viernes, 25 de mayo de 2012

Crónica sobre el Terror Amarillo y el Honor


Día 1642 de eRepublik




Últimamente duermo mal, debe ser el amor, aunque hay quien opina que estar hasta el amanecer con poca ropa viendo películas sobre gente con menos ropa aún puede que sea mi concepto de “insomnio por amor”, pero qué sabrán ellos. Lo cierto es que no me quito a Lantanique de la cabeza e incluso de mis pensamientos. La última vez que la vi tenía los ojos inyectados en sangre y casi me da con una botella vacía mientras me quedaba paralizado al ver como sus turgencias querían escapar de su ropa de geisha por la violencia de sus mortíferos movimientos… está coladita por mí, lo sé, pero si me quedo a comprobarlo me abre la cabeza (lean las Crónicas anteriores, es largo de explicar y la resaca me da un tiempo limitado para escribir sin buscar un rincón oscuro donde acurrucarme).


Sinceramente, esto era lo único que veía cuando Lantanique buscaba nuevos objetos para tirarme en su fase Haiku.


Habiendo como hay guerra al por mayor, con tanta medalla patriótica, misiones  y otras hierbas, decidí ponerme en marcha como Corresponsal de Guerra tras varios días de dilapidar ahorros, o más bien bebérmelos, y no tener muy claro los recuerdos de los pasados días, que viene a ser lo normal. Diligentemente decidí ir a El Bar a meterme entre pecho y espalda un buen desayuno reponedor, en el que el café lo iba a pedir en un cubo y el mollete calentito con aceite y jamón esperaba que fuese del tamaño y diámetro de una platillo volante de una civilización avanzada como poco.


Por el camino me crucé varias veces con el chino que regenta un bazar, un taller de ropa clandestino, un servicio de mensajería y un restaurante chino en el barrio, o por lo menos creo que es él y que anda por todas partes… aunque a veces me pongo reflexivo y me parece que no lo saludo muchas veces  sino que ni sobrio distingo a un chino de otro. 


-Buenos días Juan- saludé nada más salir de casa al chino de marras.

-Le lepito que mi nomble es Huang- me contestó el muy bromista aunque todos sabemos que en verdad se llama Juan por mucho que insista en decir lo contrario.

-Claro, claro- le seguí la broma- hasta luego Juan- me despedí oyendo un extraño refunfuñar a mis espaldas con algo referente a mi “padle” y a mi santa “madle”.


Antes de llegar a El Bar ya me había cruzado con Juan en cuarenta y tres ocasiones, y con su gran sentido del humor llegó a decirme una docena de veces que me confundía y que no era él… el inefable sentido del humor oriental.


Juan jugando con el Photoshop para intentarme demostrar que cuando creo saludarlo no siempre es él, que de hecho hay más de un chino en el barrio… hay que ver cómo se lo curra con sus bromas.


Ya en El Bar, el paraíso de un profesional como yo, donde lo mismo puedes poner en estado comatoso a tu hígado como reponerte con desayunos, tapas y raciones propias de eDioses para poder escribir mis Crónicas, me senté felizmente ignorante de la actualidad porque bien poco me importaba todo cuando salivaba pensando en mi desayuno. A mi pesar, sin embargo, aquí y allá escuché fragmentos de noticias, aunque algo debía estar equivocado porque no paraban de hablar de eChina, el gigante come-países, pero en donde estábamos perdiendo territorios era con los toalleros. Igual es que tampoco sabemos distinguir a un eportugués de otro y sus pobladas cejas nos impiden ver si tienen los ojos como puñaladas en un tomate o no. Quien sabe, eChina quizás no sea tan grande como parece y se le salen los chinos por los lados y acaban en ePortugal.


Estando en tan profundas meditaciones oí como alguien se acercaba por mi espalda, por lo que me preparé sutilmente para echar a correr, hasta que oí las voces de Grassman y elMengu.


-¡Por fin te encontramos Espaugyl! ¿Cogiendo fuerzas para el duelo?- me soltó incongruentemente Grassman dejándome con la boca abierta y casi haciéndome tragar una inoportuna mosca, tipo verde-pescadería, que se me posó en los labios.

-¿Duelo? ¿en el sentido de un gran pesar por la muerte de alguien o en el de un lance por honor?- pregunté esperando fervorosamente que fuese lo primero y que le tuviese que dar mi más sentido pésame a la familia de algún amigo recién fallecido.

