, en el que la sociedad es como la auténtica, donde la política es como en la realidad y donde las guerras son… ñoñamente incruentas aunque se mate mucho, seinvadan y conquisten países. Pero ponen siempre por límite la educación, que no haya insultos ni vulgaridades y que, por supuesto, no se utilice eRepublik como plataforma para hablar de la vida real o de otros juegos. El problema es que ellos son a menudo juez y parte para decidir lo que entra o no en cada elemento sancionable. Así, es evidente que existe inmunidad para el insulto si eres un jugador de pago pero no si eres parte de la masa gratuita, se considera insulto lo que para cualquier persona es simplemente propaganda de guerra de un juego pero no se sanciona que un “inmune” se acuerde y ría de la crisis o el paro de España, se considera racismo hablar de monos pero no que nos llamen moros (lo que hace una letra), se considera incitación a la controversia (flaming) una simple arenga para combatir en una batalla pero no que alguien llegue con sus insufribles peroratas en mayúsculas a ponernos de vuelta y media… con lo que le quitan a muchos las ganas de escribir, de pasar el rato y de jugar desconectando del mundo real.

Y aquí hago un alegato a favor de la propaganda de guerra. La propaganda de guerra ha existido desde siempre, desde que una tribu ridiculizaba las costumbres de otra, rebajaba la humanidad de sus componentes y se lanzaba a la masacre porque no eran como ellos, incluso en la actualidad hay tribus en el Amazonas que se llaman así mismo “Hombres” o “Humanos” porque sus enemigos no lo son, se les puede matar como a animales sin remordimientos. No hay que irse tan lejos si queremos buscar ejemplos, como cuando los franceses decían en sus colegios que África empezaba en los Pirineos y nosotros destripábamos “gabachos” a cambio. Curiosamente el término gabacho, así como gringo,  lo utilizan también los mexicanos pero para llamar despectivamente a los estadounidenses. Los aliados llamaban a los alemanes, entre otras cosas, cabezas cuadradas y boche (asno en francés) y así podríamos estar hasta el infinito. Con esto quiero decir que desde siempre se ha tendido a deshumanizar al enemigo y este juego, que presume de ser más real que la realidad, no podía ser menos.

Soy el primero que huye del insulto y la vulgaridad, pero hemos llegado a un punto en el que el ingenio es castigado y no se nos permite ni la más mínima propaganda de guerra, ni en tono humorístico ni de ningún otro. Debemos matar enemigos por montañas para obtener medallas y cumplir misiones, pero de forma aséptica y mecánica, sin darle el toque imaginativo de juego y realidad del que carece por completo eRepublik.  El módulo periodístico lleva el camino de ser un lugar de estadísticas, campañas políticas e informes, porque los Admins sancionan cualquier atisbo de propaganda de guerra, que suele ser divertida y atrae a los jugadores a leer.

Hace mucho tiempo que dejaron de comprenderlo, pero de vez en cuando hay que recordar a los Admins que sin el componente humano, sin quienes escribimos y personalizamos con paisajes, andanzas, viajes y batallas este juego, eRepublik sería tan estúpido como parece.


Fdo:

Espaugyl
Jugador con tres sanciones en activo y amordazado ayer durante seis horas por poner un enlace a este blog  http://espaugyl.blogspot.com/ para que se pudiese leer y opinar sobre “su crimen” al escribir.

P.D.
Muchísimas gracias a todos aquellos que me apoyaron y protestaron en los feeds y con artículos por mi “ajusticiamiento” temporal (elMengu, danielcl, Sheldon12, VictorIV, Tercio de Valencia y más jugadores que con sus comentarios me han dado ánimos).

viernes, 2 de marzo de 2012

La GestapoeRepublik Informa

Día 1.564 de eRepublik
Borrado por flaming, hay que joderse.
Chocopunto e incomunicación para feeds y para publicar durante 6 horas.




Este es un llamamiento a la eciudadanía española. El llamado “Corresponsal de Guerra” Espaugyl ha sido puesto fuera de la ley. La magnanimidad del AdminFuhrer Halesius tiene un límite. Este periódico-panfleto antisocial, racista y fomentador de animadversiones sin sentido, negando la hermandad de los pueblos, por muy invasores que sean, ha sido puesto en manos de la sabia dirección de la GestapoeRepublik, por lo que el último artículo ha sido borrado y Espaugyl chocopunteado, si es que lo cogemos.

Queda prohibido acceder al blog donde oculta todas sus Crónicas, incluso la borrada ayer. Si alguien es descubierto accediendo a esta dirección http://espaugyl.blogspot.com será automáticamente puesto en la lista de librepensadores antihalesius.

Fdo:
Hans, Admin de la GestapoeRepublik


Crónica Bélica en la eEspaña clandestina


Día 1.563 de eRepublik
Borrado por "flaming" (provocador, incitador de peleas o, en su última acepción del diccionario y la que más me gusta, por fastuoso). 



Soy Corresponsal de Guerra, no lo dudéis, además soy de los pocos  que saben valorar en su justa medida su oficio, de los que saben que salvaguardar la propia integridad física es lo principal para con sus lectores. Soy responsable, nunca me veréis corriendo hacia el peligro, normalmente veréis lo contrario, ya que sé que el arriesgarme en el frente de batalla o simplemente estar a menos de una decena de kilómetros de donde suenan los tiros es un riesgo innecesario, me debo a quienes leen mis Crónicas, no puedo permitirme el lujo de resultar herido o incluso de resfriarme, por lo que es raro que me ponga en riesgo por mí mismo o incluso que me guste pasear por donde haya muchas armas… que otros no tengan la misma consideración conmigo es otro cantar, que de ebrasileños y Admins de la GestapoeRepublik está el eMundo lleno.


Mi aspecto habitual cuando me visto para informar (en el momento de ser fotografiado sólo llevaba la ropa interior, la protección en sí aún no me la había puesto).


