jueves, 26 de abril de 2012

Crónica Pseudo-económica de Carestía y Estrecheces


Día 1612 de eRepublik




Del incidente post-operatorio y holográfico de mi anterior Crónica estoy casi recuperado, tan solo tengo cierta insensibilidad en el índice de tanto darle al botón de encendido del reproductor holográfico hasta que agoté las baterías y… otras rojeces donde aún los puntos cicatrizan tras tanto incidente post-operatorio, pero ya he aprendido, no soy tonto, he comprendido que para mi próxima operación de fimosis me tendré que someter a un coma inducido para no poder pensar en Lantanique ni en cualquier peligrosa curva que se le parezca.

Bueno, pero volvamos a la semana actual, una semana en la que he conseguido sobrevivir a duras penas, ya que mis menguados ahorros han debido sufragar toneladas y toneladas de hielo terapéutico para mi hipersensibilidad post-fimótica junto con mi habitual suministro de alcohol, pues un hombre de bien no concibe hielo sin su parte proporcional de whisky para que este flote, lo contario sería contranatura y anti-arquímedes.


Aberración de la naturaleza: el iceberg, otra equivocación más de eDios… porque menos Él todos saben que el elemento natural donde ha de flotar el hielo es el whisky, el agua líquida sólo debería existir para poder llenar las cubiteras de las neveras.


Por todo esto los últimos días estaban resultando un infierno, una tortura sin fin, una sucesión de horas en El Bar en las que estaba más tiempo ideando como dejar a deber mis consumiciones que en disfrutar del sopor alcohólico de las mismas. Para colmo guerras, lo que se dicen guerras, más bien pocas y un Corresponsal de Guerra sin guerras es como un jardín sin flores o un Guardia Civil sin bigote… lo cual me lleva a uno de los problemas con faldas que he debido de sortear por mi paupérrima situación.

Habiendo acumulado ya una deuda en El Bar que a veces confundía con un número de teléfono, estaba comenzando a decantarme por poner kilómetros de por medio en una de mis hábiles maniobras evasivas, pero mi calidad de cliente habitual, siendo confundido a veces por otros clientes con parte del mobiliario, hacía que se me vigilase estrechamente e incluso que me pusiesen estratégicos obstáculos a mi alrededor para que cualquier comienzo de carrera alocada hacia la libertad acreedora fuese detectada desde sus comienzos, por lo que en una situación más que surrealista hubo un día en el que apenas se me veía sentado en mi taburete rodeado de cubos, cajas de coca-cola, bolsas de basura, un par de perros durmiendo y varios barriles de cerveza.


Semioculto y con mis movimientos restringidos sólo tenía despejada la visión hacia la barra, por lo que no tenía más remedio que seguir pidiendo mis etílicas distracciones. En una de las veces en que llamé la atención del camarero descubrí que no era el habitual, que debía haberse sucedido un cambio de turno y alguien nuevo me atendía.


-Otro whisky, camarero- dije señalando el vaso- al parecer este ha desaparecido en los últimos minutos de forma paranormal.

-Camarera- me contestó el bigotudo empleado.

-¿Perdón?- respondí confundido intentando enfocar la vista hacia quien me corregía.

-Digo que soy camarera, de hecho soy la hija del barman, que me ha enseñado el oficio.

-¿Eres la hija de un superhéroe?- pregunté confuso mirando a mi alrededor por si veía a un enmascarado con capa y los calzoncillos por encima de los pantalones.

-Del barman- se reafirmó.

-Pues tanto gusto, nunca había hablado con la hija de un superhéroe- contesté amable- ¿Y cuales son los superdpoderes de tu padre?-pregunté por educación.

-No sé aún de qué hablas, pero te aseguro que si tú quieres puedo emplear los míos y hacer desaparecer tu abultada cuenta… a cambio de otros abultamientos que supongo- me insinuó sutilmente mientras pestañeaba provocando una extraña corriente de aire que hacía ondear su abundante bigote.