-¿No te acuerdas de nada? ¿no te acuerdas de cuando Avutardo nos acusó de ser pro-ferreteros? ¿no recuerdas lo que gritabas tras vomitar a los pies de una farola y embadurnar a un perro que quería hacer sus cosas en el mismo lugar? Dijiste algo así como: “…voto a brios que nadie se atreve a acusarme sin consecuencias de ser ferretero si eso significa haber cogido una herramienta o de haber trabajado en la vida… (interrupción para vómito)…reto a combate singular a quien ose manchar mi honor más incluso de como llevo la camisa… ¿Cuándo he comido yo eso?...”- me contó elMengu que había dicho estando él presente y con más testigos, con lo difícil que es negar algo cuando los hay.

-Pero…pero… ¿honor? ¿yo retando a Avutardo por honor? Tengo que dejar de beber- reflexioné sabiendo que son cosas que se dicen por decir en el punto álgido de una resaca.

-No hombre no, no te vas a batir en duelo con Avutardo- me tranquilizó Grassman- es con lordfox, que confirmaba lo de que eras pro-ferretero por influencia de Lantanique y sus favores. Pero no te preocupes, es tan sólo un sanguinario divisionario de media docena de medallas patrióticas y una veintena de las de supersoldado.  Ahora tenemos que ir a verle, aún espera la visita de tus padrinos, que somos nosotros dos, para saber la hora del combate singular y si has elegido arma.


Si Avutardo no abusase de tantas sustancias y no hubiese arremetido contra los del Club Van Helsing, los de la cruz de arriba, salpicándome de paso no estaría yo metido en esto.


El alma se me calló a los pies y estaba como para agacharme a recogerla. Yo en un duelo, y encima era yo quien había retado a lordfox, y para colmo de males no me acordaba de una mierda y me había dejado ver en vez de haber puesto tierra de por medio.


-elMengu, dile al individuo ese que mi honor está más activo por las tardes, que al amanecer suele estar acostándose- le expliqué a mi “padrino” comenzando a hacerme cargo de la situación.- Grassman ¿podrías buscarme un pasaje a Santiago de Chile? No es para mí, es para una prima que ha encontrado novio por internet- disimulé ante la cara de extrañeza de mi otro “padrino”.


-¿Y qué arma le digo que has escogido?- me interrogó elMengu con algo de sospecha, siempre metiendo el dedo en el ojo, dudando acertadamente de si yo iba a batirme con alguien.

-Eeeeeeeeh… veamos… a jamonazos- contesté inspirado tras recorrer con la vista El Bar y quedar como siempre hipnotizado con un jamón de pata negra de siete kilos que más de una vez he intentado llevarme a casa escondido en los pantalones con escaso éxito.- Pero eso no es todo- añadí- primero hay que comerse el jamón en finas lonchas y después lucharemos con los huesos. El primero en acabar comienza la lucha aunque el otro no haya acabado- improvisé.


Los duelos a jamonazos, o con sus huesos, suelen ser cruentos y salvajes… no seré yo quien participe en uno, que me considero la mar de civilizado y le tengo mucha estima a mi cuerpo anatómicamente perfecto, creo.


-Mejor se lo decimos a Alvazna6991- que estaba en la otra punta de la barra atribulado con miles de spams aún sin mandar, sudando mientras buscaba nuevos referer y agua para seguir pegando sellos con una lengua más parecida a la suela de un zapato que otra cosa- está acostumbrado a llevar mensajes de un lado a otro, es como el Correo del Zar pero en ibérico, así te hago compañía hasta la tarde- me contestó el muy cabrito.


No sabiendo aún cómo escapar de todo aquello esperé a que Grasman volviese con el pasaje para Santiago de Chile de “mi prima” y con la escusa de ir a por un jamón para el duelo entré en la cocina de El Bar, donde por una promesa de amor eterno y varios achuchones, he intercambiado ropas con la hija del Barman (sí, la hirsuta fémina del bigote de hace varias Crónicas, qué le vamos a hacer), y conseguí salir por delante de elMengu y Grassman sin ser reconocido.


Desde el puerto de Cádiz, disfrazado de mujer peluda a punto de embarcar hacia las costas de Chile, se despide este Corresponsal de Guerra angustiado por no haberme dado tiempo a narcotizar y llevarme a Lantanique conmigo en mi huída. 


Espaugyl

domingo, 20 de mayo de 2012

Crónica sobre patriotas de toda la vida y Van Helsing


Día 1633 de eRepublik



Tras mi última retirada apresurada saltando sobre montones de basura electoral con Lantanique al hombro vestida de Geisha huyendo de Hans (todos los detalles de tan extraña afirmación se encuentran en mi Crónica anterior), acabé en mi casa prometiéndomelas muy felices con mi curvilínea empleada al fin en mi territorio, pero la verdad es que llevo varios días encerrado en el cuarto de baño desde que comencé a quitarme la ropa seductoramente y Lantanique comenzó a arrojarme cosas, las más pesadas y con más aristas.


