jueves, 20 de septiembre de 2012

Crónica de un Secuestro y Posible Ejecución ¡Socorro!


Día 1.689 de eRepublik



Hace tiempo y muchos kilos me llamaban Espaugyl, el Corresponsal de Guerra, el de la sin par carrera cuando acecha el peligro, el del “sexapil” por antonomasia,  el atraedor de Lantaniques y otras beldades sin proponérselo (aunque ellas ni lo sospechan) y atraedor de Admins de gusto trabucado y anti-natura. Pero ahora soy una sombra de mí mismo, no sé siquiera si podría dar abasto a una mera docena de féminas en una noche de pasión y desenfreno. ¿Cómo he llegado a tan lamentable estado? ¿Cómo es posible que mi apolíneo cuerpo esté tan maltrecho y carente de su habitual masa muscular (adiposa, dirían las malas lenguas)? Todo tiene su principio y lo normal es empezar por él.


Hace semanas, meses, quizás años, no lo sé, escapé de eChina en plena guerra escondido en una bomba de destrucción masiva. Siendo prisionero-esclavo aproveché un descuido en la fábrica y la vacié de explosivos, la llené con revistas de chinitas con poca ropa, un saco de arroz, un jergón y una almohada, me metí dentro y esperé a que un visero la adquiriese y me mandasen fuera de eChina, como al parecer ocurrió porque noté como era llevado durante muchas horas a alguna parte.


Genial plan de fuga desde eChina consistente en meterme dentro de esto. Sí, estoy dentro y no calculé que podía estarlo durante bastante.


El plan parecía genial pero según iban pasando los días fui descubriendo las lagunas del mismo. Por lo pronto cabía la posibilidad de que me lanzasen sobre cualquier país enemigo de TEDEN (mucho y por detrás, queridos enemigos), situación que me daría la libertad pero sólo en parte, perdón, en partes, ya que el impacto desde gran altura me haría quedar como poco algo troceado, más bien hamburguerisado (y no me refiero a hacerme ciudadano de ninguna ciudad de eAlemania).

Otra evidente laguna de mi plan era la posibilidad de ser almacenado por el visero para una mejor ocasión “sine die” (sine die: locución latina que significa que no consigues un diez por mucho que estudies/copies, también se refiere a que no tiene fecha de que saques ese diez o a que pase algo). En tal caso igual el no haber previsto llevar ni una gota de ese líquido transparente, sin alcohol y completamente prescindible habiendo bares (agua, creo que se llama) podía ser un problema para hacer bajar el arroz si el encierro se prolongaba.


El tiempo fue pasando dentro de la bomba. Las “lecturas” que me llevé en principio ayudaron bastante a pasar el tedio, pero descubrí que tanta “lectura” puede darte calambres en el brazo derecho y ayuda a la deshidratación, para que luego digan que la cultura es buena. Cuando agoté las pilas de la linterna mi afición a la anatomía de otras razas quedó en suspenso, porque por mucho que palpaba las fotos descubrí cuan insensibles son los chinos hacia los discapacitados, porque un ciego poco tenía allí para palpar que no fuese propio.


Ejemplo de mis “lecturas” culturales durante el tiempo que funcionó la linterna (menos mal que agoté las pilas, casi me deshidrato de tanto… culturizarme).


Los días seguían pasando y mucho de mi ingenio tuve que tirar para sobrevivir. Sin ser caníbal descubrí que aquellas chinitas podían ser devoradas en más de un sentido, ya que el papel de sus fotos era un excelente acompañamiento para el arroz. Lo del líquido elemento era un problema que resolví como pude con una bolsa de plástico, un par de calcetines y mis semisólidos y amarronados calzoncillos, que hicieron de filtro potabilizador a mi sudor y otros ambarinos líquidos. Lo curioso de todo esto fue descubrir que el color y el sabor de lo que salía de estos filtros llegó a gustarme bastante, pues he degustado consomés en bares infectos no muy diferentes y quizás menos sustanciosos y alimenticios.


Con una par de calcetines sucios, los calzoncillos y una bolsa de plástico cualquiera puede sobrevivir potabilizando sus propias cosechas de “líquido elemento”. Lo del sabor y el color es otra historia.


Cuando ya lo había agotado todo, porque hasta las amarillentas y deliciosas uñas de mis pies habían sucumbido a mi insaciable hambre, oí un sonido de esperanza en el exterior tras semanas de aterrador silencio sólo roto por mis escasas ventosidades que me sumían en un sopor anaeróbico.


-Ya poderr salirr tú, Espaugyl- oí que decía una voz Admin que siempre que la oigo me hace querer correr en tantas direcciones como tiene una brújula nerviosa y tan lejos como distancia hay hasta las antípodas.