-Esto… verás… me llaman por teléfono, ahora vuelvo, voy un momento a la calle que aquí la cobertura es malísima- le dije a la hirsuta criatura, que me miraba embelesada, que no sé qué les doy a todo lo que me repugna.

-Aquí te espero, recuerda que hay más camareros y todos tienen órdenes de disparar a matar si intentas huir- añadió melosa.


La hija del tal barman, un superhéroe del que nunca había oído hablar, que me proponía libidinosos terrores sin fin en su lecho… a veces me gustaría tener menos atractivo animal y atraer a menos bichos.


Salí de El Bar y me quedé a la vista, con miedo a que me disparase por la espalda un pérfido camarero celoso de su deber, pensando en cómo podía salir de esta. Para disimular me puse un zapato en la oreja simulando un teléfono móvil que no tenía e hice honor al adjetivo de estos diabólicos aparatos y comencé a moverme arriba y abajo de la calle. En mi deambular me paré a leer un cartel que anunciaba un concurso, de hecho conocía a la convocante, que no era otra que mi empleada, la voluptuosa Lantanique, la culpable de que el médico que me ponía una y otra vez los puntos que saltaban tras mi operación mal llevada me llegase a advertir de que me pondría una cremallera si tenía que volver a coserme. Vi en lo que consistía el concurso y los premios… eran insuficientes, no podía arriesgarme a no ganar y encima sin que cubriese ni los primeros dígitos del total. Cuando reanudaba mi deambular tropecé con algo pequeño que no vi.


-Perdone- me disculpé un segundo antes de darme cuenta de que me disculpaba con un perro de extraño aspecto.

-Chissssss- me mandó callar el perro- digo… guau.

-¿Sumsura?- pregunté al reconocer esas orejas verdes llenas de pelo que son su seña de identidad.

-Sí, pero cállate, voy disfrazado de perro y no quiero que se me reconozca- me contestó en un susurro- estoy en misión especial de economía, estoy siguiendo al B.O.T.

Sumsura hábilmente disfrazado de perro mientras vigilaba el ir y venir del B.O.T.


-¿El BOT?- pregunté lamentándome de haberme levantado de la cama ese día, porque a extraño pocos le ganaban.

-Sí, coño, el B.O.T. ¿o nunca has oído hablar del Bicho Omnipresente Tramero? Es un robot que se dedica a comprar aquí y allá y a hacer que los precios estén como les sale de ahí a los Admins.

-Ah, entonces… ¿va con dinero en efectivo en ingentes cantidades comprando aquí y allá? Es un concepto económico interesante- añadí con una chispa de esperanza para mi cartera.

-Sí, sí, dinero y oro, que compra de todo, y ahora no molestes, que acaba de entrar en ese mercado y quiero ver con qué sale y a qué precio lo ha comprado.


Sin despedirme siquiera volví a entrar en El Bar y tras esquivar a mi bigotuda enamorada me dirigí al encargado para dialogar con él. Tras unos minutos, vigilado de cerca por un camarero armado, salí con una palanqueta y el bate de béisbol que suele estar tras la barra para no tener que gastar dinero en llamadas a la policía o a urgencias, y en una rápida sucesión de hechos dejé inconsciente al distraído Sumsura, que aún vigilaba tras un árbol y que no me vio llegar, arrancando una salva de aplausos de varios novatos agobiados por los impuestos. Seguidamente entré en el supermercado en busca del B.O.T. de marras, al que encontré en su quehacer de compras.


El B.O.T (Bicho Omnipresente Tramero) en el momento en el que lo encontré, pocos segundo antes de dejar de ser operativo.


Como un poseso comencé a arrearle con el bate de béisbol hasta estar seguro de que aquello no se iba a volver a mover y con la palanqueta forcé cada recoveco con apariencia de caja fuerte de su anatomía, consiguiendo un interesante botín en oro y ESP con el que pagué la cuenta a mi vigilante camarero, tras lo cual emprendí la huida cargado con los restos del B.O.T., convertidos en chatarra, antes de que la GestapoeRepublik acudiese a ver qué había pasado con su maravilla tecnológica. Paré en una chatarrería, donde al peso aún conseguí unos ESP, y paré en la tienda de disfraces donde me hacen buenos descuentos cuando me hallo en busca y captura, que es casi siempre.