Afortunadamente soy un Corresponsal de Guerra con recursos, pocos remilgos y un estómago de acero, por lo que teniendo ese extraño líquido sin alcohol que sale de los grifos… agua creo que se llama, las uñas de veinte dedos, que no son alimenticias pero sí muy entretenidas, y gel de baño para condimentar las pastillas de jabón y el papel higiénico, que llenan el estómago y me dejan mejor sabor de boca que mis frecuentes resacas, he conseguido sobrevivir hasta el momento en el que a Lantanique se le ha acabado la munición o al menos las fuerzas.


Mínima parte de las botellas vacías que suele haber en mi casa y que Lantanique ha estado usando como munición los últimos días estrellándolas contra la puerta del cuarto de baño en el que me refugié.


Cuando me creí seguro, extrañándome el silencio que reinaba en la casa, sin el estrellar de botellas y los gritos sobre mi salud mental libidinosa, me aventuré a asomarme, con la esperanza de encontrar a mi furibunda beldad catalana dormida y más receptiva a mis encantos. Por fortuna o todo lo contrario, que aún podía ser una trampa para abrirme la cabeza con esa manía que tiene de negar sus sentimientos hacia mí, Lantanique no estaba por ninguna parte, pero había tenido el detalle de dejarme una nota.


”Querido eJefe:

Si ha salido del cuarto de baño le ruego que me espere, aún hay un centenar de botellas con las que probar puntería en su cabeza, yo ahora estoy de visita en el hospital, Kouzka se me muere y se me ha ido el santo al cielo intentado herirle de gravedad. Tras el óbito, que es inminente, vendré a acabar lo que he empezado, soy una mujer con buena memoria y mejor puntería y no me gustó su imagen con los pantalones por los tobillos avanzado cual pingüino hacia mí.

Lantanique”


Por si alguien aún lo dudaba ahí está la prueba: Sólo una mujer que me desea es capaz de dejarme una nota con tan claros dobles sentidos y sentimientos reprimidos.


Aproveché la tregua que me daba mi sin par empleada para recuperarme de mi dieta excesivamente higiénica y me dirigí a El Bar, pero nada más salir a la calle me di cuenta de que de nuevo mi ausencia había sido aprovechada para hacer cambios en eEspaña sin el detalle de consultarme. Por lo pronto infinidad de furgones de cazavampiros pululaban por las calles, al menos eso me pareció, porque si no eran de Van Helsing o de un primo no terminaba de entender el logotipo que portaban.


Los furgones de Van Helsing que había por todas partes, o eso parecían.


Cuando llegué a El Bar saludé a los parroquianos habituales. Por allí estaba Grassman, que había confiado en mí para los Boletines de su partido y que estaba hasta contento con el resultado de los tres que había hecho extrañamente sobrio desde el encierro del cuarto de baño, también estaba elMengu, un peligroso anarca de derechas que se divertía con falsas noticias y creaciones artísticas que le habían valido ya varios chocopuntos, pero lo extraño era el ver a un nuevo grupo que se divertía al otro extremo de la barra, con el pecho lleno de medallas y con el oro de las mismas sobre la barra con descaro.


-¡Escolti, més pa amb tomàquet i cava!- oí que decían en un extraño español, como si sus otorrinos y logopedas se hubiesen fugado dejándoles el tratamiento a medias.

-Esto es un lugar decente… casi siempre- les contestó el camarero mirándome de reojo- así que o me hablan en cristiano o ahí está la puerta.

-Escolti, bon home, somos patriotas espanyoles con sus medallas para demostrarlo- dijo el que llevaba la voz cantante mientras los demás contenían la risa.

-Eso mismo pues y gora Espainian- contestó un vascongado con boina de dos por dos que no paraba de mirar un árbol de la calle, como con ganas de talarlo y ponerse a cortarlo en dos con su hacha en ardua competición con un bilbaíno que lo acompañaba  y que se le veía con las mismas ansias.

-Que aquí nos conocemos todos- contestó el camarero volviéndose en claro desprecio- que sin medallas de por medio estaríais en Lisboa con vuestros amigos toalleros.


La cosa se caldeaba pero no dio tiempo a que llegase la sangre al río porque en ese momento casi me caigo de mi taburete del susto que me llevé al oír una voz a mis espaldas que decía:


-¡Documentación, for the Glory!



Los individuos que entraron en El Bar y que por poco hacen que se me salga el corazón por la boca creyendo que eran amigos de Hans.