¿Por qué esta introducción? ¿Acaso no es evidente a estas alturas que en donde haya peligro, batallas, conflictos y platanazos no me vais a ver el pelo o, en su defecto, sólo vais a ver una mancha borrosa corriendo en dirección contraria? Pues porque tengo visto y comprobado que, por mucho que me esfuerce en rehuir todo lo que me pueda ser dañino, siempre el peligro viene hacia mí, así que creo que de ahora en adelante me quedaré quieto, oteando el metafórico horizonte, y cuando vea algo sospechosamente peligroso, ya sean golondrinas con el intestino flojo, amenaza de lluvia, niños jugando a la pelota o ancianas de mirada aviesa, pienso echar a correr como nunca, hasta que se me acabe el mapa conocido y caiga en la parte gris… pero tarde he llegado a esta conclusión, justo después de haber escapado por los pelos de la GestapoeRepublik, que de nuevo me achaca y culpa de lo que otros hacen, dándoles igual que yo me limite tan sólo a informar y no haya participado en cosa alguna. Pero empecemos por el principio.


Tras volver a mi fábrica y encontrármela lantánicamente transformada en un centro productor de Fanta en cantidades que harían palidecer  incluso a un señor de color (de color negro, que lo políticamente correcto suele ser impreciso y ñoño), me habían asaltado múltiples dudas que me atormentaban, porque ¿de dónde había sacado mi empleada el capital para tanta reconversión? ¿Cómo había conseguido que mi fábrica fuese tan próspera en un país arruinado e invadido como mi querida eEspaña? ¿Por qué había un retrato del AdminFuhrer Halesius de tamaño natural en el despacho? ¿Había hecho un pacto con el eDiablo para estar aún más buena? ¿La gravedad no existía entorno a su perímetro pectoral? ¿Su secretaria era tan fea para compensar?  ¿Por qué los donut tienen agujero?


Donut sin agujero ¿Error de eDios? ¿Engendro de la Naturaleza? ¿A dónde ha huido el agujero? ¿Hasta las respuestas a mis preguntas metafísicas acaban en otras preguntas?


Con mi mente en plena ebullición, en un callejón sin salida intelectual, salí a pasear a la calle, a que me diera el fresco, a intentar llegar a conclusiones que no implicasen colaboracionismo o la mano de la GestapoeRepublik en todo esto, y de vuelta a buscar un bar, porque quienes me hayan leído en otras Crónicas ya estarán al corriente de que El Bar, con tanta guerra y tantas leches, estaba pendiente de ser reaprovisionado, encontrándose cerrado (nunca os perdonaré por esto, malditos brasileños).


A los pocos minutos de estar en la calle pude percatarme de primera mano del ambiente de desesperanza y desilusión que reinaba por doquier, con eciudadanos vagando sin rumbo fijo, sin nadie que les dirigiese, escupiendo al pasar frente a las ferreterías que exhibían carteles de “Cerrado, he salido a por tabaco, ahora gobierna el gato”, y con miradas de emigrar en cualquier momento o de acurrucarse entre los cascotes a dejarse morir. Patrullas simiescas mantenían el orden en las calles, pasé a prudente distancia de Admins enfundados en sus abrigos de cuero negro a la caza de inocentes patriotas, puestos de plátanos pregonaban su mercancía, grandes retratos de Halesius colgaban de las fachadas… daban ganas de salir corriendo, y de hecho mis piernas, mucho más inteligentes que yo mismo, ya estaban espasmódicas, como para salir disparadas.


Puesto de plátanos callejero ¿Hasta cuando ver mis calles mancilladas por costumbres foráneas? ¿Dónde está el asfalto? ¿De dónde ha salido esa selva? Ya no reconozco a mi Andalucía


Un corro entorno a algo en el suelo me llamó la atención. Mi vena periodística y la ausencia de tiros me hizo querer curiosear, quizás incluso informar, por lo que clavé unos cuantos codos, pisé algunos pies y me situé en primera fila para descubrir que era un cadáver lo que había en el suelo. Un médico lo examinaba. Le tomó el pulso, lo auscultó (no lo metió en ningún sitio para esconderlo, lector fruto de un sistema educativo deficiente), le gritó varias veces para que dijese 33 sin obtener resultados, le dio un par de patadas en los riñones y proclamó: “Está muerto, se ha suicidado con varias puñaladas en la espalda de aburrimiento y tedio”. Como si esto fuese el pistoletazo de salida de una macabra carrera, todos los curiosos se transformaron en buitres y al grito de “mariquita el último” comenzaron a registrar el cadáver, en busca de títulos de propiedad de fábricas, de cuentas secretas de oro, siendo algunos más prácticos y limitándose a llevarse el reloj y los zapatos. Avergonzado, les recriminé la actitud a todos ellos, consiguiendo que la marabunta parase, que cerrasen los ojos y guardaran un minuto de silencio, momento en el que aproveché para robarle la cartera y desaparecer. Ya lejos comprobé que mi maniobra había tenido éxito, que en la cartera del difunto, un tal Jefox, aún había 5.000 ESP. Bendito sea.


-¿El Corresponsal de Guerra Espaugyl?- me sobresaltó una voz a mi espalda.

-La cartera siempre ha sido mía y mi nombre es Jefox desde mi más tierna infancia- contesté en un acto reflejo.

-Soy un amigo-me tranquilizó- pertenezco a la Resistencia, mi nombre es elMengu, sígame- me dijo mientras me adelantaba y seguía caminando sin girar la cabeza.


Seguí a aquel individuo, de aspecto humano y español, que con muchas precauciones, cambiando de dirección y rumbo varias veces para comprobar que no éramos seguidos ni vigilados, me llevó hasta unas instalaciones abandonadas de lo que había sido el zoológico de Jerez antes de la guerra. Tras un intercambio de contraseñas a cada cual más absurda (“Ferreteros al paredón” -“ tríncame un cojón”- “Bakunín ha ido a por tabaco”-“pues cerraron el estanco”) un vigilante nos franqueó el paso.