Lugar donde acabó el B.O.T. y donde realizó su última transacción monetaria… a mi favor cuando lo vendí al peso.


Con gabardina y un bigote postizo, algo más pequeño que el de la hija del superhéroe, se despide este Corresponsal camuflado entre las estanterías de una desierta librería de eRepublik, porque igual hasta participo en el concurso de Lantanique, que vuelvo a estar tan escaso de fondos como cuando comencé la Crónica.

  

Espaugyl

miércoles, 18 de abril de 2012

Crónica sobre la maldad Admin y un holograma


Día 1605 de eRepublik



Aún me encojo al recordarlo, no lo puedo evitar, e instintivamente corro a la nevera a por hielo que me alivie e insensibilice, mi sino será morir de pulmonía o por congelación parcial, pero al menos ya me he librado de mi particular infierno Admin… Ya lo sé, parece que desvarío, así que tendré que empezar por el principio. Os narraré la Crónica de lo más espeluznante que me ha acontecido como Corresponsal de Guerra, lo más inhumano y terrible que he vivido en mi arriesgada profesión. Comencemos.


La insistencia y perseverancia de los abogados de Bombay era digna de admiración (no preguntéis, leed la anterior Crónica, todo está debidamente documentado). Por su número y aspecto parecían estar en todas partes y, de hecho, se habían dividido en grupos de letrados y efectivamente estaban en todas partes. Montaban guardia frente a mi casa, en El Bar, en mi ruinosa fábrica de armamentos, en los alrededores de la casa de Lantanique por si me daba por acosarla, en las secciones de bebidas espirituosas de las grandes superficies comerciales, en ciertos sex shops y en general en cualquier sitio en el que soliese estar o que hubiese estado al menos una vez en la vida… eran mucho más eficientes que la GestapoeRepublik, por lo que recé para que Hans no los tomase nunca a su servicio.


Los abogados de “Bombay-Nueva Delhi Lawyers al Por Mayor Asociated” haciendo guardia frente a El Bar.


Varios días me llevé bajo la cama sobreviviendo a base de sabrosas pelusas, migas de pan semifosilizadas de pretéritos desayunos en la cama y alguna que otra desafortunada araña que pasó correteando ante mis narices en el peor momento, tras lo cual me di cuenta de cuan bajo había caído: debía buscar solución a mis problemas legales cinematográficos… o al menos encontrar una ruta de fuga y quitarme de en medio hasta que se calmasen las aguas.


Tomé al toro por los cuernos, Aruch mediante y sin ánimo de ofender a los toyoteros, y decidí salir por la puerta, como un señor, sin miedo, dando la cara… aunque a decir verdad la cara era un tanto irreconocible, ya que había usado ceniza como rímel, me había golpeado los labios con la plancha para que estuviesen bien rojos a falta de lápiz de labios, había utilizado un par de rotuladores para darme toques de fantasía en los párpados y una fregona vieja de un negro variopinto y orgánico a modo de peluca. Todo esto, unido a una provocadora bata a cuadros bien escotada, procurando que no se viesen las dos manzanas que completaban la anatomía de mi disfraz, me consiguió la suficiente estupefacción y  asco en mis vigilantes como para tener vía libre durante unos segundos, los justos  como para emprender la huida a la carrera.


Por desgracia esto sólo había servido para salir de mi casa, no era la solución, así que, aprovechando que no hay lugar más seguro para un Corresponsal de Guerra que informar en el frente de una guerra que ha acabado, decidí irme a cubrir la inminente paz. Gran error.


Apenas cinco minutos estuve en el frente, apenas el tiempo de preguntar donde estaba el bar más cercano, y al dirigirme a él pasó lo peor que le puede pasar a un confiado Corresponsal de Guerra. Cruzaba tranquilo una calle cuando fui alcanzado por uno de los últimos plátanos disparados en aquel lugar y, como no, en vez de estamparse mansamente en una pared o en un anónimo bisoño me dio de lleno, me impactó con alevosía, con maldad, con mala leche, y no me dio en sitios prescindibles como los ojos o el cerebro, no, me dio en el lugar más temido, en el lugar más sensible, en donde van todos los balonazos en el patio del colegio. Sí, me dio en mis partes más amadas y pudendas.