-¡Joder, que susto! Creí que erais de la Gestapoerepublik- dije al recuperarme del impulso instintivo de salir corriendo en dirección contrario aunque hubiese una pared- ¿y de qué coche es esa documentación que habéis perdido?

-¿Coche?- se extrañó el cabo del pelotón.

-¿No buscáis la documentación de un Ford?… un Ford Deglori o algo así, la verdad es que no entiendo mucho de coches.

-Buscamos a enemigos del Estado, somos del Norder, así que menos tonterías.

-Me parece bien- contesté sin saber a qué se refería, pues suelo ser un ejemplo de seriedad cuando veo a la autoridad fuertemente armada- pero esto es el Surder,  para estar más al Surder tendría que irse a Canarias o seguir hasta eVenezuela.

-¡Documentación, for the Glory!- se limitó a responder cual autómata.

-¡Que no he visto su coche por ninguna parte, coño!- respondí algo alterado comenzando a sospechar que quizás el llevar ese casco, tanto cuero y la máscara antigás a más de 30ºC podía ser la causa de los claros síntomas de reblandecimiento cerebral del individuo.

-Poned los carteles del Fary y Manolo Escobar que estos “sospechosos” no van a colaborar y aún hay mucho Enemigo del Estado por ahí- ordenó el jefe del pelotón a los suyos dándome por imposible.


Uno de los carteles que pusieron que algo tenían que ver con el Furgón Van Helsing ¿era acaso el Fary un Cazavampiros en sus ratos libres o cuando tenía el taxi en el taller?


Cuando ya parecía que podría concentrarme en mi café y mi mollete de Antequera con aceite y jamón  me di cuenta de que cuando la mañana empieza mal ya no hay forma de enderezarla. Apenas le había dado un buen bocado al mollete, que si hubiese sido un cartón habría salido una visera para ir a los toros, cuando mi instinto de supervivencia me dejó paralizado, ya que he desarrollado diferentes tipos de escalofríos y sudores fríos que me advierten de la inminente presencia de Inspectores de Hacienda, Sumsura, acreedores varios y Hans. Muy en mi línea, sin advertir ni a Grassman ni a elMengu de lo que se avecinaba, simulé diplomáticamente un apretón y me marché corriendo hacia el cuarto de baño de El Bar con los pantalones a medio bajar y alguna ventosidad para mayor realismo. Justamente cuando cerraba la puerta escuché como Hans, con sus secuaces Otto y Friedrich, irrumpían en El Bar.


-¿Grrrasman Manteco?- preguntó sabiendo ya la respuesta.

-Ese soy yo, para servirle- contestó educadamente la criatura.

-Más de un centenarrr de tickets hablando de una letrra de españoles- dijo pronunciando lo último con repugnancia- han llegado al Cuarrrtel Generral del ReichFuhrer Halesius… quizás esa letrrra tenga algún sentido, quizás podáis usarrrla, no es esa mi función, perrro sí lo es chocopuntearrr a quienes no comprrenden que aquí no se aceptan sugerencias sin su justo castigo. ¡Otto, Fiedrich, al furgón con él!- dijo sin dar oportunidad a una réplica.


No mucho más estuve en el cuarto de baño desde que se fue Hans con su presa, al fin y al cabo el café se enfriaba y el mollete tostado pierde su gracia cuando está frío. elMengu aún tenía en sus manos un bote de vaselina, fruto de su experiencia personal en los calabozos de la GestapoeRepublik, que no le habían permitido darle a Grassman.


-La eVida sigue- le dije a elMengu por decirle algo, que cuanto más enigmática y obvia es una frase más sentidos se le puede sacar.

-La eVida es larga- me contestó.

-Larga y dura- repliqué más recordando las formas de Lantanique que al pobre de Grassman.



Desde El Bar, acabando mi mollete y mi café, ensimismado y recordando la nota de amor lantánico prometiéndome su vuelta para hacerme suyo (o eso interpreto), se despide este Corresponsal de Guerra. 


Espaugyl

jueves, 10 de mayo de 2012

Crónica extraña, no digo más


Día 1626 de eRepublik




Soy un defensor acérrimo del turismo, me encanta ver a sonrosadas y desinhibidas guiris con sólo el 50% de sus bikinis como lagartos al sol aunque a veces sea en pleno invierno, que para ellas es como la primavera en sus frías tierras de origen. Además, por mi oficio y aptitudes, he sido en muchas ocasiones algo muy parecido a un turista, y puedo presumir de frecuentar y haber sido expulsado de los más prestigioso hoteles del eMundo. ¿Por qué digo todo esto? Pues porque al parecer el turismo puede ser de muchos tipos y últimamente ya no me gusta tanto como antes. Si a todo esto se le suma que hace ya tiempo que no distingo realidad de delirios alcohólicos y que lo extraño ya lo tengo por cotidiano sin cuestionarlo en profundidad pues ya está todo dicho… pero os lo explicaré de todas formas, que para eso soy un etílico notario de la realidad, es decir, un periodista.


