sábado, 9 de junio de 2012

Crónica desde eChina nuevamente (y van dos)


Día 1.655 de eRepublik



Los Corresponsales de Guerra suelen ser gente intrépida, valiente, arriesgada y objetiva, tan sólo preocupados por informar y por dar a conocer con imparcialidad lo que ocurre en el frente de batalla, por eso ni yo entiendo por qué elegí esta profesión, ya que creo que del listado anterior sólo coincido en “preocupados por”, que en mi caso suele ser “por mi propia seguridad”. Y digo esto porque tras más de una semana a mi pesar en eChina sigo sintiéndome tan inseguro como al principio, cuando tuve que esconderme del sempiterno Herr Hans, el ambiguo Admin de la GestapoeRepublik que quiere chocopuntearme hasta que no pueda sentarme, que aquí se hace llamar Hel Hang para no ser reconocido (recomiendo la lectura de mi Crónica anterior para saber de lo que hablo).


Lo cierto es que el hecho de que Hans quisiese pasar desapercibido en eChina me tenía preocupado, porque hablamos de alguien que pasea por los campos de batalla altivo, con paso firme y la mirada fría, sin importarle lo cerca que puedan pasar las balas o la metralla, sólo deteniéndose aquí y allá cuando vislumbra entre los combatientes una cara bonita mal afeitada y le brillan de deseo los ojos al mandar detenerlo para chocopuntearlo en privado. Así es Hans, un teutónico Admin contra-natura que mejor evitar y que no suele disimular su presencia si no es por algo.


Herr Hans mimetizado para pasar desapercibido pero sin poder disimular sus fríos ojos llenos de lascivia pensando en chocopuntear.


No soy de los que opinan que sea cierto aquello de “ten cerca a tus amigos pero ten aún más cerca a tus enemigos”, que lo debió de decir alguien que tenía a su enemigo atado de pies y manos y apuntándole a la sien con una Q1 al menos, porque yo si no es así suelo poner muchos kilómetros de por medio y a velocidad nunca inferior a la de un Ferrari con oxido nitroso. Aun pensando así decidí desentrañar el misterio de “Hel Hang”, porque sí soy de la opinión que mejor saber lo que trama un Admin antes de que te caiga encima la trama, un saco de chocopuntos y la madre que lo parió. Pero hasta seguir disfrazado de chino a un Admin de la GestapoeRepublik mezclado con chorrocientos millones de chinos por las calles de Shangai es peligroso, y no por ser descubierto sino porque en eChina por cada habitante hay al menos una docena de bicicletas, que son engañosamente inofensivas salvo cuando al cruzar una calle se pone el semáforo en verde y un alud de gente con cara de dormidos acometen los pedales con furiosa indolencia y tienes que correr por tu vida.


Supongo que acerté a cruzar la calle en plena Vuelta Ciclista a eChina, que por tamaño y duración tiene competidores de todas las edades, ya que comienzan la Vuelta cuando son aún jóvenes y van acabándola en plena tercera edad.


Advertido del peligro de las calles de Shangai estuve más precavido según seguía a Herr Hans, aunque algún susto infundado más me llevé más adelante.  El Admin de la GestapoeRepublik se sentía muy seguro con su hábil disfraz y caminaba con la guardia baja sin apercibirse de mi presencia, aunque de vez en cuando disimulaba por mi cuenta haciendo como que era más chino que los chinos y preguntaba cosas como: “¿Dónde habel buen pelo pala comel” o “yo chino de toda la vida, de la misma eChina ¿no quelel conocelme sin lopa, bella chinita?”, pero eran meros subterfugios para parecer uno más.


Cuando al fin llegó a su destino el teutónico Admin, a un restaurante chino, como no podía ser de otra forma, me quedé vigilando enfrente haciendo como que leía un periódico lleno de monigotes de esos que llaman escritura y que sólo sirve para dar dolor de cabeza si intentas descifrarlo. Tras una hora o así, cansado de esperar y viendo que poco iba a conseguir desde allí, me dispuse a entrar para averiguar lo que se cocía dentro, pero en el último momento me detuve cuando vi a unas figuras sospechosas que entraban en el mismo local y que ni tenían cara de recién levantados ni de sueño ni nada, de hecho los reconocí: eran españoles y no unos españoles cualquiera. 