-Bienvenido Espaugyl- me recibió un tal Cronos85 con algarabía al tiempo que me presentaba a otros miembros de la resistencia, a Danielcl y a VictorIV- nos alegra que haya aceptado la invitación de elMengu, queremos que vea lo que hacemos aquí y lo difunda, puede que la guerra tome otro rumbo si todo sale como esperamos.

-¿Tienen algún antídoto contra la desidia? ¿Han desarrollado alguna nueva arma antiplatanera? ¿Destilan su propio whisky y quieren que les de mi docta opinión como catador profesional?-pregunté curioso.

-Nada de eso- me contestó sonriente y orgulloso- nuestros esfuerzos llevan otro camino. Acompáñeme, vea el partido que le estamos sacando a tomar prisioneros en vez de masacrarlos sin piedad.


Prisioneros de guerra bajo custodia de la Resistencia



-Hemos descubierto que en algunos aspectos que estos prisioneros y un español educado en la LOGSE no tienen tantas diferencias.  Observe como se rascan el culo y luego se huelen los dedos, como intentan dormir todo el día y le piden al de al lado que le acerque un plátano para no tener que alargar el brazo, incluso hemos comprobado que pueden retener conocimientos, básicos pero conocimientos al fin y al cabo.

-¿Y cómo afecta esto al curso de la guerra?- pregunté un tanto incrédulo.

-Intentamos reeducarlos- me contestó elMengu- quizás si conseguimos que aprendan a escribir sin mayúsculas, que tengan sentido del humor, que dejen de tirarnos sus propias heces cada vez que les decimos algo gracioso, que aprendan a apreciar comidas diferentes al plátano, entonces quizás hasta los humanicemos lo suficiente para que alguno de ellos se pase a nuestro bando. Quizás podamos infiltrarles a su propia gente, que nos informen, que saboteen, que crean que alguna vez puedan aspirar a ser como nosotros y emularnos, igual conseguimos españolizarlos.

-Difícil lo veo, sinceramente.

-No se crea- intervino VictorIV- ya tenemos algunos notables éxitos- añadió al tiempo que posaba su mirada soñadora en un corpulento prisionero algo verdoso y al que llamaban HULK.


-¿Qué tiene de especial este?-pregunté escéptico.

-Pues véalo usted mismo- me contestó excitado mientras arrimaba a HULK los utensilios probatorios.- Vea como ya dibuja, escribe cosas en español e incluso nos imita con su propio sentido del humor.

-¡Asombroso!- exclamé tanto por ver que era cierto lo que decía como por la mirada de arriba a abajo que le echaba VictorIV a HULK, como deseando que usase jabón y que se le acabase de caer.


Demostración evidente de que no les faltaba razón a la Resistencia, porque he visto cuadros modernos con menos arte colgados en algunos museos.


Y en ese momento comencé a correr ¿Por qué? Pues no lo supe racionalmente hasta dos kilómetros después, cuando mi cerebro reunió toda la información que tan sabiamente mis piernas habían interpretado al instante. Los gritos en alemán aún se escuchaban a mis espaldas, los Admins de la GestapoeRepublik perseguían a los miembros de aquel campo de prisioneros, una redada, pues eso era, estaba desmantelando a la Resistencia y se me heló la sangre al oír como el Admin Hans, con un megáfono, gritaba mi nombre para que saliese si estaba escondido.


Buscando una zapatería para poder seguir corriendo con suelas nuevas, se despide este Corresponsal de Guerra, que aún aspira a poder vivir tranquilo y perseguir a Lantanique en vez de ser perseguido por ambiguos Admins y sus insanas intenciones.  


Espaugyl

Crónica Bélica-Empresarial Lantánica


Día 1.556 de eRepublik


Un Corresponsal de Guerra que se precie debe estar acostumbrado a las penalidades, y uno que huye concienzudamente  como yo pues más aún. Una semana he pasado escondido tras la barra de El Bar, mi otrora oficina, rincón de mis más insanas inspiraciones y centro financiero basado en la ludopatía cuando aún no había heredado de amigos que ya no están (no sea vago y lea mis anteriores Crónicas, como buen español le encantará leer como alguien lo pasa francamente mal por este eMundo, y si es de sangre española pues verá como los genes le hacen disfrutar, que los genes son muy chivatos).


El Bar en su mejor momento, antes de la última guerra, cuando aún había electricidad, jamón y tapas variadas… antes del desastre ecológico de que se interrumpiesen las migraciones de langostinos desde su hábitat natural hasta la barra.


Lo cierto es que El Bar es lo más cercano al Valhala que he conocido, porque era el lugar habitual de descanso de numerosos guerreros, estaba lleno de ambrosía en forma de cerveza, vino fino y whisky, había viandas propias de eDioses como el jamón, el pescaíto frito, queso, bolsas de patatas fritas y frutos secos, y estaba lleno de vírgenes para los guerreros… bueno, en verdad hay un calendario de “Talleres Martínez” tras la puerta del váter y en la hoja de cada mes hay una mecánica con menos ropa que la anterior, pero son tan sólo detalles.


En dicho paraíso me escondí, pero todo llega a su fin, porque del jamón sólo quedaba un hueso que chupé en vano durante varios días, las bolsas de patatas fritas fueron cayendo como acompañamiento, la cerveza me la tenía que beber caliente, así como el whisky sin hielo, y hasta la insinuante mecánica de Febrero, con unos guantes y una llave inglesa por único atuendo, ya arrugaba la nariz cuando iba a miccionar tras una semana sin más higiene corporal que enjuagarme la boca con vodka y enmascarar las feromonas de mis axilas con algo de vinagre de las ensaladas. No me quedó más remedio que salir al eMundo exterior, muy a mi pesar, con el miedo en el cuerpo de toparme con Admins de la GestapoeRepublik, simiescos enemigos o comisarios políticos ferreteros.