Mi extraño día comenzó cuando desperté en el despacho de mi fábrica sin saber ni cómo había llegado allí, pero que a estas alturas ni me extraña ni me preocupa, ya que a veces recordar cómo he llegado a algún lugar suele ser infinitamente peor que el lugar en donde despierto. En esta ocasión había tenido suerte, era un sitio agradable y conocido, sin olores a vómito aún,  e incluso mío, con el gran aliciente añadido de saber que por allí debía de andar mi empleada Lantanique, una melancólica belleza felina que se muere por mis huesos, aunque ella no lo sepa, y suela disimular sus reprimidos sentimientos tirándome a la cabeza todo lo que encuentra cuando comienzo a desnudarme en su presencia y avanzo seductor hacia ella.


Nunca he despertado entre leones como este buen hombre, pero sí en lugares y situaciones mucho más peligrosas con maridos muy celosos y sin apenas alcohol para anestesiarme de los golpes.


Con ese extraño e inútil superpoder que tengo durante las resacas para tener sabor a colillas en la boca, a pesar de no ser fumador, me desperecé y dirigí con arrastrar de pies, y un trepanante dolor  de cabeza por sonidos casi imperceptibles, hacia el despacho de Lantanique. Siempre abro la puerta sin llamar con la esperanza de encontrar a mi empleada tal como eDios la trajo al eMundo, contemplándose en el reflejo de la ventana, o simplemente con sonrisa pícara en ropa interior diciéndome que no me quede en la puerta, pero la verdad es que no sólo esto no ha ocurrido nunca sino que a veces creo que los guionistas de las superproducciones cinematográficas que veo a altas horas de la noche en mi casa mienten en sus argumentos, argumentos que en mi sofá me parecen increíblemente reales y posibles pero que sin embargo me han costado más de un guantazo en la calle y un par de denuncias en los probadores de señora de algunos grandes almacenes.


La puerta del despacho de Lantanique apenas si la tuve abierta una fracción de segundo, porque enseguida comprendí que me había equivocado de despacho y cerré pidiendo perdón. Luego me di cuenta de que me había equivocado de despacho, de país, de continente e incluso de siglo, por lo que procedí a abrir de nuevo la puerta con extrema lentitud y asomé la cabeza con cuidado, no fuese a ser que un vórtice espacio-temporal me arrastrase al lugar que vislumbraba.

-¿Se puede?- pregunté tímidamente a una desconocida japonesa que estaba en la mesa de mi empleada .

-Hola eJefesam- me respondió la voz de Lantanique aunque no la veía por ninguna parte, porque allí tan sólo había una descolorida geisha.


Lantanique en un mal día, tan malo que apenas si hablaba con Haikus, que no es un plato de pescado crudo… o eso aseguraba ella


-¡Manifiéstate estés donde estés, Lantanique!- grité ofuscado a ninguna parte sintiendo de inmediato el haberlo hecho: no sabéis como acentué con el grito mi inhumano dolor de cabeza.

-Soy yo eJefesam- me respondió la voz de Lantanique atrapada en aquella nívea cara.

-¡Los cojones!- dije introspectivo y educado ante la evidente falacia.

-Estoy en uno de mis momentos haiku eJefe:
el eMundo es mi pesar, 
no soy más Lantanique que otras veces
 y menos que las demás.

-Eh… claro, eso mismo- dije para ganar tiempo mientras algunas de mis neuronas salían de su sopor por la sorpresa.

-Florecen los cerezos.
Un día
caen los pétalos.- Añadió Lantanique para mi desconcierto.

-El perro de San Roque no tiene rabo
porque Ramón Ramírez
se lo ha cortado.- Contesté en uno de mis alardes de rapidez mental.

-No me comprendes eJefesam- me replicó con la mirada perdida mientras a brochazos hacía monigotes de esos que hacen los japoneses para escribir.

-Veamos- comencé a decir cogiendo el toro por lo cuernos- estás muy pálida y mis tripas hacen casi más ruido que el tráfico, así que se acabaron las tonterías y vámonos a El Bar a desayunar como personas de bien, que nos hace falta a los dos- terminé de decir al tiempo que la cogía firmemente por la mano y la arrastraba por la fábrica hasta la calle en dirección a El Bar.