Desperté en un hospital de campaña, encogido y con varoniles lágrimas asomando cada vez que respiraba y recordaba aquel dolor atroz, un dolor nada comparable al de los quejicas que a mi alrededor estaban en sus camas con miembros amputados o metralla por todo el cuerpo. No sabían lo que era el dolor.


Instalaciones claramente deficientes para poder atender mis terribles dolores… incluso había más pacientes, cuando lo mío debía ser una atención en exclusiva en el hospital de campaña.


Al cabo de unos minutos de gritos desgarradores, me refiero a los míos, un doctor se acercó a mi lecho de sufrimiento, leyendo mi historial, y sin levantar la vista de los papeles comenzó a hablarme.


-Señor Espaugyl, se encuentra usted en un Hospital de Campaña español. Veo que fue herido en el frente brasileño y que ha tenido mucha suerte, si el plátano no llega a estar pelado cuando impactó en sus partes ahora tendría usted la voz mucho más aflautada, habría comenzado a desarrollar un gusto exacerbado por las rebajas, adelgazar para el verano, los tacones altos y los colores que más le favorecen.

-Entonces ¿sigo siendo heterosexual?- pregunté emocionado.

-No ha sido grave. Un poco de inflamación, hielo cada vez que la cosa se ponga activa y dejar de pensar en esa Lantanique con la que deliraba con la anestesia, podrían saltársele los puntos- me contestó en modo automático haciendo ya por irse.

-¿Puntos?- pregunté horrorizado.

-Ah,  bueno, es que ya que estaba aquí, y visto lo visto, como nos aburríamos y le hacía falta pues lo hemos operado de fimosis. Cuando le demos el alta puede llevarse la cazadora de cuero natural y el tambor rociero que hemos hecho con la piel sobrante.

-Aggggg- acerté a decir.

-No nos lo agradezca, para eso estamos, pero ya sabe, nada de pensar en esa Lantanique ni en fémina alguna, puede ser doloroso en los próximos días- me recomendó al tiempo que se iba en medio de mi estupefacción.


Cazadora de cuero y tambor rociero (sólo la zona de piel superior) confeccionado con lo que me sobró tras la operación de fimosis, cortesía del hospital de campaña.


Cuando levanté las sábanas y vi lo que me habían hecho, los puntos, la inflamación, la gama de colores del púrpura al morado… cerré instintivamente las piernas y el consiguiente grito agónico por lo que sentí me llevó a un afortunado desmayo. Cuando desperté no sabía cuanto tiempo había pasado, pero un ramo de flores y un paquete con un hermoso laso rojo estaban junto a mi cama. Aún dolorido, tras pedir insistentemente morfina y calmantes, somnoliento y con una sonrisa bobalicona observé las flores desde la prudente distancia de un heterosexual militante y procedí a abrir el paquete pasando por alto la tarjeta que lo acompañaba.


Un extraño aparato, no más grande que un ordenador portátil, era su contenido. Lo miré por todas partes, pero sólo descubrí un botón rojo junto a una especie de lente fotográfica que apuntaba hacia arriba. Un botón rojo ¿Qué debía hacer? ¿sería peligroso? Qué mas daba, me rendí a la evidencia de que un botón rojo sin instrucciones es siempre una clara e ineludible invitación a ser pulsado, sean cuales sean las consecuencias, aunque estás sean la detonación de un arma nuclear. En cuanto lo pulsé algo se encendió en su interior, lo tiré instintivamente por si estallaba, pero para mi sorpresa una Lantanique aún más insinuante de lo normal y descocada como nunca imaginé apareció sentada junto a mi cama, mirándome, señalando su anatomía, pidiendo guerra y diciéndome todo lo que había soñado que algún día me diría y a lo que me invitaría.