Pensando en esto último salí a la calle con mi disfraz de ferretero, aquel bicho muerto que encontré al que le puse un moco en forma de estrella rociada con Don Simón, por aquello de darle color, y que me puse como gorro para ser uno más. El ambiente era diferente a antes de esconderme en El Bar, de hecho las ferreterías que encontraba ya no estaban tan lustrosas, ni brillaban tanto sus símbolos, de hecho incluso las herramientas ferreteras de las fachadas habían desaparecido en algunos casos. Al doblar una esquina, en un parque, me topé con un nutrido grupo de comisarios políticos haciendo uso de algunas de las mencionadas herramientas a la sombra de unos pinos, mientras otros dirigían una batalla según las consignas gubernamentales del momento.


Hoz abandonada en el parque donde encontré a unos comisarios políticos y el uso que a la otra parte del logotipo le estaban dando.


-¡Eh, tú! ¿A dónde vas?- me gritó uno de ellos nada más verme en la distancia.

-A vuestro encuentro iba precisamente- disimulé dirigiéndome directamente hacia ellos.

-Pues aquí estamos, camarada- me contestó incorporándose de su cómoda postura bajo un pino y confundiéndome sin duda con otro, con un tal Camarada.

-Del Cuartel Central Cafetero Proletario vengo, del CCCP ni más ni menos y dicen que sigáis con lo que estáis haciendo, que lo hacéis de vicio- improvisé como pude.

-Es un alivio- suspiró el comisario político mientras volvía a sentarse a la sombra del pino al que tanto cariño parecía haberle cogido- sigamos entonces con la órdenes, camaradas- dijo mientras rompía otro piñón.

-¿Todos los ferreteros son parientes? ¿es un negocio familiar?- pregunté sin poder contener mi curiosidad con tanto Camarada como me encontraba.

-No le comprendo, camarada- me contestó extrañado consiguiéndome confundir al introducirme en la familia Camarada- pero quédese y podrá informar sobre la diligencia con la que cumplimos las órdenes.


Y tras decir eso me di cuenta de que en verdad una batalla se desarrollaba tras una improvisada barricada y que otro grupo de comisarios políticos observaba el discurrir de la misma mandando venir de vez en cuando a algún combatiente.


-¿Por qué combatía tanto, camarada soldado?- le gritaba a apenas un centímetro de la cara al primero de una larga fila de soldados.

-¡Por eEspaña, para liberarla del invasor!- contestó el pobre bisoño.

-Respuesta equivocada, péguese un tiro en el pie, es una orden, y váyase a un hospital y no vuelva en un par de días.

-Pero…

-Ni peros ni leches, esta batalla hay que perderla, como todas las demás, que eso lo sabemos hacer muy bien. Son las últimas órdenes de nuestros gloriosos Presidentes desaparecidos.


Únicas armas permitidas contra el enemigo estos últimos días.


Así uno tras otro eran disciplinados los soldados más ardorosos, aquellos que combatían con ganas y a los que los ferreteros conseguían bajar los humos, que eso de combatir y ganar no estaba en las órdenes. Treinta soldados después, con sus correspondientes disparos en el pie, había dejado la retaguardia más ensangrentada que el campo de batalla, como si la retaguardia fuese el sueño de un vampiro tradicional, de pelo en pecho, de matar mucho y desgarrar carótidas, y el campo de batalla fuese el bucólico lugar de correrías enamoradizas de un pálido y melancólico vampiro adolescente de Crepúsculo.


Aprovechando que ni los ociosos y sus piñones ni los más activos diluyendo la innata combatividad española reparaban en mi presencia, me fui andando de espaldas, en la astuta maniobra de huir como si viniese en vez de estar yéndome, y comencé a correr en cuanto me perdieron de vista.


En unos segundos, alcanzando casi velocidad supersónica, conseguí llegar a mi fábrica, en la que no ponía pie desde que Andalucía cayese en manos brasileñas, cuando efímeramente fue capital de eEspaña. Pensaba que me encontraría unos escombros en los que sobrevivir, incluso quizás algo de whisky si conseguía encontrar alguno de los archivadores de mi despacho y tan rápido iba en mi carrera con estos pensamientos que no reparé en ciertos detalles cuando crucé el umbral de la puerta… y el primer detalle era que había puerta, de cristal pero puerta al fin y al cabo. Cuando recuperé el conocimiento y me quité cristales de lugares inverosímiles y sumamente delicados, me encontré rodeado por una visión incluso superior al calendario de “Talleres Martínez”, y las visiones me ofrecían refrescos y todo.


Tras comprobar la veracidad de que dos cuerpos distintos no pueden ocupar el mismo espacio simultáneamente (una puerta de cristal y un servidor, por ejemplo) desperté con esta maravillosa visión publicitaria.


Lo primero que pensé era que me había equivocado de edificio, ya que no era la primera vez que confundía lo que para todo el mundo es obvio con otra cosa, como cuando en la inauguración de la fábrica quise sacar a bailar a una reticente gorda de morado sin darme cuenta que era el Señor Obispo de Jerez que había venido a bendecir el proyecto. Pero en esta ocasión no tenía disculpa, ya que me hallaba completamente sobrio muy a mi pesar.


Cuando aquellas beldades me levantaron del suelo con más ayuda de la necesaria, ya que en verdad me agarré, rocé y apoyé mucho más de lo que me hacía falta, vi que en verdad aquello alguna vez había sido mi fábrica de armas pero ahora… ¿por qué había Fanta por todas partes? ¿Por qué había latas hasta el techo? ¿Por qué había camiones que no paraban de salir con cajas y cajas de Fanta? Alguien me había robado aquello, no cabía duda, así que, no antes de pedirles sus nombres, números de teléfono, direcciones y medidas a aquellas fantásticas empleadas, subí de dos en dos la escalera hacia mi despacho.


Una eficiente secretaria, fea como el pecado, me paró en seco.


-Señor Espaugyl, la Srta Lantanique lo recibirá en unos minutos, haga el favor de aguardar en la sala de espera.