Cuando salimos a la calle un desagradable olor asaltó nuestras pituitarias, era un olor como a descomposición, como a cementerio de bajo presupuesto donde entierran poco profundo, como a nevera a la que le ha fallado la red eléctrica y al volver de unas vacaciones abrimos inocentemente… era repugnante y estaba por todas partes. Lantanique sin embargo no se extrañó.

-La basura nos inunda,
la guerra comienza,
las elecciones se acercan.


Aspecto de las calles de eEspaña durante la presente campaña electoral, el espíritu de unión de Aruch yace bajo el montón de basuras del fondo.


-Mira niña, aún puedo dar positivo en un control de tráfico hoy y mañana, cuéntamelo en cristiano- respondí con la delicadeza propia de una resaca del 7 en la escala Richter.

-Espaugyl, a ti te sacan de Calderón de la Barca y hay que explicártelo todo con marionetas- me respondió Lantanique comenzando a ser un poco ella misma.- Hace días que no paran de lanzarse mierda los partidarios y detractores de eBelinda ¿no te has enterado de nada?

-Mira, dejemos claras las cosas, ni conozco a ese señor, a ese tal eBelinda, ni me importa la mierda que se tiren mientras no me den y tenga la boca abierta, así que sigamos hacia El Bar- respondí acelerando el paso con la respiración algo alterada tanto por los olores como por el ritmo.

-¡Alto!- oí que me decía una voz a la altura de mis rodillas haciéndome parar- está usted respirando mucho y rápido, así que desembolse 250 ESP.

-¿Qué dice este sapo?- pregunté cuando vi que era Sumsura quien me acababa de hablar- ¿desde cuando el aire cuesta dinero?

-El aire no cuesta dinero, es gratis- me respondió condescendiente- es el hecho de respirar lo que está gravado con impuestos, y como he bajado el IVA en todo lo demás de algún sitio tengo que sacar dinero para el Estado.

-¡Los cojones!- contesté por segunda vez aquella mañana acelerando el paso y casi atropellando al pequeño economista ahoganovatos.


Sumsura tras darse cuenta de que mis ansias por llegar a El Bar eran muy superiores a rodearlo para no atropellarlo cuando ingenuamente intentó cobrarme impuestos.


Cuando creía que la mañana se podía enderezar, cuando entré en El Bar con Lantanique aún fuertemente cogida de la mano, el alma se me cayó a los pies. Aquel no era El Bar, o lo era pero su espíritu había muerto con lo que encontré dentro.


La barra estaba llena, incluso mi sacrosanto taburete estaba ocupado, el que se adapta mejor a mis posaderas que los calzoncillos que me puse hace un par de meses y aún llevo, pero lo malo no era el que hubiese tanto cliente, era lo que hacían y cómo los delataba: un extraño ser casi tan blanco como mi lantánica geisha tenía una inocente tostada con jamón y este había sido prostituido con kétchup y mostaza, a su vera algo parecido a un homínido mojaba un plátano en el café, un poco más allá un individuo con aspecto de europeo del este untaba una tostada con paella, y algo más allá un ensimismado ciudadano con una camiseta que hacía referencia a algo estropeado o Roto, no sé, estaba embelesado con su propio reflejo en la barra sin hacer caso a su mate.


Hay que ser muy mala persona y muy guiri para echarle kétchup a esta obra de eDios.


-¿Qué coño pasa aquí? ¿es que nadie sabe desayunar decentemente?  ¡A la puta calle, panda de raritos!- grité volviéndome a arrepentir cuando la cabeza estuvo a punto de estallarme.

-Calma, calma- me contestaron desde el fondo un grupo de sonrientes españoles- mis compañeros y yo estamos tranquilamente desayunando con estos compatriotas.

-¡Los cojones!- dije por tercera vez en menos de una hora- aquí hay menos españoles que posibilidades de que Halesius sepa quien es su padre.

-¿Algún prrroblema Herrr Espaugyl?- escuché con un estremecimiento una conocida voz teutónica a mis espaldas- ¿tienes alguna rreclamación que hacerr contrra mis amigos Robotik, Xavir o diego1975? Son buenos eciudadanos y excelentes congrresistas, siemprre dispuestos a darr ciudadanía a quien lo necesite.

-No cabe duda Hans- le contesté al Admin de la GestapoeRepublik sin quitarle ojo a la porra eléctrica que acababa de sacar de su abrigo de cuero negro y que zumbaba cargando el ambiente de ozono y miedo por mi parte.- Lantanique, hija, saluda a estos señores que ya nos vamos.

-¿Y el desayuno?- me contestó aún en su eMundo de cerezos en flor y pálida languidez.