De un salto quise hacerla mía, sin pararme a pensar, sin importarme que era sólo un holograma, pero antes de salir de la cama aullé de dolor al tiempo que me daba cuenta que algunos puntos ya no estaban en su sitio.


Holograma femenino que he puesto en vez del de Lantanique para no tener un chocopunto. El auténtico hace aullar y puede poner en estado licantrópico incluso a un imberbe boy scout.


Cuando salí del siguiente desmayo tenía nuevos puntos, una bolsa de hielo y alguien había tapado la máquina holográfica con mis amarronados calzoncillos de diario. La nota que acompañaba el “regalo” estaba sobre la mesita de noche, la cogí y leí lo siguiente:

”Supongo que estarrá leyendo esta nota trras su primer encuentrro con mi rregalo hologrráfico, Herr Espau-Gyl. Supe de su herrida en combate y no me rresistí a mandarrle este rregalo de última tecnología que le harrá más agradable su rrecuperación. La GestapoeRepublik no le olvida, y su amigo Hans menos.”

Hans estaba detrás de todo esto, como no. Lo peor era ver lo bien que me conocía, porque mientras arrugaba la nota y la tiraba bien lejos no pude vencer la tentación de alargar la mano y volver a pulsar el botón para contemplar de nuevo a la Lantanique holográfica que me enseñaba más que nunca su anatomía y me invitaba a alimentarme de ella, textualmente.


Desde la certeza de que el dolor y la recuperación será larga mientras siga funcionando el regalo envenenado de Hans, se despide este convaleciente Corresponsal.

  

Espaugyl

martes, 10 de abril de 2012

Crónica sobre el Séptimo Arte y sus Consecuencias Legales


Día 1598 de eRepublik



Una semana llevo hábilmente camuflado como vendedor de DVDs piratas frente a El Bar. Una semana oculto para no caer en manos de Hans, el Admin de la GestapoeRepublik que no pierde oportunidad para intentar suministrarme su particular visión antinatura de un chocopunto (en anteriores Crónicas se explican mis vicisitudes y mi continua lucha por mantenerme heterosexualmente alejado de los insanos apetitos de Hans). Pero ya no aguanto más, el betún de la cara y las manos ha comenzado a cuartearse, no se me da bien recoger la manta con los DVDs y salir corriendo cuando llegan las Fuerzas del Orden Antipiratería (yo los hacía en las partes grises de la costa del eIndico pero al parecer hay muchos conceptos de piratería) y, sobre todo, no aguanto más sin entrar en El Bar, vislumbrando sus delicias en la distancia, teniendo que desayunar bollería industrial (que no son dos buenas hembras dándose el lote en una fábrica, malpensados)… así que me lié metafóricamente la manta a la cabeza, la de los DVDs, me quité el betún, y aparecí una mañana con mi grisáceo-verdoso color de piel habitual para desayunar como eDios manda en El Bar, lo más cercano al Paraíso que jamás estaré.


Servidor, agachado y de espaldas, disfrazado una semana cual vendedor de DVDs piratas para no caer en manos de Hans y sus desviados instintos.


Cuando me senté en mi taburete, el que ya tiene la forma de mi persona, el que se acomoda a mis glúteos incluso mejor que los calzoncillos que me puse hace unos meses y que algún día me tendré que quitar como el papel de una magdalena, aún tardé unos minutos en darme cuenta de que no todos los peligros son los evidentes. Hans no estaba por allí, menos mal, pero los avatares de la guerra, sobre todo con un frente tan cambiante, estaban por todas partes. El Bar volvía a estar afectado por todo ello y eso jamás se lo perdonaré ni a los ebrasileños ni a los humanos con los que se alían. ¿A qué me refiero? Pues a algo tan sencillo como quedar horrorizado cuando pedí mi desayuno: un café con leche y un mollete con aceite y jamón (los de Despeñaperros para arriba informaos de lo que es un mollete, una pieza de pan deliciosa para tostar, y disfrutadla en cuanto tengáis ocasión). Lo que me pusieron en lugar de lo que pedí… lo que hicieron con mi desayuno… lo que quisieron convencerme para que tomase… no tiene nombre.