¿La Srta Lantanique? ¿ella estaba al mando? ¿en mi despacho? En un alarde de instintos primarios y amontonamiento de deseos subconscientes, conscientes y por escrito, comencé a desabrocharme los pantalones y a quitarme los zapatos… craso error, los ojos comenzaron a lagrimearme, por lo que volví a ponerme los zapatos y entré en cuanto se me invitó al despacho de Lantanique, mi antiguo despacho.


Una empresarial y voluptuosa ejecutiva lantánica se encontraba abriendo unas cartas sentada en el que fue mi antiguo sillón de directivo. Sin mediar palabra, haciendo gala de mi astucia y queriendo llevar a cabo mil planes soñados para hacerla mía, me subí a la mesa y con la escusa de cambiar una bombilla inexistente, solté el pantalón que llevaba agarrado con una mano y dejé que este cayese hasta los tobillos, dejando mi virilidad a la altura de su vista.


Inigualable visión empresarial que tuve de Lantanique ejerciendo de Directora de la fábrica.


-Bienvenido eJefe- me saludó Lantanique sin hacer caso a mi sensual y romántico plan para un digno rencuentro.

-Ahora acabo con el correo y te atiendo- añadió empuñando un abrecartas sin levantar la vista del correo y haciéndome comprender que quizás el instrumento lo iba a emplear con algo diferente al siguiente sobre.

-Me alegro mucho de verte-dije mientras me subía los pantalones y me bajaba de la mesa sin perder de vista el abrecartas.

-Ya lo veo- contestó Lantanique levantando por primera vez los ojos del correo y fijándose en cierta parte de mi anatomía.

-¿Qué ha sido de mi fábrica de armas? ¿me has llamado eJefe?- pregunté según iba procesando la información del momento.

-Ha habido algunos cambios desde que fuiste detenido por la GestapoeRepublik, eJefe. eEspaña ha sido borrada una vez sí y otra también, los bonus de armas desaparecían, no era conveniente reconvertir la fábrica al sector alimentario porque pasaba lo mismo, pero hay algo que tú y yo sabemos que no cambia nunca en este eMundo.- Me explicó emocionada, hipnotizándome con el bamboleo de sus partes pares mientras subía el grado de emoción en su discurso.

-¿Cómo dices? ¿armas no? ¿cosas que no cambian?- pregunté en modo automático aún con la mirada fija en la anatomía par que intentaba liberarse de la tela que la oprimía.

-Muchas veces me has dicho que debía dar rienda suelta a mi potencial, que debía liberarme, que debía ir más allá- siguió explicándome citando mis propias palabras aunque fuera de contexto, porque siempre tuve otras intenciones en mente al decir esas cosas.

-Pues lo he hecho- prosiguió- he focalizado mi poder sobre los pagafantas, un poder que siempre se tiene aunque sea en forma latente, y he creado un imperio… nuestro Imperio.


Así son ahora los almacenes de mi antigua fábrica de armas ¿hasta qué punto son las armas más poderosas que el poder de pagafanteo?


Muy pensativo me dejó aquello, y mucho más cuando le dije que me lo tenía que explicar más detalladamente en mi casa… y por primera vez estaba tan entusiasmada que no me tiró nada a la cabeza… y estaba tan mona allí de directiva… mona… mona… ¿habrá colaborado con el enemigo en mi ausencia y es todo una trampa? ¿es pura casualidad que se me viniese esa palabra a la cabeza o mi subconsciente me está avisando? ¿acabará todo tan mal como con el Señor Obispo de Jerez? Sólo el tiempo tiene las respuestas.  


De nuevo en libertad, con nueva fábrica y Lantanique cerca, se despide este escamado Corresponsal de Guerra. 


Espaugyl

Crónica Fraternal de Iluminación y Pollos


Día 1.549 de eRepublik


Muchas y extrañas cosas le han ocurrido a este Corresponsal de Guerra últimamente, y no hablo del frío que he pasado en el iglú en el que me refugié huyendo del Sr. Camarada, ni la proliferación de la franquicia de ferreterías que nos gobierna, ni la nieve de importación que han traído de eSiberia (léase la Crónica anterior y pregunte menos, que así no hay forma de avanzar), me refiero a cosas extrañas que me han acaecido después. Le cuento.


Un iglú sólo es acogedor si vas vestido con pieles de focas, tienes ojos pequeños y rasgados como dos puñaladas en un tomate o vas huyendo y es el único sitio donde sabes que no te van a buscar. Mi caso era el último. Los primeros días todo era novedades y ventajas porque sólo tenía que alargar la mano para tener hielo para el whisky, las cervezas las sacaba de la nevera para enfriarlas y no al revés y me reía mucho dándole martillazos a los calcetines para ablandarlos y poder ponérmelos, pero en cuanto comencé a estar sobrio ya no me hacía tanta gracia el frío de cojones que estaba pasando.


Mi refugio visto desde fuera, desde dentro es igual pero al revés. En cuanto se me pasaron los efectos del alcohol me di cuenta que no era lugar para mí.


Aún con el miedo en el cuerpo por tanto comisario político, tanto Admin de la GestapoeRepublik, tanto brasileño y sabe eDios que más, porque cada vez que pongo un pie en la calle a alguien más se le ocurre perseguirme, decidí volver a la civilización, o al menos a El Bar, pasando lo más desapercibido posible. Como para quitarme el frío había optado por beberme mi última botella de whisky, mis ideas sobre camuflaje, mimetización, no llamar la atención y volver a la civilización estaban un poco confusas, afortunadamente la cordura me visitó durante unos instantes cuando ya había modelado siete perros esquimales con nieve, había construido un lamentable trineo con ramajos y me había inventado varias ocurrentes frases en idioma esquimal mientras hartaba a latigazos a los perros sin conseguir que arrastrasen el trineo. Tras abandonar este intento, estando algo más sobrio, se me ocurrió que si me buscaba un gorro de piel, le ponía una estrella roja y decía muchas veces “camarada” igual nadie reparaba en mí. Por desgracia no había tiendas de gorros de piel por allí, ni tiendas de estrellitas rojas, de hecho por allí sólo había nieve y frío, mucho frío y… un bicho muerto, congelado o estaba muy tenso por mi presencia. Mis amplios conocimientos zoológicos me llevaron a clasificarlo como una rata, o una ardilla, quizás un perrito o una mofeta… qué se yo, un bicho al fin y al cabo, que con un par de martillazos conseguí ablandar y me lo puse en la cabeza. Lo de la estrella fue más sencillo, tan sólo tuve que sacarme un moco semicongelado, darle un poco de forma rememorando mis felices tiempos infantiles de rey de la plastilina y darle algo de color con los restos de un tetrabrik de Don Simón que guardo para emergencias. Ya era uno más del gremio de los ferreteros.