-¿Herr Hans?- pregunté mientras me cegaba la primera luz que veía en semanas cuando una sección de la bomba fue abierta desde fuera.

-Hay quien en la intimidad me llama Madrre Superriorra, pero no llevo la rropa adecuada y estoy de servicio- me contestó con un extraño brillo lascivo en sus teutónicos ojos.

-Gracias por salvarme… Sor Hans- dije dubitativo con el sentimiento contradictorio de querer sobrevivir a toda costa pero querer conservar mi heterosexualidad y sanas mis oquedades.

-Quizás en otrro momento yo aceptarr el trratamiento, hoy estarr trrabajando- me contestó al tiempo que se interponía entre él y una cámara del techo que nos vigilaba y me la señalaba con rígido disimulo germánico (levantó una ceja, después otra, hizo un amago de señalar que se convirtió en un instintivo brazo en alto a lo romano y después me lo escribió con letra gótica en un papel viendo que no comprendía una mierda).


Sistema de vigilancia patentado AdminFuhrer Halesius, común en todo eRepublik  y del que Hans quería que me apercibiese.


-El eMundo ha estado mejorr sin usted- continuó Hans mientras yo casi ni lo escuchaba sin apartar la mirada de sus manos, acuciado por el hambre, envidiando sus apetecibles uñas que devoraría hasta con la roña.- Sin sus Crrónicas hemos tenido menos trrabajo y sin sus Boletines de Ahorra España los tickets han disminuido en un 73,8 %. Durrante su encierro voluntarrio que tanto trrabajo nos ha ahorrado, hemos movido los hilos parra que un gato con una tostada en la espalda sea el eRey de eEspaña, parra que una oveja se convierta en ePresidente , parra que el Módulo perriodístico se vaya a la mierrda inventando orrganizaciones de votantes que desalientan a escrribirr con calidad y prronto conseguirremos que Lantanique sea de derrechas y rrevele al eMundo que es en rrealidad un hombrre.

-Buenas noches- contesté metiéndome de nuevo en la bomba de la que nunca debía haber salido- creo que aún queda algo de papel y granos de arroz ahora que tengo luz, avíseme cuando la pesadilla acabe o usted se vuelva heterosexual- añadí tapándome las posaderas al darme cuenta que le daba la espalda.

-¡Esto acabarrá cuando el AdminFuhrer Halesius quierra y no cuando usted lo diga, escorria española!- me gritó al tiempo que salían de la nada Otto y Fiedrich y me obligaban a salir de la bomba con amables patadas y porras eléctricas.

-Nunca captarás mi sentido del humor Sor Hans- intenté enternecerlo- dígame qué desea y veremos qué podemos hacer- proseguí encogiendo con mis escasas fuerzas todos mis esfínteres.

-Hacedlo callar- ordenó Hans a Otto y Fiedrich que me dieron diligentemente otra ración de patadas y porras eléctricas.

-Aún hay quien se acuerrda de usted, de vez en cuando interrceptamos MPs que le prreguntan donde está y en algún feed se le menciona. El AdminFuhrer Halesius ha prrogrramado su ejecución televisada parra solventarr este prroblema parra dentro de trres días. El problema Espaugyl pronto será tan sólo un rrecuerrdo.


Mi primer pensamiento fue claro y meridiano, el típico de alguien frío acostumbrado a enfrentarse al peligro y correr más que los demás, un pensamiento analítico que contenía la respuesta junto con el planteamiento del problema, y así las palabras se fueron formando en mi cerebro y mis labios comenzaron a moverse solos para mi propia estupefacción:

-¡HIJOLAGRANPUTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

-¡Calla!- me gritó al tiempo que me silenciaba de una sonora bofetada. Pero noté algo extraño, porque, al tiempo que me hacía saltar un diente, el muy cabrón me introducía un papel en la mano y me guiñaba un ojo sin lascivia, más bien buscando camaradería.

Cuando quedé a solas en el enorme almacén de bombas donde había ido a parar, de espaldas a la cámara leí el papel que el Admin Hans de la GestapoeRepublik me había pasado:

Querrido Herr Espaugyl:

Ni porr asomo piense que deseo su muerrte, ya que la necrrofilia no suele darrme grrandes satisfacciones, prrefierro saciarr mis apetitos en carrne que pelee y arrañe, como sé que harría usted, su muerrte me impedirría disfrrutarrlo. Además hay más Admins que sin el trrabajo y la guerra que da usted con sus tickets pronto irrían al parro, por lo que somos varrias decenas los que hemos convencido al AdminFuhrer Halesius parra que le perrmita vivirr si la siguiente Crrónica que escrriba lo encumbrra a la Medalla de Medios sin Clubs de Votantes ni gaitas. A Herr Halesius le ha encantado que su vida dependa del deterriorrado Módulo Perriodístico, no podía parrar de rreir mientras acarriciaba su gato blanco con saña dejándolo casi sin pelo.