Disimuladamente los seguí hasta dentro, pero al entrar me llevé un susto de muerte ya que un fiero perro vigilaba la entrada en la penumbra. Atemorizado me dispuse a echar a correr, pero con las prisas enganché la manga de mi pijama-disfraz en el pomo de la puerta y mi legendario sprint de huida (de cero a cien en apenas un par de segundos) me hizo dar una vuelta en el aire, dejando huellas de mis zapatos hasta en el techo, y caí sobre el fiero perro… que ni era tan fiero ni perro de verdad. 


Estos son los únicos perros que quedan ya en eChina, los de verdad hace tiempo que acabaron victimas de diferentes recetas ¿Estarán invadiendo Occidente en busca de estos manjares extintos en sus tierras?


Comprobado que el peligro no era tal y tan sólo la prueba de que los hábitos culinarios del lugar pudiese ser el motivo de tanta invasión en busca de ingredientes, me adentré hasta que, poniéndome una planta en la cabeza y arrodillándome para parecer un imaginativo macetero, me dispuse a averiguar de qué iba la reunión de aquellos personajes que desde el pasillo podía oír con claridad.


-… clarro, clarro Herr ePrresidente de eEspaña y Fräulein eJefa de la oposición- escuché que decía Hans con un toque de desprecio al decir eEspaña- los Admins siempre velamos por el eMundo y aconsejamos lo mejor para todos.

-Es verdad, ONE es feo, no me gusta y huele mal- comenzó a argumentar contundentemente sin que nadie le preguntase el ePresidente de eEspaña.

-TEDEN suena bien, suena a promesa, a deseo de amor gay- añadió con su ronca y varonil voz la eJefa de la Oposición.

-Entonces todo está clarro, los arrgumentos son contundentes, aquí os he trrraído a un echino, uno cualquierra porrque son todos iguales, parra que firrmeis con él un trratado porr el que les sederréis todos vuestrros perros y un pasillo parra llegarr a eSerrbia, donde hay más perros aún.


Quedé horrorizado. Estaban vendiendo a mi país, a eEspaña por unos perros. Era increíble, era demencial, era baratísimo, yo hubiera vendido a mi país por muchísimo más, pero no se le podían pedir peras al olmo, al fin y al cabo era un ePresidente ferretero y ya se sabe como son.


Ya no quería seguir allí, la reunión estaba acabando y podía ser descubierto, así que comencé a moverme sigilosamente hasta que otra maceta me detuvo y me dijo con voz de Avutardo: “Vámonos juntos, lo he grabado todo y se van a cagar patas abajo cuando lo publique”.

Aún recuperándome del susto de la maceta parlante salimos al exterior donde un estruendo como nunca había oído me paralizó de nuevo.


-¿Cohetes de los rocieros que vuelven tras la romería?-pregunté esperanzado mientras sonaba otro.

-Estamos en eChina Espaugyl- me contestó paciente Avutardo- y el Heavy hace tiempo que me destrozó los tímpanos, si yo oigo eso debe ser algo realmente fuerte.

-Son nuevas arrmas parra amigos viserros- oí a mis espaldas con un estremecimiento- son arrmas de destrrucción masiva parra meterros en cinturra de una vez porr todas, Herr Espaugyl- añadió Hans.

-Usted confundil, yo llamalme Juan José (Huang Ho Tsé) y sel un peligloso climinal antifeletelo y me voy a entlegal a las autolidades de mi país- dije al tiempo en que salía corriendo y buscaba un uniforme ferretero del lugar para entregarme y quedar fuera del alcance de las malsanas intenciones desviadas de Hans. Sin mediar palabra, y con una fugaz visión de Lantanique en mis recuerdos, besé en los morros a un soldado chino buscando mi detención… y no me disgustó, vaya que no.


Fiero soldado chino al que besé como acto de insurrección para ser detenido y quedar fuera del alcance de Hans.