Cómo debería haber quedado mi gorro para ser uno más y cómo me quedó al final. Lo sé, debería dedicarme profesionalmente a esto, se me da bien.


Emprendí camino hacia mi Andalucía natal sin saber muy bien lo que me encontraría, pero todo lo que mi disminuida imaginación elucubró se quedó corto, muy corto con respecto a lo que encontré. Lo primero realmente extraño fue a quien encontré en un plácido y bucólico claro del bosque, donde en vez de nieve caían pétalos de rosas y en vez del ulular del viento oía un tremendo ronquido del siete en la escala Richter. Avutardo meditaba en la posición del loto. Ferreteros, disidentes y otros extraños habitantes del eMundo lo contemplaban extasiados, como esperando una señal, como esperando la iluminación. Mientras preguntaba si iba bien para Jerez y si tenían hora Avutardo abrió un ojo, miró a la concurrencia y dijo:


-¿Todavía estáis aquí, panda de drugos? ¿no os enseñaron que la siesta es sagrada? ¡Dejadme en paz! ¡Id a matar monos, a copular con árboles o daros besitos fraternales, pero dejadme en paz! 

-¡Ha hablado! ¡Ha hablado!- repetían todos en voz queda y admirada

-Ha dicho que seamos hermanos-decían unos- Ha dicho que amemos a la Naturaleza- decían otros- También ha dicho que nos unamos y luchemos contra el invasor- decían los demás.

-¡Que sí! ¡Eso mismo! ¡A ser un país otra vez y a dejarse de gilipolleces! ¡Id para casa y sed buenos y el que vuelva y me despierte lamentará no haberme hecho caso!


Avutardo apunto de mandar a la mierda a todo el mundo entre revelación y revelación.


Seguí caminando, mezclado con los acólitos que iban a difundir la Buena Nueva y llegué a mi destino… y más  cosas extrañas encontré. Casi me caigo al tropezar con un pollo sin cabeza que corría como un poseso y se me enredó en los pies, otros pollos perseguían a eciudadanos, a monos armados hasta los dientes e incluso a Admins de la GestapoeRepublik. El propio AdminFuhrer Halesius estaba con un pelotón escogido de sus Admins dando patadas a diestro y siniestro a los miles de pollos que iban sin rumbo de aquí para allá. Por cada pollo muerto surgían media docena más como de la nada, era el caos, el Fin del eMundo, el 2012 y la madre que lo parió.


Una humareda entre las casas me llamó la atención. Provenía del Cuartel General de los Admins de la GestapoeRepublik. La curiosidad me pudo y me acerqué a mirar. Yo no lo vi pero él a mí sí.


Cuartel General de los Admin de la GestapoeRepublik envuelto en llamas. Los pollos se habían escapado en la confusión.


-Cuanto tiempo Herr Espau-gyl- me saludó el ambiguo Admin Hans.

-¿Me habla usted a mí?- contesté con el mejor acento croata que pude- mi nombre es Romper y llego tarde, me voy.

-No hace falta que disimule, muchos prrroblemas hay hoy como parra que me ocupe de usted- me aclaró mientras tiraba una colilla a la nieve y la pisaba con desprecio.

-Pues es un alivio, porque esto está para dejar el eMundo… y por cierto ¿a quién están sacando en pelotas del edificio en llamas?- pregunté inocente.

-No debería usted haberrr visto eso, Herr Espau-gyl- me dijo fijando su fría mirada en mí- tiene usted un don para estar donde no debe- añadió mientras me encañonaba con una reluciente arma Q1 de 9 mm.

-Realmente no he visto nada, sólo a un viejo barbudo al que se le acaba de caer la toga en el forcejeo y que se llevan a rastras, pero no he visto…- y callé porque acababa de comprender que aquel detenido, en avanzado estado de embriaguez, no era otro sino Plato. Pero lo más sorprendente era ver como en ese momento se acercaba el AdminFuhrer Halesius, lo miraba con desprecio, le daba un beso en la mejilla y ordenaba que se lo llevaran en un furgón negro.

-Sí, Herr Espau-Gyl, todo esto ha sido cosa de Plato. Al parrecer hizo lo que no debía con una mujer de pago sobre donde no debía.

-No quiero oírlo- intenté acallarlo para que no fuese irreversible mi detención.

-Demasiado tarrde, se lo terrminarré de contarrr. Hasta esta mañana no encontrramos las brragas atascadas en un disco durro y al mediodía dimos con el sujetadorrrr haciendo corrtocirrcuíto entrre varrios cables. Si no fuese Plato tan querrido para Halesius no crrreo que se hubiese limitado a detenerrlo.

-¡Cartucho que no te escucho, cartucho que no te escucho!- repetía un servidor en vano tapándome los oídos para que comprendiese que no estaba escuchando.

-Lo que aún no sé es si es su padrre o su madrre, porrque del lugar de donde prrovenimos el bello facial no es único del varrrón.


Plato intentando apagar el fuego provocado por él y al mismo tiempo aprovechando cada minuto pagado a la profesional contratada (no se ve en la foto pero está tan desnuda como él mismo, arrodillada delante de Plato y de espaldas al fotógrafo).


Y en tan profundas cavilaciones estaba Hans cuando eché a correr. Oí varios disparos, germanos gritos de rabia y el sonido de las fuertes pisadas en la nieve de mis perseguidores, pero a la hora de correr para buscar la salvación aún no ha nacido quien me alcance.