Mi desayuno, el que toma un español de bien, un patriota...

…y esta es la mierda brasileña que me quisieron colar: Andalucía volvía a estar en manos de eBrasil y yo no me había enterado.


Con una mezcla de indignación y de querer pasar desapercibido, hice de tripas corazón y me bebí de un golpe la caipiriña y otras cinco más para disimular mejor. Los plátanos se los devolví educadamente al camarero, tan sólo indicándole con bonitos gestos el lugar por donde se los podía meter, e hice el ademán como de ir a pagar para ganar tiempo e irme, porque por aquel engendro de desayuno no pensaba desprenderme de mis paupérrimos ahorros, que lo del gold usano ya era tan sólo un dilapidado recuerdo. En eso estaba cuando oí una sosegada voz, la de un individuo que estaba sentado a mi lado, y que en un principio no reconocí sin su túnica azafrán ni estar levitando a una cuarta del suelo.

-Espaugyl, no mires en mi dirección, sigue con lo que estabas haciendo y escúchame.

-Pues me disponía a salvaguardar mis ahorros con una acción evasiva, así que buenos días, que ahora el camarero está de espaldas- le contesté al desconocido, que cada vez me resultaba menos desconocido, al tiempo que me levantaba del taburete.

-¡Siéntate drugo!- me dijo entre dientes revelándome su identidad con su peculiar forma de llamarme.

-¿Avutardo?- pregunté.

-Sí, soy yo, disimula y escúchame. He convocado desde el Ministerio de Cultura un concurso para mayor Gloria de Aruch y de su Mesías Superi. Se puede participar en forma audiovisual o escrita y hay sustanciosos premios, incluso un dorado Oscar que puede hacerte olvidar la pobreza si lo fundes y lo conviertes en bonitos lingotes. Estoy recorriendo eEspaña para animar a la participación, y cuando digo eEspaña hablo también de las zonas ocupadas. Date por enterado, me tengo que ir, creo que me vigilan, además llevo ya seis plátanos y dos caipiriñas y tengo que irme a vomitar al Ministerio. Espero tu respuesta.


Sin opción a contestarle se levantó, dejó algo de dinero en la barra y desapareció por la puerta agarrándose el estómago. Aún pensando en lo que acababa de oír no perdí el tiempo, cogí el dinero de Avutardo de su desayuno, me lo eché al bolsillo y salí también por la puerta aprovechando que el camarero seguía de espaldas.


Lo del concurso me atraía, para qué negarlo, podía ser dinero caído del cielo, porque lo que es el negocio armamentístico, bajo la dirección de Lantanique, con la muy rosa y femenina línea primavera-verano que intentaba vender a aguerridos militares de pelo en pecho… pues como que no me estaba siendo rentable, de hecho me extrañaba que aún quedasen muebles y maquinaria sin embargar en la fábrica. Y encima seguía siendo tan receptiva hacia su jefe como una gata siamesa frente a un Pastor Alemán en celo.


Grupo de perroflautas titiriteros contratados por Lantanique en la calle en plena perfomance, o algo parecido, intentado vender los tanques de diseño lantánico de esta temporada… que ruina.


En cuanto llegué a mi casa me puse manos a la obra. La semana como vendedor de DVDs piratas me había convertido en una gran cinéfilo, podía saber si unos pechos eran naturales en las primeras escenas e incluso si al final se casarían tras la orgía (siempre era que no), por lo que me decidí por la sección audiovisual del concurso. Toda la tarde estuve trabajando en mi película, con una gorra para atrás y mi nombre a rotulador en el respaldo de la silla como los buenos directores, porque siempre hay que meterse en el papel. La escasez de presupuesto, es decir, el no tener presupuesto era un hándicap, pero lo que me faltaba de ESP me sobraba en imaginación y desvergüenza, además aún tenía un saco de películas que no había podido vender y podía “reciclar”, por lo que el desánimo no era una opción.