-No te creía tan materialistamente anclada a la tortura de los apetitos del cuerpo- contesté tajante mientras tiraba de ella en dirección a la puerta- en mi casa seguro que hay té y esas mariconadas.. o pelusas y hierbajos de las macetas que puedan hervirse con idéntico sabor- añadí poco antes de llevármela en volandas y pasar como una exhalación esquivando la porra eléctrica que ya buscaba destino en mi bajo vientre.


Corrí sin mirar atrás con Lantanique al hombro, saltando por la calle por sobre montones de basura electoral rumbo a mi casa, y no sin antes sonreír pensando que sin haberlo planeado  estaba llevándome a tan singular geisha a mi cubil.


Desde las profundidades de mi cuarto de baño, encerrado por mi seguridad tras comprobar que Lantanique vuelve a ser ella misma y me tira a la cabeza todo lo que tiene peso y aristas, se despide este Corresponsal aún con la esperanza de que la fiera termine por dormirse y quede a mi merced. 


Espaugyl

jueves, 3 de mayo de 2012

Crónica Pagafantástica con Invasión y Feliz Retorno


Día 1619 de eRepublik




La vida de un intrépido Corresponsal de Guerra no suele ser un lecho de rosas, pero lo que me ha acaecido esta semana me ha hecho aborrecer a esas flores y hacerme recordar que mi oficio no está exento de riesgos, tanto en el frente como tras las líneas, y menos cuando las tropas enemigas carecen de cierto vocabulario básico, como el verbo depilar. Me explico.


Todo comenzó cuando mis penurias económicas me decidieron por participar en el concurso que convocaba mi empleada Lantanique, un ser curvilíneo donde los haya, de andar felino y torva mirada sensual que puede hacer adjurar de su fe a un talibán para que haga la Primera Comunión, o que un señor de color (de color negro, se entiende) quiera hacerse del Ku Klux Klan tan sólo por complacer un aleteo de sus largas pestañas.


El concurso, como buena catalana, era por San Jorge, que inexplicablemente llaman San Jordi en memoria de un personaje local, de gran parecido a Sumsura, y que fue durante años presidente de una comunidad de vecinos de allí o algo parecido. El asunto pagafantil consistía en regalarle libros a Lantanique con dedicatoria y rosas, sin que esto condicionase a la convocante a dar premio alguno al participante si no lo consideraba ganador… lo que me hizo reflexionar sobre la posibilidad de montar también un “concurso” en el que se participase regalándome cosas, a ser posible gold, pero lo descarté por ser mi físico ligeramente menos atrayente que el de ella.


Las confusiones y los milagros de la evolución. De izquierda a derecha tenemos a San Jorge, después al precursor de la festividad de Lantanique y el sujeto en la actualidad...


Mis escasos recursos llegaban para el libro pero para la rosa no, así que tuve que decidir entre una última copa en El Bar o para la flor en cuestión, por lo que decidí obviamente lo primero y acudir a mi etílica imaginación después. Habiendo dejado a deber mucho más de lo que pagué, como viene a ser mi modus vivendi, llegué tambaleante a mi casa con la firme determinación de matar dos pájaros de un tiro y que Lantanique me aceptase en su casa como obsequio y algo más, ya que lo que rondaba por mi cabeza era disfrazarme de rosa, hacerme entregar en su casa, y que se rindiese a mis encantos varias veces consecutivas y en varias superficies horizontales.


Con un par de calzoncillos rojos en la cabeza, de olvidada procedencia y que atribuí a algún impulso bajo los efectos del alcohol,  simulé los pétalos, me enrollé en una amarronada y mohosa alfombrilla de baño para simular el tallo, habiendo pegado previamente puntiagudos trozos semiderretidos de chocolate para simular las espinas, me envolví en celofán y me metí en una caja de madera que tenía en la puerta.  Con mi móvil regateé y contraté muy baratito el servicio de entrega con el chino del barrio, que regenta un bazar, un restaurante, dos bares de tapas españolas, un par de talleres clandestinos de ropa y una empresa de paquetería. El hecho de que le dijese que le iba a pagar en unos días y el darle mi nombre auténtico, de desigual fama acreedora, creo que no le gustó mucho, pero confié en ser recogido y llegar a destino en unas horas para llevar a cabo mis apetitos lantánicos.


Yo soy el de dentro, el que está disfrazado de rosa para Lantanique.