Suerrte


Almacén de bombas donde me hallaba y que casi detona al unísono cuando tras leer la nota de Hans volví a gritar mi sentir: ¡HIJOLAGRANPUTAAAAAAAAAAAAA!


Desde el lugar de mi secuestro y oyendo cada vez más fuerte el imaginario tic tac hacia mi ejecución se despide este Corresponsal deseando una paella para seis, un mollete con jamón y un par de horas con Lantanique como última voluntad si no consigo las subscripciones suficientes.


 Espaugyl

Crónica de mi huida de eChina con destino visero


Día 1.661 de eRepublik



Desde que me entregué a las autoridades chinas para no caer en manos del insano Hans, el Admin de la GestapoeRepublik que gusta de chocopuntear a diestro y siniestro o, más en su estilo, por delante y por detrás, he conocido a nuestro enemigo más amarillo en profundidad… en demasiada profundidad, porque el idílico comienzo con mi guardiana ha acabado mal (lean mis anteriores Crónicas, es largo de explicar). Soy una víctima de mi sexapil (sex appeal se empeñan en decir los guiris de bárbaras lenguas), y mi natural inocencia suele hacer que esté siempre en las garras de mujeres fatales que para colmo no se dejan tocar ni un pelo… y de los de la cabeza ni hablamos.


La soldado china a la que me entregué y que insistió en ser mi guardiana mientras permanecí en una celda en Shangai… si lo llego a saber corro en dirección al agua, tarde o temprano hubiese llegado a otro continente.


Todo comenzó hace unos días, cuando aún creía a mi guardiana cuando me decía que me “valolaba mucho”,  pero era normal que me creyese que me valoraba y algo más, ya que su mirar de sospecha parecía desnudarme como a un apetecible macho ibérico más que como a un prisionero, pero es que no sé qué les doy, sólo hay que ver cómo Lantanique cada vez me tira los objetos con menos fuerza, como para que no sangre mucho, prueba inequívoca de cuanto las atraigo.


Aquel día me encontraba como siempre por la mañana, desnudo esperando mi desayuno chino, consistente en tortas de arroz con infusión de arroz y arroz para untar, intentando así despertar los instintos femeninos de mi guardiana, cuando tuve que tapar mis partes pudendas al ver que mi enamorada que tanto me valoraba, o eso creía, venía acompañada por un médico chino o un médico con mucho sueño, que sigo sin enterarme muy bien por qué van siempre con esos ojos medio cerrados de sospechar de todo o de estar recién levantados. El médico, veterinario o lo que fuese, porque una bata blanca igual en eChina sólo significa que has salido a la calle con lo primero que has encontrado, como tantísimos que parecen ir aún en pijama de seda, me examinó, me contó los dientes, me hizo saltar a la pata coja mientras tenía que guiñar y hacía como que volaba aleteando con los brazos cacareando (sospecho que innecesariamente porque los muy cabrones se reían mucho) y finalmente, tras cierta airada discusión, le entregó un par de lingotes de oro a mi guardiana, a la que no volví a ver desde entonces, así se le atraganten, porque al parecer tan sólo me cuidaba para sacar un mejor precio por mí.


El precio de un maravilloso ejemplar ibérico como yo en eChina está en dos lingotes de oro pero no creo que sentirse valorado sea eso o yo cuando estoy sobrio no termino de captar el sentido de algunas palabras.


Aquel médico medio dormido me llevó en un furgón, con una capucha para que no pudiese ver nada y fuese más difícil escapar, hasta mi destino, pero en un semáforo, cuando el chofer frenó y se bajó en persecución de un suculento perro que corría desesperado con varios miles de chinos detrás, atisbé algo que si llegan a saber que vi probablemente hubiese acabado junto con aquel perro en alguna cocina con pocos escrúpulos: Vi por qué la economía no es la que era y la prueba de que ellos tienen la culpa, vi al BOT controlado por los malditos amarillos.


El BOT por las calles de Shangai, los chinos también tienen la culpa de que ya no se le vea por eEspaña.