Esta es mi obra, la que ha sido premiada sabiamente, la que me ha proporcionado mi primer Oscar, un Oscar que nunca exhibiré en una vitrina porque hace rato ya que lo fundí y convertí en bonitos lingotes de oro. Vedla con un simple clic sobre la siguiente imagen y me contáis, y hacedlo rápido porque me comunican que, por algún extraño motivo, cierto bufete de abogados de Bombay quiere ponerse en contacto conmigo para retirar y quemar mi magna obra.


Dos minutos y pico del mejor cine del eMundo con un solo clic en la imagen. Dona algo al autor a modo de entrada y para sufragar gastos de abogados… me va a hacer falta.


Bufete de abogados “Bombay-Nueva Delhi Lawyers al Por Mayor Asociated” de camino a mi casa para explicarme entre todos algo acerca de los derechos de autor y la política de romper piernas para los que plagian a Bollywood.


Desde Andalucía, escondido bajo la cama mientras aporrea la puerta un grupo de abogados que maldicen en sanscrito, se despide este Corresponsal.



Espaugyl


jueves, 5 de abril de 2012

Crónica sobre Acosos y Descubrimientos Idiomáticos


Día 1.590 de eRepublik



Es muy desagradable despertar con sabor a tabaco en la boca, sobre todo cuando no hablo de mero aliento sino de desperezarme masticando colillas de varias marcas y sabores, desde el mentolado más asexuado a un varonil tabaco negro. Así amanecí bajo un taburete en El Bar, despertando cuando lo barrían y aprovechaban mi babeante boca abierta, entre ronquido y ronquido, para deshacerse de lo barrido, pero es lo normal si has pasado la última semana dilapidando alcohólicamente el patriótico botín que le incauté a un inocente diplomático usano, un diplomático que probablemente ahora esté destinado como portero de noche en una embajada de eEEUU en algún ignoto país aún en gris en el mapa del eMundo… no hace falta que os diga que en mi Crónica anterior se explica todo.


Con un bostezo digno de una anaconda con las mandíbulas desencajadas para tragarse un cabritillo me reincorporé a la eSociedad. Escupí un par de filtros de tabaco rubio, dos palillos de dientes y tres huesos de aceitunas, me senté en el taburete que me había dado cobijo las últimas noches, me miré en el acero inoxidable del botellero de enfrente, me peiné con los dedos, me lavé la cara con una servilleta de papel y algo de saliva y puse mi último lingote de oro sobre la barra para pedir atención y un buen desayuno de mi tierra, de mi Andalucía ya en eEspaña de nuevo.


Mínima parte de lo que me saqué semimasticado de la boca cuando desperté resacoso en El Bar


-Por favor- dije a modo de llamada al camarero que aún barría con indiferencia- póngame un café negro como los testículos de un grillo caído en un pozo de petróleo y una tostada de pan de campo de no menos de dos dedos de grosor y una superficie equivalente al hocico de un mulo de buen tamaño, y no se olvide del aceite de oliva y el ajo. Hoy me reincorporo al eMundo y quiero hacerlo por etapas: primero con energía alimenticia de baja intensidad y ya después hablaremos de otros combustibles basados en el etanol y el jamón.


Mientras desayunaba intenté poner algo de orden en mi retumbante cabeza, en la que más que pensamientos había imágenes difusas e inconexas de los últimos días. Recordaba haber maldecido en varios idiomas cuando desperté hace unos días entre el bullicio de personas que hablaban de regiones liberadas y elecciones, pero aquello lo pude solucionar con un par de whiskys y un rincón oscuro para volver a conciliar el sueño. Recordaba haberme vuelto a despertar en un tanque, de los diseñados para mi ruina por Lantanique, a la que no le puedo negar nada, ya que ciertos abultamientos que padezco por debajo de mi cinturón en su presencia me confirman que soy un romántico empedernido. Recordaba también estar de vuelta en El Bar, probablemente por teletransportación etílica, pues está demostrado que cuando se bebe en exceso la mente tiene ese poder y que la ciencia constata que es frecuente recordar haber estado en alguna parte sin saber cómo se ha llegado allí. Pero lo último que recordaba con claridad era despertar con el desagradable soniquete de los habituales vendedores de votos en las elecciones… por lo que deduje que de alguna forma había país, regiones y congreso: Es increíble lo mucho que uno puede ayudar a la patria incautando gold usano para que no lo empleen en tanques… soy un héroe anónimo, lo sé, pero así somos los héroes anónimos.