Escondido tras la barra de El Bar, se despide este Corresponsal, gratamente sorpredido porque eEspaña se ha unido para reconquistar y cagarse todos al unísono en Plato y sus pollos.

PD: Lantanique, pasé mucho frío en el iglú esperándote desnudo. 


Espaugyl

Crónica de una amarga Medalla y del auge ferretero


Día 1.542 de eRepublik



Escribo desde una extraña clandestinidad, desde un escondrijo, algo aparentemente normal en mi evida pero sin embargo impensable hace unos días, y no lo digo por el sitio, que suelo esconderme mucho y bien en lugares no más grandes que una caja de zapatos si hace falta y soy perseguido con esmero,  sino por mis perseguidores, por quienes ahora me buscan y hacen que me replantee mi destino inmediato… pero empecemos por el principio, desde mi huida de las mazmorras del Cuartel General de los Admins de la GestapoeRepublik tras ser chocopunteado.


Con más de una docena de cucharillas de café conseguí hacer un túnel hasta la libertad (léase mi Crónica anterior), pero llegué a una libertad relativa, porque eEspaña estaba invadida y repartida entre eBrasil y eEEUU, y ni que decir tiene que la GestapoeRepublik campaba a sus anchas, como si ahora eEspaña fuese un parque temático Admin en el que incluso se pudiese cambiar el curso de las batallas por diversión. Mi Andalucía había caído, la efímera capital, mi patria chica, mi tierra de excelentes caldos, de buen yantar y excelente climatología, de paisajes abruptos de sierra, de paisajes amables de costa, de chiringuitos y tapeo, de inocentes camareros y grandes cuentas a deber, ese paraíso era ahora brasileño… pero la lucha continuaba, a cada poco había un levantamiento y al grito de ”Me vi a cagá en los putos monos” se le inflamaban a los patriotas las venas del cuello y se lanzaban contra el enemigo ciegos de furia por ver a tanto primate hoyando nuestras tierras con sus defecaciones.


Andalucía intentaba librarse del invasor una y otra vez, pero había más patriotismo que resultados, el enemigo era más fuerte y organizado.


Como buen Corresponsal de Guerra no quise molestar a los muchachos que luchaban a brazo partido con los ebrasileños, que importunar en esos momentos solo puede llevar a que te den un tiro o un platanazo y luego ponte a reclamar, así que decidí hacer mi Crónica a salvo, desde mi oficina (el bar que hay debajo de mi casa, para los que todavía no me conozcan), un lugar relajado donde las musas acuden en mi ayuda cuando tengo que escribir, y afortunadamente son musas en forma de cerveza y/o vino fino,  acompañadas de alguna tapa y media ración de jamón. Cuan cierto es que cuando las musas no quieren venir es imposible escribir, al menos yo raramente escribo sobrio.


Con tan idílicos pensamientos me encaminaba hacia el bar cuando el horror me salió al encuentro, la peor de mis pesadillas se hizo realidad y quise morir por la apocalíptica visión que me encontré, pues el bar, perdón, El Bar estaba siendo sitiado por fuerzas enemigas, por legiones de primates que, tras ajusticiar contra una pared a los últimos soldados españoles, se disponían a arrasar con sus vehículos blindados y sus terribles platanoexplosivos este rincón de Andalucía tan especial para mí.  No sé si seré capaz de transmitir lo que significa El Bar para este Corresponsal porque para mí es el mágico lugar de mis mejores Crónicas y partidas de cartas, el bucólico sitio donde la inspiración me acompaña hasta al cuarto de baño, el único lugar donde suelo ser feliz, donde sonrío por las mañanas ante mi café y mi tostada de campo con aceite y ajo del tamaño aproximado del hocico de un mulo, el único lugar donde dejo a gusto que mi conciencia etílicamente me abandone y a veces amanezco relajado bajo un taburete con sabor a colillas en la boca a pesar de que no fumo (ya he aprendido a cerrar la boca cuando barren, incluso cuando estoy inconsciente) y no podía permitirlo, no, no podía permitir que me arrancasen, que me extirpasen esa parte de mí. He soportado chocopuntos, persecuciones en varios continentes, continuos e inexplicables rechazos carnales por parte de Lantanique, el expolio de mi fábrica durante la caída de Andalucía, la quema sin motivo de mis cajas de herramientas, pero El Bar, eso no… no…. no…  ¡QUE NO, COÑO!


Pelotón de fusilamiento brasileño acabando con la última Resistencia española entorno a El Bar.


Cegado por lo que sentía hice algo que no sabía ni que era capaz de hacer: Me dispuse a combatir. Aprovechando que las tropas enemigas estaban despiojándose unos a otros en cordial camaradería propia de su especie, me infiltré entre ellos dando los buenos días y rascándome la cabeza y el culo al mismo tiempo para no parecer diferente. Me dirigí hacia un tanque Q6 reluciente y con las insignias de eBrasil que estaba al ralentí frente a El Bar esperando órdenes para arrasarlo todo, introduje la cabeza por la escotilla, enseñé un plátano y cuando conseguí la atención de los tripulantes del blindado tiré el plátano bien lejos. Aproveché la carrera desesperada y la pelea subsiguiente que hubo por el plátano en la nieve, me metí en el tanque y cerré la escotilla… ¿nieve? sí, había visto bien, había nieve por todas partes y gélidos vientos siberianos comenzaban a hacerme tiritar, pero la cuestión en ese momento era otra, mi determinación era evitar la destrucción de mi particular santuario.


Gracias a mi astucia seguían peleándose en la nieve mientras yo me hacía con un magnífico tanque Q6.