Desde una celda de Shangai, donde ha insistido en seguir siendo mi guardiana la soldado de más arriba (me plancha, cocina y me hace la cama aunque aún no me ayuda a deshacerla), se despide tratado como un rey este sorprendido Corresponsal oyendo aún esos cohetes rocieros en la lejanía.  


Espaugyl


viernes, 1 de junio de 2012

Crónica desde la misma eChina casi sin querer


Día 1.648 de eRepublik




En mis habituales huidas, en las que he utilizado casi todos los medios de transporte que ha ideado el Hombre aunque soy más de salir corriendo instintivamente en dirección contraria del peligro, he llegado muy lejos, sobre todo porque mi velocidad media de huida suele ser muy superior a la de un Formula 1 cuesta abajo y con el viento a favor, pero a donde he llegado sin querer esta vez no puede estar más lejos, de hecho si me voy más lejos comienzo a acercarme en vez de alejarme, es la magia de la esfericidad de los planetas. Pero comencemos por el principio.


Me encontraba como pez en el agua huyendo, mi estado natural, tras decidir que los duelos por honor son malos para la salud (todo está en mi Crónica anterior). Mi amigo Grassman me había conseguido un pasaje para Santiago de Chile y, disfrazado de mujer, me encontraba sonriendo y desplegando mi peluda feminidad por cubierta deseando que el barco zarpase del puerto de Cádiz cuanto antes. Ni que decir tiene la desazón que me asaltó cuando a medio camino de las Canarias me di cuenta de que en mi pasaje ponía como destino Valparaíso. Varias horas estuve maldiciendo a Grassman creyéndolo cómplice de alguna treta de la GestapoeRepublik, que tanto cariño me tiene, pero tras discutir agriamente con el Capitán del barco, intentar secuestrar el barco armado con uno de mis calcetines (no tenía otra cosa a mano y en algunos países los han clasificado como arma bacteriológica) y finalmente estar a punto de bajarme en marcha, me convencieron para que le echase un rápido vistazo a Google Map y viese que al parecer Santiago de Chile no tiene puerto de mar y lo más cercano es Valparaíso. Algo más tranquilo, y fuertemente vigilado por parte de la tripulación para que no me volviese a quitar un calcetín, me dispuse a disfrutar de la travesía, rumbo a Chile, un país aliado, disfrutando de algo parecido a unas vacaciones.


Armas bacteriológicas que sólo deben usarse en casos muy desesperados, ya que al contrario de un arma de fuego una vez que se desata el poder destructivo de un calcetín sucio no distingue entre amigos o enemigos.


La llegada a Canarias fue algo extraña. Yo ya me había agenciado ropas masculinas, tan sólo un mero pijama que fue lo único que pude sustraer de un camarote contiguo antes de oír que el propietario llegaba, pero suficiente para no despertar la lascivia en la marinería. Así que en pijama contemplé desde la borda la llegada a puerto… pero algo no me cuadraba. Por lo pronto vi miles y miles de jaulas con perros en los muelles custodiadas por soldados que no eran españoles, pero se daban un aire en la lejanía a los iracundos ferreteros que me persiguieron en el pasado, persiguieron a todos los que no eran ellos… e incluso a ellos mismos.


Oculto en las bodegas, por un ojo de buey, vigilé los movimientos de aquellos soldados que no paraban de gritar y dar órdenes para que subiesen a bordo las jaulas de los perros. Poco a poco me fui haciendo una composición de lugar y deduje varias cosas. La primera y más importante es que eran ferreteros, con sus logos de herramientas en sus gorros de bicho muerto y todo. La segunda en importancia es que no eran españoles o todos estaban recién levantados de la siesta. La tercera y fundamental es que la bandera era muy roja para mi gusto y no era española. Tras varios minutos intentando encajar las piezas llegué a dos posibles conclusiones: O Canarias estaba en manos de eChina o todavía me encontraba en El Bar y en cualquier momento iba a despertar cuando me dieran con la escoba en la boca al barrer bajo las mesas.


Soldados ferreteros medio dormidos en Canarias o quizás tropas de ocupación chinas, aún no estoy seguro.