La rutina electoral me había despertado días atrás, sólo podía significar que ya había Congreso y que las importaciones de café aumentarían de forma exponencial en las próximas semanas.


-Herr Espau-Gyl, queda detenido- oí que decía a mis espaldas una voz sumamente conocida sacándome de mi ensimismamiento.

-Y esta vez por qué- pregunté cansado, sin volverme, sin intentar disimular mi identidad, resacoso y harto de que Hans y sus Admins me tuvieran siempre presente en sus oraciones al innombrable.

-Porr lo de siemprre, Herr Espau-Gyl, por no doblegarse al bien común de eRepublik, por confabularr a favorr de eBulgarria, el enemigo de nuestros amigos.

-¿Cómo dice?- pregunté fascinado volviéndome para encararme con el ambiguo e impertérrito Hans- ¿eBulgaria?

-No disimule Herr Espau-Gyl, la denuncia que tengo aquí es muy clarra- me contestó sacando del bolsillo de su abrigo de cuero negro un documento de aspecto oficial que comenzó a leer.- “Se orrdena la detención inmediata del habitual Espaugyl porr sus inclinaciones reiterradas a incumplirr las norrmas del eMundo, esta vez por querrer, según palabrras textuales de las grrabaciones hechas en secrreto en el stand de la última Ferria de Arrmamentos, que su empleada Lantanique le enseñase el búlgarro, idioma de un país enemigo de las buenas costumbrres, de la gente de bien turrca y de TEDEN en generral”.


Estupefacto comencé a recordar y, haciendo una cabriola mental , me retrotraje incluso a mi lejana juventud, cuando creí la propaganda extranjera, cuando machacaban que había que aprender idiomas para ser alguien en la vida, pero afortunadamente maduré y comprendí que eso lo decían quienes no sabían español, que era el idioma que debía aprenderse en el extranjero. Recordé lo único que aprendí en mi primer y único día en la Escuela de Idiomas y rememoré lo que en verdad dije en el stand donde los Admins habían grabado mis peticiones a Lantanique… comprendí que todo era fruto de lo de siempre, de que los Admins no saben español, pero es imposible hacerles rectificar una vez que cogen carrerilla.


La primera y única lección que aprendí en mi único día en la Escuela de Idiomas y que explicaba el nuevo equívoco de Hans para detenerme.


Señoritas a escasos centímetros de tela para enseñarme el “búlgaro”, que probablemente fue lo que solicité a Lantanique y está provocando que los Admins, sin conocimientos de español, piensen en detenerme por colaboración con eBulgaria.

-Lleva usted razón sin duda- me resigné aparentemente ante lo leído sabiendo que cualquier intento de razonamiento era inútil- es usted un Admin ejemplar, siempre sabe cuál es su deber y no ceja en su empeño por velar por las normas, además veo que incluso su superior, el Gran Halesius ha venido a admirar su buen proceder- dije señalando la puerta a sus espaldas consiguiendo que un babeante y algo excitado Hans se volviese sumiso creyendo a pies juntillas lo que decía.


Cuando Hans comprendió que había sido engañado para que me diese la espalda ya era tarde, con todas mis fuerzas le descargué con mi último lingote de gold usano un golpe en la cabeza que puede que lo haya convertido incluso en heterosexual. Los testigos aún discuten si cuando Hans tocó el suelo yo estaba a tres o a cuatro kilómetros de distancia, pero lo cierto es que incluso con resaca soy capaz de esprintar hasta dejar en ridículo a un Ferrari.


Desde Andalucía, escondido como viene siendo habitual, se despide este Corresponsal no sin antes solicitarle a su empleada Lantanique que se ponga en contacto con él para hacer realidad la malinterpretación de la denuncia de marras.

  

Espaugyl