Ahora estoy casi convencido de que no le caigo muy bien al chino. En estos días la caja ha estado en varios aeropuertos internacionales, ha sido embarcada en un mercante malayo, vuelta a embarcar en un buque oceanográfico, conseguí salir aterido y semicongelado para descubrir que mi caja estaba mezclada con las del equipo de una expedición asiática al Polo Sur y finalmente he conseguido llegar a Lisboa, desde Macao, en un cargamento de felpa y otras telas, todas del mismo color y llenas de logotipos y escudos del Ejército de ePortugal. Por la tripulación supe que eEspaña había comenzado hostilidades contra esta gente y como el hecho de ser Corresponsal de Guerra nunca me ha proporcionado más seguridad que la que pueda tener una pompa de jabón en medio te un tornado, decidí intentar llegar a eEspaña sin llamar mucho la atención, tarea un tanto difícil estando como estaba aún disfrazado de rosa. En las bodegas sólo había esa extraña tela monocolor y con un buen trozo me hice un poncho,  me puse uno de esos logos del Ejército de ePortugal, pegado con un chicle usado que encontré en el suelo a falta de hilo y aguja, y me adentré en las instalaciones portuarias lisboetas sin saber muy bien cómo iba a llegar a tierras patrias. 


Me llamó la atención un barco de bandera brasileña del que desembarcaba un contingente de variopintos afiliados del Proyecto Sheldonista, fácilmente reconocibles por sus camisetas con la cara de Sheldon Cooper. Aunque no le encontraba sentido a aquello recordé que yo fui afiliado de ese partido, son cosas que ocurren en noches en las que hay más alcohol que sangre en las venas y alguien dice de hacerse un tatuaje en los genitales, otro quiere demostrar que sabe volar tirándose desde un quinto piso y en un alarde de estúpida valentía alguien dice que es capaz de hacerse miembro del partido con más gafe del eMundo, como fue mi caso, así que ni corto ni perezoso enseñé mi carné de afiliado y subí al autobús que los esperaba para llevarlos a eEspaña.


Nada más salir del puerto de Lisboa, pasando cerca de unas playas, quedé horrorizado con lo que vi, era escalofriante ver para qué querían el extraño cargamento de telas del barco en el que llegué, era la prueba de que aquella guerra era mucho más seria que otras veces, la prueba de que los preparativos eran de Guerra Total e inhumana: ePortugal tenía Armas de Destrucción Masiva (sí, con mayúsculas).


El Arma Definitiva de ePortugal, la toalla con el mayor poder secante y absorbente que la Humanidad ha conocido.


Por el camino, en el autobús, no quise abrir la boca para no ser descubierto, ya que todos hablaban en gallego degenerado con acento selvático, por lo que era evidente que eran  tan brasileños como el barco del que desembarcaron. Algo pude entenderles de que se presentaban a unas elecciones y yo asentía y reía con ellos como si me importase una mierda lo que querían hacer.


Llegando a la frontera se me encogió el corazón. Entre miles de bigotudos soldados portugueses, unos con faldas cual escoceses y otros no (los primeros con extrañas y pares protuberancias pectorales, todo hay que decirlo), observé a un valiente soldado español de pie en las trincheras discutiendo a voz en grito con un enemigo. Distraído como estaba no vio como un agente de la GestapoeRepublik, Hans para más señas, llegaba por detrás sonriente, le aplicaba la porra eléctrica y lo arrastraba entre convulsiones a su negra furgoneta… era elMengu quien con espumarajos en la boca aún conseguía mencionar a la madre de Halesisus y su oficio mientras a patadas lo metían en la furgoneta… otro héroe chocopunteado sin piedad, di gracias a eDios por tener a Hans distraído y no ser yo.


Cual perro de Paulov, en cuanto veo este furgón me entran ganas de sentarme en el inodoro durante el tiempo de quedarme muy limpio por dentro o de leerme “Guerra y Paz” varias veces.


El autobús llegó presentando documentaciones falsas hasta territorio español sin problemas, yo bajé como uno más para no ser descubierto, rascándome la cabeza y el culo al mismo tiempo mientras masticaba un plátano, y en cuanto los perdí de vista corrí hasta El Bar, de donde no debí haber salido. Con el miedo en el cuerpo aún procedí a quemar mi carné sheldonista con la convicción de que tener una acreditación de un partido gafe pudiese ser la razón de la mayor parte de mis desventuras, por lo que procedí a afiliarme a algún partido donde la mala suerte no estuviese en sus Estatutos, no hubiese herramientas en su escudo y fuese lo suficientemente nuevo como para que no le debiese nada a nadie... y lo encontré, lo que son las cosas, y encima me dicen que les haga el Boletín del partido y todo… no saben lo que han hecho.  


  
Desde la seguridad de El Bar, lejos del frente, sus bigotes y la gente pegando como locos porque hay medallas nuevas (con lo peligroso que es eso) se despide este Corresponsal aún con el temor de ver caer sobre su ciudad una toalla de proporciones épicas.


Espaugyl