Como cuando el peligro acecha y no puedo salir corriendo mis dotes de improvisación superan incluso a la capacidad de recuperación de mi hígado para seguir bebiendo, pasé a la acción en segundos con lo poco de lo que podía disponer. En principio el pijama era una ventaja, ya que observé que los chinos que no iban de uniforme iban con esa indumentaria por los muelles, por eso quizás siempre llevan caras permanentes de sueño. Para camuflar mi rostro busqué un gorro al estilo de ellos, y lo encontré adaptando la pantalla de una lámpara en forma de cono y un chicle usado como pegamento. Pero el tema de los ojos era un reto. Intenté poner cara de sueño, de camarero de restaurante chino, de bazar de “todo a 1 ESP” y cada vez que me miraba al espejo sólo me daba una mezcla de miedo y risa, así que comencé a mirar mi propia imagen sospechando que mi vida sería corta… y entonces lo vi, esa era la clave: Debía poner ojos de sospechar.


Ya seguro de mí mismo, para probar el mimetismo con los invasores, me puse a ayudar con las jaulas de perros que no paraban de llegar a las bodegas, cosa que no entendía y que llegó incluso a enternecerme por tanto amor por los animales, pero pronto comencé a pensar de otra forma cuando vi los carteles que colocaron aquí y allá.


Canarias está quedándose sin perros según los invasores los embarcan hacia eChina. Y no los quieren precisamente para mascotas.


Cuando zarpamos era evidente que el rumbo ya no era el original y que íbamos con nuestra carga hacia eChina, que si está un poco más lejos comienza a estar cerca, como ya comenté al principio de esta Crónica.


El barco estaba plagado de chinos e hice por aprender algo sobre ellos, que no es mala cosa si se quiere sobrevivir en su país. Contrariamente a lo que se suele decir no son todos iguales, ya que me di cuenta de que existen dos o tres modelos de chinos macho y otros tantos de chinos hembra, supongo que sólo tendrán esos moldes en sus laboratorios de clonación. Durante la travesía intenté aprender algo de su idioma, pero fue imposible, tan sólo comprendía sus nombres, que la mayoría de las veces eran Juan, Juanjo y Juan José, o como dicen ellos, Huang, Huang Ho y Huang Ho Tsé. Lo que sí tuve muy claro fue el no pisar el comedor del barco, sobre todo según veía como las jaulas de las bodegas estaban algo más vacías. Precisamente gracias a esto mi alimentación nunca me faltó, y tan aficionado me volví a la comida que sobraba de los que desaparecían en las cocinas que a veces aún llevo algo de pienso para perros en el bolsillo para matar el hambre.


Conociendo a otras culturas en un crucero, con alimentación sana y equilibrada y todo el día en pijama: Unas vacaciones en toda regla rumbo a eChina.


Pero todo lo bueno acaba. Hace un par de días que hemos atracado en Shangai. En cuanto bajé del barco busqué un bar, porque lo que es a bordo no encontré que hubiese costumbre en eChina de darle alcohol a los perros, por lo que aparte de agua y pienso no he probado nada más, encontrándome preocupantemente sobrio, lúcido y asustado descubriendo al fin con claridad lo peligroso que es estar en un país enemigo lleno de chinos a rebosar.


Las zonas portuarias en eChina son como aquí, es decir, hay más bares que orejas, así que nada más desembarcar entré en un bar desde donde ahora escribo esta Crónica encerrado en el cuarto de baño, porque aunque él no me ha visto yo a él sí. Oígo desde aquí que lo llaman Hel Hang, pero quien te chocopuntea una y otra vez no es fácil de olvidar.


Herr Hans, el implacable Admin de la GestapoeRepublik camaleónicamente disfrazado y haciéndose pasar por un tal Hel Hang… nunca podré escapar de él, ni en eChina.


Desde Shangai, encerrado en el cuarto de baño del primer bar que encontré, se despide este Corresponsal esperando que a “Hel Hang” se le ocurra irse con viento fresco a otra parte y no me descubra. 


Espaugyl