Con la capucha otra vez en su sitio, sin decir lo que había descubierto, remprendimos el camino hasta llegar a una imprenta, donde me llevaban para trabajar de sol a sol en agotadores turnos de doce horas continuas, teniendo incluso que comer y dormir junto a las máquinas. No cabía duda de que me encontraba en el paraíso proletario ferretero chino pero me hubiese gustado más conocerlo en un documental del National Geographic  desde mi sofá y algo perjudicado por el alcohol de la noche anterior.


En los escasos minutos de descanso que había cuando los guardianes tenían que ir a por un látigo nuevo hice amistad con otros presos que estaban allí por motivos que aun no entiendo, como el preso 45213698, que al parecer cruzó por un lugar sin paso de cebra con las compras del Mercadona cuando pasaban unos militares en sus vehículos.


Mi compañero, el prisionero 45213698, momentos antes de ser detenido cuando salía del Mercadona con sus bolsas y cruzó por un lugar sin paso de cebra para mosqueo de algunos militares.


También descubrí en aquella imprenta que los vínculos de eChina y los ferreteros-norder de eEspaña eran mucho más profundos de lo que había supuesto, ya que allí se hacía lo único de calidad que hicieron al principio de su mandato: el marketing publicitario. Pero al poco fui trasladado porque el Norder, gracias a eDios, fue descubierto en sus traiciones  y ya no tenía objeto mi trabajo, por lo que terminé en una fábrica de armamento, donde el ritmo de trabajo era aún más agotador desde que fabricaban unas bombas tamaño King África que hacían que contuviésemos la respiración y pasásemos por la vera de puntillas por si les daba por estallar.


La imprenta a todo trapo produciendo una muy conocida simbología en eEspaña… las vinculaciones con eChina cada vez me eran más evidentes.


Los días pasaban y poco a poco fui meditando un plan de fuga en solitario, porque lo de intentar congraciarme con la joven cocinera de la fábrica para que me ayudara no funcionó, y no fue porque no se sintiese atraída por mi cuerpo apolíneo, que no hay mujer que pueda negarlo sin que yo sepa que en verdad bulle en deseo por mí, fue por algo que debí decir, porque esas culturas de tan lejos no tienen ni puñetera idea de hablar en cristiano o de entenderme por mucha sustitución de la “r” por “l” que haga ni por mucho que les grite, que es bien conocido que es un método infalible para que un extranjero comprenda el español o que le sangren los tímpanos, que son la mar de delicaditos.

Según mis notas lo único que ocurrió fue que cuando recibí mi ración de arroz, cocinado con sumo amor y muy práctico (lo mismo era un alimento que un estupendo pegamento para pegar carteles), quise romper el hielo. Al tiempo que con mi mirada más seductora intentaba fijar mis ojos en los suyos, que debían estar por allí dentro en las hendiduras bajo los párpados, le pregunté si tenían algo de carne, albóndigas por ejemplo, porque ya estaba comenzando a tener acento valenciano de tanto arroz como engullía. La chinita no me comprendía, y eso que albóndiga no tiene erres, así que en un alarde de poliglotía opté por pedirle en la comida sus mejores bolas chinas, las que manipulaba con más amor y dedicación… No me volvió ni a hablar ni a servirme la comida, desde entonces me hacen comer con los presos más antiferreteros de la fábrica.


Típica imagen del momento en que nos sirven la comida a otros antiferreteros y a mí desde que le pedí un cambio de menú a la cocinera… son gente extraña en sus reacciones.


Desde este incidente, y aún  no sé por qué, estoy asignado a los trabajos de más confianza, de hecho al de más confianza, al momento en el que a las bombas de destrucción masiva  hay que ponerles la espoleta y compruebo con mi martillo que todo está bien ajustado antes de empaquetarlas. Lo curioso es cómo respetan mi trabajo, cómo toman en cuenta mi necesidad de concentración y salen corriendo en tantas direcciones como hay en el Universo para dejarme a solas con la bomba (varios chinos, no sé cuales porque son todos iguales, suelen ser bajados de las lámparas de la nave industrial sin saber si quiera como han llegado allí).


Cuando esto ocurrió varias veces seguidas elaboré mi plan: la siguiente vez que se reagrupasen todos tras mis comprobaciones yo ya no estaría, una bomba puede ser un lugar muy cómodo si se la deja sin explosivos, se introduce un jergón y una almohada, varios sacos de arroz y alguna revista de chinas de anatomía lantánica.


No os molestéis en buscarme en la foto, estoy dentro esperando a que un visero gane una de estas y salir del país. Con estar fuera de eChina me conformo.


Desde mi cómoda bomba, con mis revistas y mi imaginación pasando el rato, recordando que Lantanique estará por ahí desconsolada sin mí, se despide este Corresponsal sin saber muy bien dónde va a acabar.  


Espaugyl