Sin que se lo esperasen comencé a arrearles cañonazos a los desprevenidos brasileños, que saltaban y gritaban mientras me tiraban plátanos y heces. No me amilané por el horror que estaba causando, por la carnicería de mi alrededor y seguí disparando, repeliendo contrataques, sólo pensando en mi objetivo, en la salvaguarda de El Bar. Durante casi dos horas, hasta que me quedé sin munición, estuve disparando a cada hocico que veía asomar, a cada soldado que intentaba darme un platanazo, era una marea incesante y estaba solo, pero cuando se hizo el silencio vi que algo había conseguido, porque las tropas enemigas pasaban de largo, no queriendo molestar a tan bravo soldado, no queriendo despertar de nuevo a la bestia que habita en mí. Por radio me comunicaron que se me concedía una Medalla de Héroe por lo que había hecho, mi primera medalla, pero había sido una satisfacción personal, de nada había servido, sólo salvé aquel rincón: el levantamiento de Andalucía había vuelto a fracasar.


Salí del tanque, me adentré en mi preciado Bar y busqué una botella de Brandy de Jerez tras el mostrador para ver si entraba en calor. Me serví una copa de balón (casi de reglamento, todo hay que decirlo) y contemplé la calle, los escombros, la nieve haciendo remolinos con el viento siberiano… joder ¿por qué hay nieve en esta parte de Andalucía, si la última vez que nevó en Jerez fue en el 54? Y entonces vi que había cosas que habían cambiado desde que me detuviesen los Admin de la GestapoeRepublik ¿desde cuando había una ferretería frente al bar? Al menos eso parecía, porque el logotipo era una hoz y un martillo ¿por qué había tanta gente con gorro de piel y una estrellita roja en el gorro? ¿por qué corría ese muchacho de la División Azul y por qué otros españoles con gorros y estrellitas iban tras él? Debía ser algún juego. Pero lo curioso de todo esto es que los de las estrellitas te transmitían la sensación de que iban a su bola, como si no estuviesen en un país ocupado, de hecho el enemigo pasaba en formación a varias calles de distancia como si no los temiesen… ni idea.


Logotipo de la nueva ferretería que han montado frente a El Bar. Deben estarse poniendo las botas o es una franquicia porque veo el mismo logotipo por todas partes.


Uno de aquellos españoles de gorro de piel y estrellita roja en el gorro entró a El Bar.


-Buenos días, camarada- me saludó al tiempo que se presentaba, aunque era la primera vez que me encontraba con alguien que añadía su nombre al final de un buenos días.

-Buenos días, Espaugyl- contesté para no ser menos, presentándome de igual manera.

-¿Cómo dices?

-Que me llamo Espaugyl, Sr Camarada.

-No te entiendo

-YO ESPAUGYL, TÚ CAMARADA- le contesté en el idioma universal de los gritos pensando que igual era extranjero y me tenía que hacer comprender aunque le sangrasen los tímpanos.

-No me grites, camarada- me respondió.

-Y dale. Camarada eres tú, yo soy Espaugyl- le contesté con paciencia, sabiendo que el idioma español a veces los extranjeros lo hablan y prostituyen con alevosía.

-Lo que tú digas, camarada, yo sólo he venido a beber y olvidar.

-Pues has dado con la persona adecuada para acompañarte- le repliqué olvidando nuestras diferencias lingüísticas y por qué se empeñaba en llamarme con su propio nombre- ¿Trabajas en la nueva ferretería?- le pregunté amablemente mientras le llenaba su copa.


Generosa copa de Brandy de Jerez que le puse al Sr Camarada y en la que habría miccionado si llego a saber lo que vendría después


-¿La qué? Ah, sí, ya entiendo, un disidente ¿no? No te preocupes por mí, puedes hablar en confianza, llevo esta estrella roja por seguridad, no quiero acabar como otros- me comentó en tono cómplice y bajando la voz.

-¿Como quienes?- no entendía una mierda, pero en los siguientes minutos me enteré de que al parecer había gente que trabajaba en las ferreterías de buen grado, gente que trabajaba obligada y no estaban bien vistos y gente que perseguía y vigilaba a los que trabajaban y a quienes no querían trabajar. Y por supuesto hice la pregunta del millón:

-¿Y la guerra, cómo la llevan los ferreteros?

-De allí vengo, un desastre- me contestó- Acabamos de perder otra batalla, hemos perdido el respeto que nos tenían, hasta nuestro aliados van a su bola.

-¿No erais suficientes?-pregunté intrigado.

-Éramos el ciento y la madre, verás: Había como 50 Generales, 300 Comisarios Políticos, 20 Jefes de Propaganda, 40 Animadores Culturales, 15 Ideólogos del Partido y la tropa.

-No entiendo- añadí aún intrigado- ¿pocas armas quizás?

-El problema era otro, no me dejaste acabar. La tropa la componíamos otro soldado y yo, que avanzamos mientras los comisarios políticos nos observaban desde las trincheras y los cincuenta generales nos gritaban órdenes contradictorias… al final el otro soldado desertó a ePolonia y yo me retiré aún a sabiendas de que me esperaba un Tribunal del Pueblo para juzgarme por Alta Traición.

-Vaya panda de incompetentes estos ferreteros- dije entre sorbo y sorbo de Brandy- mejor que monten una papelería, parece que aparte de cargos y logotipos no hacen mucho más ¿Y saliste mal parado del juicio?- pregunté en tono distraído.

-En verdad fatal, pero pude conmutar mi pena de muerte por servicios al Pueblo, de hecho si entrego a Traidores que no sean del Partido y hablen mal de ellos incluso podré hacer carrera en la franquicia de ferreterías, en la URFF (Unión de Representantes de Ferreterías y Ferralla)- me explicó al tiempo que sacaba una pequeña grabadora en funcionamiento y la depositaba sobre la barra. Ver la grabadora, ponerse a gritar ese energúmeno para que viniesen sus amigos, y yo salir corriendo a buscar un buen escondrijo fue todo uno. Ahora son mis compatriotas, los españoles, quienes me persiguen, como si no tuviese suficiente con los Admins y los brasileños.


Escondido en un iglú, bajo la nieve de importación que han traído estos ferreteros, se despide este Corresponsal de Guerra soñando con la calidez no conseguida de Lantanique, esté donde esté. 


Espaugyl